Un violín en reflexión con la Meditation from Thais de Massenet
Entre bastidores

Méditation from Thaïs

Massenet cuenta lo que hay entre bastidores de Meditation from Thais
Hola, soy Massenet y hoy quiero contarte la historia detrás de mi Meditation from Thais. Aquí vas a descubrir cómo una ópera que escribí a medida para mi gran musa estadounidense acabó dándome mi página para violín más famosa del mundo. Si te apetece ir un paso más allá,  entra en el entrenamiento  de esta página, donde junto a otros compositores te enseño a reconocer nuestras piezas al escucharlas.
---

Una musa de más allá del océano

Todo empezó porque quería escribir una nueva ópera a la medida de Sibyl Sanderson, mi gran amiga y musa estadounidense. Ya había compuesto para ella el papel principal de Esclarmonde en 1889 y sabía que su voz podía con cualquier reto que le pusiera por delante. Cuando tienes a una cantante así de cerca, escribir una ópera entera para que se luzca es casi una obligación moral. Por eso me puse a buscar una historia que tuviera tanto dramatismo como belleza para volver a subirla al escenario.

Del libro al libreto

La solución la encontré en una novela publicada en 1890 por Anatole France, que mi libretista Louis Gallet transformó en un texto estupendo en francés. La trama nos lleva al Egipto del siglo IV y sigue a Thaïs, una cortesana de Alejandría, en su encuentro con un monje cenobita llamado Athanaël. Él intenta convencerla de que deje su vida de lujos para convertirse al cristianismo, lo que da pie a un choque de mundos fascinante. Me pareció el material perfecto para una ópera en tres actos donde las pasiones humanas y la fe anduvieran siempre a la greña.

Entre la cátedra y el campo

Me puse manos a la obra entre 1892 y 1893, en una época en la que mi agenda echaba humo tras los estrenos de mi ópera Werther en Viena y París. Además, por aquel entonces yo era profesor de composición en el Conservatorio de París, un puesto que ocupé desde 1878 hasta 1896. Para avanzar con la partitura, repartí el trabajo entre el bullicio de París y la tranquilidad de Égreville, que siempre viene bien cambiar de aires para aclarar las ideas. Al final puse la última nota en París en octubre de 1893 y, como hacía con todas mis óperas, la dejé sin número de opus.

Cuando sobran las palabras

El momento clave de toda la historia llega en el segundo acto, justo entre la primera y la segunda escena, tras una discusión tremenda entre Thaïs y Athanaël. En ese instante ella pasa la noche reflexionando en silencio y decide cambiar de vida, algo que ningún diálogo cantado podía explicar sin estropear el misterio. Así que escribí un intermezzo sinfónico llamado simplemente Méditation para que fueran los instrumentos los que hablaran por ella. Al fin y al cabo, cuando alguien está dando un giro total a su existencia, lo más prudente es callarse y dejar que suene un buen violín.

Voces escondidas entre bastidores

Mucha gente piensa hoy que compuse la Meditation from Thais como una pieza suelta para violín y piano, pero la versión original de la ópera tiene bastante más miga. Para empezar, escribí la parte principal para un violín solista acompañado por toda la orquesta, incluidas las arpas. Además, guardé un pequeño truco teatral para cuando regresa la melodía principal tras la parte más agitada del centro. En ese preciso momento hice que se sumara un coro cantando sin palabras desde detrás del escenario, creando un ambiente que parece de otro mundo.

Un tirante muy oportuno

El estreno tuvo lugar el 16 de marzo de 1894 en la Opéra Garnier de París, con Paul Taffanel llevando la batuta y Jean-François Delmas en el papel de Athanaël. Aquella primera noche dio muchísimo que hablar, y no solo por mi música, sino por un pequeño incidente con el vestuario de Sibyl Sanderson. Se cuenta que durante el primer acto se le rompió o se le resbaló un tirante del vestido, dejándola al descubierto delante de todo el teatro. Nadie sabe a ciencia cierta si fue un accidente de verdad o un truco publicitario muy bien pensado, pero te aseguro que en París no se habló de otra cosa.

Críticos con el ceño fruncido

Vestidos aparte, la ópera tuvo un recibimiento desigual por parte de la crítica de la época, que no sabía muy bien qué hacer con aquella historia. A unos cuantos les chocó bastante que mezclara temas religiosos y erotismo en el mismo plato, algo que siempre hace arquear alguna ceja. Sin embargo, mientras algunos debatían sobre la moralidad de la trama, el intermezzo del segundo acto conquistó al público desde el primer minuto. Tanto me importaba esta obra que seguí dándole vueltas y en abril de 1898 presenté una versión revisada de la ópera en la misma Opéra Garnier.

Del teatro al salón de casa

El éxito de aquel fragmento instrumental fue tan inmediato que mi editor en París, Heugel & Cie, vio enseguida que ahí había un filón. En ese mismo año de 1894, además de imprimir la partitura de la ópera, publicaron un arreglo de la pieza pensado solo para violín y piano. De preparar esa versión se encargó el violinista belga Martin-Pierre Marsick, que supo condensar toda la atmósfera teatral para que cupiera en cualquier sala de conciertos. Gracias a eso, mi música salió de las paredes de la ópera y empezó a viajar por todo el mundo a una velocidad de vértigo.

La reina de las propinas

Con el paso del tiempo, aquella pausa espiritual que imaginé para mi protagonista se convirtió en una de las propinas más famosas de todo el repertorio de violín. Para un compositor es un orgullo enorme saber que gigantes del instrumento como Fritz Kreisler, Jascha Heifetz o Itzhak Perlman la han grabado dejando su propia huella. También me alegra que artistas más cercanos a tus días, como Joshua Bell y Anne-Sophie Mutter, sigan tocándola con tanto cariño en los escenarios. Parece que ningún gran violinista puede resistirse a hacer cantar a su instrumento con esa melodía en re mayor.

Flautas, violonchelos y patines de hielo

Como la melodía se presta tan bien a lucirse, otros músicos no tardaron en pedirla prestada y hoy existen muchísimos arreglos para violonchelo, flauta y otros instrumentos solistas. Lo curioso es que la gente a veces lee el título y cree que va sobre meditación oriental o que sirve de música de fondo para echarse la siesta. Incluso ha llegado a las pistas de hielo, donde campeonas olímpicas de patinaje artístico como Yuna Kim la han usado para sus rutinas de competición. No está nada mal para unos minutos de música que escribí simplemente para que una cortesana de Alejandría pudiera pensar en paz entre escena y escena.
---
¿Qué te ha parecido conocer la historia que hay detrás de mi Meditation from Thais? Todavía quedan varios detalles de mi Meditation from Thais por descubrir, empezando por lo que ocurre dentro de la propia música. Si te apetece seguir explorando mi Meditation from Thais, solo tienes que hacer clic en los enlaces que tienes aquí mismo.