Volantes por los aires con el Can-Can (from Orpheus in the Underworld) de Offenbach
La guía de escucha
Galop infernal

Me llamo Jacques Offenbach y te recibo en la guía de escucha del Can-Can, de Orpheus in the Underworld. Aquí vas a descubrir qué tiene este galop del final del segundo acto para que el público de 1858 llenara el teatro durante 228 funciones. Si quieres reconocer esta música nada más oírla, pásate por el entrenamiento : en esta web los demás compositores y yo te enseñamos a hacerlo con nuestras piezas.
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Cómo escuchar sin necesitar diploma
Te propongo escuchar el Can-Can como quien mira una carrera sin conocer a los corredores: fíjate solo en quién va por delante en cada momento. Las cuerdas llevan casi siempre el empuje, con un arco veloz que no se detiene ni un segundo. Sobre ellas asoman la flauta y el flautín con destellos agudos, los clarinetes con un sonido más redondo, y las cornetas y el trombón cuando hace falta un golpe de efecto. Los timbales y la percusión marcan el paso, y cuando suenan fuerte sabes que la fiesta ya no tiene vuelta atrás.Un título con dos nombres y un toque de azufre
Yo lo titulé Galop infernal, porque el galop es un baile rápido y esta música acompaña el desmadre del mundo subterráneo de mi ópera. El nombre de Can-Can llegó mucho más tarde, y en rigor el galop es una clase de baile distinta del cancán. Si en el estreno de 1858 hubo cancán sobre el escenario, nadie lo sabe con certeza, y la unión de la melodía con ese baile fue una costumbre posterior. Aun así hoy es la música de cancán más famosa que existe, y a mí, que solo quería burlarme de los dioses, me parece un destino de lo más divertido.Una carrera con paradas
La forma de esta música es la de un galop, y tampoco quería otra, porque lo mío era correr. Un galop reúne melodías cortas y pegadizas que se suceden y regresan, en La mayor, la misma tonalidad de otros dos números de ese segundo acto. Aquí te las presento solo por encima, porque en los párrafos siguientes voy a recorrer cada sección una por una. Te adelanto que son cuatro y que entre ellas cambia sobre todo el ánimo y la energía, porque el paso siempre es rápido.Sección 1: El telón sube y nadie ha pedido permiso
Empiezo con un arranque breve y enérgico que sirve de aviso: lo que viene va deprisa. La música se asienta en La mayor, una tonalidad luminosa que da brillo a todo el conjunto. El ánimo es de expectación, la de quien nota que algo grande está a punto de empezar. Todavía puedes quedarte quieto en la silla, aunque te lo aconsejo con poca convicción.Sección 2: La melodía que ya conocías sin saberlo
Enseguida llega el tema famoso: las cuerdas corren sin descanso y el resto de la orquesta responde con acentos secos y alegres. Seguro que te suena de algún sitio aunque no sepas de dónde, y ahí está buena parte de su gracia. Años después Saint-Saëns la citó en «Tortugas», de El carnaval de los animales, con las cuerdas tocándola a un paso lento y arrastrado. Escucha las dos versiones una detrás de otra y verás la misma melodía, una con ganas de bailar y otra con ganas de dormir la siesta.Sección 3: Los instrumentos juegan a no soltar la pelota
Aquí el ánimo se vuelve travieso, porque los instrumentos se pasan la melodía de unos a otros como si jugaran a que no se les caiga. Las flautas y los clarinetes la adornan por arriba mientras las cuerdas siguen empujando por debajo, y el color cambia cada pocos compases. La mayor es la tonalidad que domina, así que lo que cambia aquí es sobre todo la luz y el color de la música. Si quieres jugar, intenta seguir con el oído solo a los vientos y verás cómo todo suena distinto.Sección 4: Frenazo con fuegos artificiales
Hacia el final aprieto todavía más: sube la intensidad, los metales y la percusión se suman a la carrera y la música apenas te deja respirar. Con este remolino pongo punto final al segundo acto, y quería que el público saliera con las piernas inquietas. El crítico Jules Janin me acusó de irreverente y blasfemo, y la polémica atrajo a tanta gente que aquella primera tanda llegó a 228 funciones, cuando con cien ya se brindaba. Así tuve el público más fiel que podía pedir: el que iba a escandalizarse y acababa volviendo.Pulsa el botón y suéltate
Ahora te invito a que vivas el Can-Can por ti mismo: dale al play y deja que la música te lleve. Mientras suena, ten presente lo que hemos hablado: quién va por delante en cada momento y cómo sube la energía de sección en sección. Si te descubres moviendo el pie sin darte cuenta, es buena señal. Ojalá disfrutes recorriendo mi Can-Can tanto como lo disfruté yo al crearlo.---
Hasta aquí llega mi guía del Can-Can, y me quedo con la curiosidad de saber si has disfrutado descubriéndola. ¿Te ha gustado conocer cómo se escucha esta pieza de Orpheus in the Underworld? Yo la escribí para hacer reír, y me alegra pensar que ahora la oyes con otros oídos, atento a quién lleva la melodía y a cómo se va encendiendo todo. Aun así, el Can-Can guarda todavía muchos rincones por explorar. Cada vez que lo escuches puedes fijarte en algo distinto, ya sea el empuje de las cuerdas, los destellos de la flauta o ese final que no te deja respirar. Si te apetece seguir descubriendo esta música, haz clic en los enlaces que tienes a tu alcance y continúa el viaje. Y cuando vuelvas a oír esa melodía en cualquier sitio, espero que sonrías, porque sabrás de dónde viene.
