Pompa real y Eurovisión en el Te Deum Prelude de Charpentier
Entre bastidores
Te Deum in D major, H. 146: I. Prelude

Hola, soy Charpentier y hoy te voy a contar la historia que hay detrás de mi Te Deum Prelude. Aquí vas a enterarte de cómo una partitura que escribí para celebrar victorias militares en París pasó siglos olvidada hasta redescubrirse en 1953. Si además quieres aprender a reconocer nuestras piezas en cuanto empiezan a sonar, mis colegas compositores y yo te invitamos a ponerte a prueba con el entrenamiento de esta página.
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Un músico de iglesia con pluriempleo real
Entre 1688 y 1698 trabajé en París como maestro de música en la iglesia jesuita de Saint-Louis, que era el lugar donde estrenaba mis obras más solemnes. Por aquella misma época también me ganaba la vida dándole clases de composición a Philippe d'Orleans, el sobrino del mismísimo rey Louis XIV. Tener a un alumno de sangre real ayudaba bastante a pagar las facturas, aunque te aseguro que corregir los deberes del sobrino del rey requería bastante más tacto que afinar un violín. Fue justo en esos años tan ajetreados cuando me senté a escribir la obra a la que pertenece este famoso preludio.Celebrando a cañonazos musicales
En aquellos tiempos Francia estaba metida de lleno en la Guerra de los Nueve Años, y cada vez que ganábamos una batalla importante tocaba organizar una misa de acción de gracias por todo lo alto. Nadie sabe con total seguridad para qué festejo exacto compuse esta pieza, porque en los archivos de la época no quedó apuntada la fecha del estreno. La mayoría de los historiadores cree que la escribí hacia 1691 o 1692 y que sonó para celebrar nuestra victoria en la batalla de Steenkerque en agosto de 1692, aunque algunos piensan en las fiestas por el Tratado de Turín de 1696. Tampoco quedó escrito quién llevó la batuta aquel primer día, pero como el encargado de dirigir mi música en Saint-Louis era yo, puedes apostarte algo a que estuve allí en medio marcando el compás.Mi receta para sonar a victoria
Para que la celebración estuviera a la altura del triunfo, decidí escribir la obra en la tonalidad de re mayor. En mi propio tratado de teoría musical, al que llamé Regles de composition, dejé anotado que esta tonalidad suena alegre y muy guerrera. Es el equivalente musical a ponerse el traje de gala con todas las medallas brillantes antes de salir al balcón. Por eso encajaba tan bien cuando había que darle las gracias a Dios pero dejando claro de paso que nuestro ejército acababa de ganar.El único con permiso para hacer ruido
A lo largo de mi vida llegué a conservar cuatro versiones distintas de este mismo himno religioso, pero casi todas son bastante más comedidas. Esta versión en concreto, que hoy lleva el código H. 146 gracias al catálogo que publicó el musicólogo estadounidense Hugh Wiley Hitchcock en 1982, es la única de las cuatro a la que le puse trompetas y timbales. Meter tambores y metales dentro de una iglesia tenía su miga, porque al menor descuido aquello podía sonar más a cuartel que a capilla. Sin embargo, ese toque marcial era justo lo que hacía falta para que mi Te Deum Prelude arrancara con tanta fuerza desde el primer compás.Los cantantes pueden esperar sentados
Mucha gente que escucha hoy esta pieza suelta piensa que toda la obra es puramente para instrumentos de principio a fin. Lo cierto es que mi Te Deum Prelude es solo el número inicial de un gran motete en latín que dura unos veinticinco minutos y tiene diez secciones más. Para el resto de la obra reuní a ocho cantantes solistas y a un coro mixto completo, acompañados de flautas, oboes, cuerdas y bajo continuo. En este primer movimiento los cantantes se limitan a carraspear en silencio mientras la orquesta les prepara el terreno con una buena marcha.Una marcha que sabe volver a casa
Construí toda esta introducción siguiendo el esquema de una Marche en rondeau en compás de dos tiempos, que era una forma muy nuestra de organizar la música en Francia. La idea consiste en presentar un tema principal muy solemne y luego ir intercalando pequeñas secciones distintas para que el oído descanse del brillo de los metales. Es un poco como cuando en una cena familiar hay alguien que lleva la voz cantante, deja hablar un momento a los demás por educación y enseguida vuelve a tomar la palabra. Gracias a ese juego de contrastes, cada vez que regresan la trompeta y los timbales te da la sensación de estar escuchando algo nuevo y familiar al mismo tiempo.No me confundas con el vecino
Durante mucho tiempo corrió el rumor equivocado de que esta melodía tan pegadiza la había escrito mi contemporáneo y rival Jean-Baptiste Lully. Es verdad que él también compuso su propio himno unos años antes, en 1677, pero el suyo y el mío no tienen nada que ver. Que le atribuyan a otro tu melodía más conocida da tanta rabia como cocinar el plato estrella de la noche y que feliciten al que solo trajo el pan. Por suerte mi manuscrito original seguía bien guardado en París para demostrar que cada nota había salido de mi pluma.Doscientos cincuenta años en un cajón
Yo tenía la costumbre de copiar mis obras a mano en grandes cuadernos, y este preludio quedó en el volumen diez, cuaderno sesenta y dos, de mis Meslanges autographes. Después de que yo muriera en 1704, aquellos papeles pasaron siglos durmiendo el sueño de los justos en lo que hoy es la Bibliotheque nationale de France en París. Nadie les hizo mucho caso hasta que en 1953 el musicólogo francés Carl de Nys encontró mi partitura y decidió devolverla a la vida. Aquel mismo año el director Louis Martini hizo la primera grabación moderna para el sello Erato con la Orchestre de Chambre des Concerts Pasdeloup y la Chorale des Jeunesses Musicales de France.De la iglesia a la antena de televisión
Poco después de aquel redescubrimiento, en 1954, la Unión Europea de Radiodifusión buscaba una música oficial para abrir sus retransmisiones internacionales. Le encargaron un arreglo de mis primeros ocho compases a Guy Lambert y lo estrenaron en directo el seis de junio de 1954 desde la Fete des Narcisses en Montreux. Tres años más tarde, en 1957, Walter Kolneder preparó en Viena la primera edición impresa moderna de mi partitura para la editorial Universal Edition. No está nada mal para un compositor del siglo XVII pasar en apenas cuatro años del polvo de una biblioteca a sonar en millones de salones europeos.Mi fama en el siglo veinte
Desde entonces mi música ha servido para anunciar grandes citas en directo como el concierto de Año Nuevo desde Viena o el famoso festival de la canción. De hecho, se ha vuelto tan popular que medio mundo conoce hoy mi Te Deum Prelude simplemente como el himno de Eurovisión. A veces la gente hasta se cree que lo compuso algún publicista moderno expresamente como sintonía para la televisión. A mí me hace bastante gracia pensar que escribí una marcha solemne para rezar tras una batalla y ahora sirve para poner nerviosos a los cantantes antes de las votaciones.---
¿Te ha gustado descubrir la historia que se esconde detrás de mi Te Deum Prelude? Más allá de cómo nació, todavía te quedan unos cuantos rincones de mi Te Deum Prelude por conocer. Si te apetece seguir curioseando en mi Te Deum Prelude, echa un vistazo a los enlaces que tienes aquí mismo.
