Una noche tranquila con el Nocturne in E flat major de Chopin
Entre bastidores
Nocturne in E-flat major, Op. 9 No. 2

Soy Chopin, y me hace mucha ilusión contarte la historia de mi Nocturne in E flat major. Verás cómo una melodía tan sencilla que parece cantada llegó a ser, con los años, una de las piezas más queridas de todo mi repertorio. En esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras nada más oírlas, así que prueba el entrenamiento cuando quieras.
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Un nombre de lavadora
El título completo de esta pieza es Nocturne in E flat major, Op. 9 No. 2, y reconozco que suena más a modelo de electrodoméstico que a música para soñar. El Op. 9 es el conjunto al que pertenece, y yo soy el segundo de sus tres nocturnos. Los otros dos son el primero, en si bemol menor y con un Larghetto, y el tercero, en si mayor y con un Allegretto. El mío ocupa el lugar del medio con un Andante, ni lento del todo ni con prisa, justo en el término medio.Una familia con antecedentes
Yo no inventé esto de cero, y mi nocturno se parece sobre todo a los más sencillos de John Field. Si conoces a ese compositor, notarás la misma idea: una mano izquierda que acompaña con suavidad y una mano derecha que canta. Lo que intenté fue quedarme con esa sencillez y darle un poco más de corazón. Además, el Op. 9 fue el primer conjunto de nocturnos que publiqué, así que me jugaba algo más que un buen rato de piano.La fecha, un pequeño misterio
Si me preguntas en qué año lo compuse, te daré una respuesta de lo más honesta: las fuentes no se ponen de acuerdo. Unas hablan de 1830 a 1831, otras de 1830 a 1832 y otras de 1831 a 1832, de modo que mejor lo dejamos en «por esos años». Yo nací en 1810, así que la cuenta sale por unos veinte años, o eso es lo que se cuenta. Me gusta pensar que lo escribí con esa edad en la que uno cree que lo sabe casi todo y, en el fondo, todavía está aprendiendo a decirlo bien.Leipzig se queda con el papel
Cuando llegó la hora de imprimirlo, la edición de Kistner, en Leipzig, apareció en 1833. Alguna fuente habla de 1832, otra vez la misma historia con las fechas, y prefiero no discutir con ninguna. Lo importante es que, con esa edición, la pieza dejó de ser cosa de mis manos y mi piano y pudo viajar de casa en casa. Yo no sabía entonces hasta dónde llegaría, aunque algo me decía que la melodía tenía buenas piernas.Una dedicatoria con dos nombres
Todo el conjunto está dedicado a Madame Pleyel, y aquí tengo que contarte un detalle curioso. Una fuente la llama Marie Pleyel y otra, Camille Pleyel, así que no seré yo quien resuelva el enredo. Lo que sí está claro es que la dedicatoria era para Madame Pleyel. Es una forma elegante de decir «esto es para ti» sin tener que escribir una carta de tres páginas.La estructura, sin que se note
Aunque a ti te parezca que la melodía fluye sola, por debajo hay un plan bastante ordenado. La forma va así: A, A, B, A, B, A, y para terminar, una coda. Es como pasear por una casa en la que vuelves una y otra vez al salón, pero cada vez lo ves con una luz distinta. Eso explica que nunca te canses de esa melodía, aunque la oigas muchas veces seguidas.Un compás sin reloj
Casi al final, en el penúltimo compás, escribí senza tempo, que significa «sin tempo». Con eso le digo al pianista que suelte el reloj y deje que la música respire a su manera. Allí aparece una breve cadenza, que es como un último suspiro lleno de notas que van y vienen. Después llegan unos acordes tranquilos en la tonalidad de casa, y la pieza se queda quieta como quien cierra una puerta sin hacer ruido.Mi pieza más conocida, y no lo planeé
Mucha gente considera este nocturno la pieza más famosa que escribí, y desde luego es una de las más queridas. A mí me hace gracia, porque entre todo lo que compuse no es precisamente lo más complicado. Quizá por eso funciona: no hace falta saber nada de música para sentir que alguien te habla bajito al oído. Si después de oírlo te quedas con ganas de más, tienes dos nocturnos hermanos esperando en el mismo Op. 9.---
Y hasta aquí llega la historia de mi Nocturne in E flat major. ¿Te ha gustado conocer lo que hay detrás de esta pieza? Yo la escribí siendo joven, y todavía me sorprende que una melodía tan sencilla haya llegado tan lejos y le haya hablado a tanta gente. Quizá lo que más me gusta es que, aun estando en tono mayor, conserva ese punto de melancolía que no se va del todo, como una sonrisa un poco pensativa. Pero todavía queda mucho por descubrir de este nocturno. Puedes fijarte en cómo cambia la melodía cada vez que regresa, en ese final tan suave que parece apagarse sin ruido o en lo que lo distingue de los otros dos nocturnos de mi Op. 9. Haz clic en los enlaces que tienes aquí para seguir explorando la pieza a tu aire. Y cuando vuelvas a escucharla, déjate llevar: te prometo que siempre se oye algo nuevo.
