Volantes por los aires con el Can-Can (from Orpheus in the Underworld) de Offenbach
Entre bastidores

Galop infernal

Offenbach cuenta lo que hay entre bastidores de Can-Can (from Orpheus in the Underworld)
Soy Jacques Offenbach, y esta es la historia detrás del Can-Can, la pieza de Orpheus in the Underworld. Aquí vas a saber cómo una burla de los dioses griegos, escrita para un teatro diminuto de París, terminó convertida en la música que todo el mundo asocia con el cancán. Si quieres aprender a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, mis colegas de composición y yo te esperamos en esta web:  prueba el entrenamiento .
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Un alemán que se hizo parisino

Yo nací en Colonia en 1819, pero fue en París donde me hice un nombre con la música. Cuando estrené Orpheus in the Underworld tenía 39 años, una edad en la que ya sabes bastante bien lo que te hace reír. Mi idea era sencilla: escribir música que divirtiera de verdad a la gente, sin ponerse solemne. Y de esa idea salió, casi sin que yo lo buscara, la melodía que hoy conoce medio mundo.

Un teatro del tamaño de una sala de estar

Mi compañía abrió en 1855 en un local pequeño de los Campos Elíseos, donde no cabían más de 300 personas. Allí no había sitio para grandes orquestas ni para decorados enormes, así que todo dependía de que la música tuviera gracia. Aprendí a hacer mucho con muy poco, y esa costumbre me vino de maravilla para lo que llegaría después. Piensa en un bar diminuto que de pronto se convierte en el sitio de moda de toda la ciudad.

Por fin me dejan llenar el escenario

En 1858 se levantaron las limitaciones que decían cuántos intérpretes podía poner yo en escena. Eso me permitió escribir mi primera opereta de duración completa, con veinte papeles principales. Para quien venía de obras cortitas, aquello era como mudarse de un estudio a una casa con jardín. Y sí, me apresuré a llenar cada rincón de la casa.

Una noche de octubre

El estreno fue el 21 de octubre de 1858 en el Théâtre des Bouffes-Parisiens, que era mi propio teatro. Yo llamé a la obra opéra bouffon, que quiere decir, más o menos, una ópera que no se toma en serio a sí misma. Los libretistas fueron Hector Crémieux y Ludovic Halévy, aunque Halévy colaboró sin que su nombre apareciera y en 1858 el libreto se atribuyó solo a Crémieux. Entre los tres preparamos una función en la que los dioses del Olimpo quedaban bastante mal parados.

Mi pequeña venganza mitológica

La obra es una burla de la leyenda de Orfeo y Eurídice, una historia que muchos trataban con una seriedad casi religiosa. Se cuenta que yo tenía ganas de desquitarme de tanta pose mitológica como había tenido que soportar en la Comédie-Française. Así que tomé a los héroes y los dioses antiguos y los bajé de su pedestal con una sonrisa. Reírse de lo que todos veneran siempre ha sido una forma muy eficaz de que el público te escuche.

El escándalo, mi mejor publicidad

El crítico Jules Janin atacó la obra por irreverente y hasta por blasfema. Lo que él quería era espantar al público, pero consiguió justo lo contrario: la polémica hizo que la gente acudiera en masa. La primera tanda llegó a 228 funciones, en una época en la que con cien noches se hablaba de un éxito. Le debo a Janin más entradas vendidas que a muchos de mis amigos.

Dioses con aire de corte imperial

Mucha gente vio en el comportamiento de aquellos dioses una sátira disimulada de la corte de Napoleón III. Aun así, el emperador asistió con gusto a una función de gala en 1860. Ese mismo año, a comienzos de 1860, él mismo me concedió la ciudadanía francesa. No está nada mal que te perdonen una broma y además te hagan francés.

Galop infernal, que así se llama de verdad

El título formal de esta pieza es Galop infernal, y lo de Can-Can es un nombre que le llegó después. El galop es en realidad otro tipo de baile, de modo que la unión con el can-can nació más tarde, por costumbre popular. Y si en la función de 1858 se bailó o no un can-can, nadie lo sabe con certeza. Lo que sí es seguro es que hoy se considera la música de can-can más famosa de todas.

La obertura que no es mía

Si te suena una obertura muy célebre de esta obra, tengo que confesarte que no la escribí yo. La arregló Carl Binder para la producción de Viena de 1860. Es de esas cosas que se cuentan poco, pero que conviene dejar claras para dar a cada uno lo suyo. Mi parte más conocida sigue siendo ese galop que cierra el segundo acto.

Hasta las tortugas lo bailan

Saint-Saëns citó mi Galop infernal en «Tortugas», el número IV de El carnaval de los animales. Allí las cuerdas lo tocan con un paso lento y cansino, como si las tortugas quisieran bailar mi galop y no llegaran nunca. Esa obra de Saint-Saëns se interpretó en privado en 1886 y no se oyó en público hasta 1922. Fíjate qué viaje: una melodía que nació para correr acabó haciendo reír en versión a cámara lenta.
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Cuando miro atrás, me hace sonreír pensar que una melodía escrita para un teatro tan pequeño haya llegado tan lejos. Yo solo quería que el público saliera de la sala de buen humor, y el Can-Can de Orpheus in the Underworld lo consiguió mucho más allá de lo que imaginé. Hasta Saint-Saëns se acordó de él en El carnaval de los animales, donde lo toca con una lentitud tan cansada que parece cosa de tortugas. ¿Te ha gustado descubrir la historia que hay detrás del Can-Can? Todavía quedan muchas cosas por explorar en esta pieza, como su forma de sonar, sus distintas versiones y la vida que ha tenido después de mí. Si te apetece seguir, pulsa en los enlaces de esta página y acompáñame un poco más por el mundo del Can-Can.