Patadón infernal y escándalo con el Can-Can (from Orpheus in the Underworld) de Offenbach
Entre bastidores

Galop infernal

Offenbach cuenta lo que hay entre bastidores de Can-Can (from Orpheus in the Underworld)
¡Aúpa, peña, que soy Offenbach y esto es la historia del Can-Can, el de Orpheus in the Underworld, una movida flipante! Te cuento cómo el crítico Jules Janin la puso a parir por irreverente y blasfema, y el pollo que montó llenó la sala a rebosar, ¡de locos, tío! Ojo, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que  pírate al entrenamiento  y pruébalo, crack, ¡venga!
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Un alemán en París, flipa

¡Mira, colega, que yo nací en Colonia en 1819 y acabé en París hecho un parisino de pura cepa, qué movida! Con 39 añazos, tronco, estrené la ópera de la que sale el Can-Can, o sea, que no era ningún chavalín, ¿eh? Y a ver, la peña se cree que un compositor es un señor con peluca y cara de estreñido, pero qué va, anda ya. Yo era un currante de la música con ganas de montar jaleo, y el jaleo me salió de locos.

Mi garito era un cuchitril

¡Pues nada, sabes?, que mi compañía abrió en julio de 1855 en un local diminuto de los Campos Elíseos, mazo de chiquitín! Ahí cabían trescientas personas como mucho, tío, y encima apretujás como sardinas en lata. Imagínate al público pisándose los pies y a mí en plan "venga, que cabe uno más", ¡qué rollo tan guay! Con ese chiringuito me las apañé pa' ir tirando, illo, y de ahí salió todo lo gordo.

Me soltaron la correa

¡Hostia, tronco, que en 1858 quitaron los topes de cuántos bichos podías subir al escenario! Y yo, que andaba con ganas de petarlo, me lancé a mi primera opereta larga, con veinte papeles principales, ¡veinte, flipas! Antes tenías cuatro gatos en las tablas y de repente aquello parecía la verbena de un barrio entero. Pues nada, quillo, me puse las botas y monté el fiestón que me daba la gana.

Mi venganza, bien fresquita

¡Atento, colega, que esa ópera es una guasa bestial con el mito de Orfeo y Eurídice! Se dice que yo venía rayao de aguantar tanto postureo mitológico en la Comédie-Française, tipo "ay, qué solemnes somos", ¡un peñazo de aúpa! Así que cogí a los dioses del Olimpo y los puse a hacer el ganso, en plan colegas de botellón. ¿Venganza? Brutal, tío, y con música pegadiza pa' remate, ¡de locos!

Noche de estreno, nervios a tope

Fue el 21 de octubre de 1858, tronco, en mi teatrillo de los Bouffes-Parisiens, ¡qué noche, madre mía! Yo andaba con los nervios a flor de piel, ¿sabes?, que una noche de estreno nunca se sabe cómo acaba. La orquesta era pequeñita, unos treinta músicos, pero sonaban a lo bestia, ¡a ver quién dice que el tamaño mola! Total, que aquello arrancó y yo, flipao, a ver adónde nos llevaba.

Un crítico se pone chungo

¡Joder, illo, que llegó Jules Janin y la tomó conmigo diciendo que aquello era una falta de respeto y una blasfemia! Pensé "vale, me han machacao", pero qué va, tronco, justo lo contrario, ¡menuda jugada! Con tanto cacareo la peña se picó, o sea, que todo quisque quería ver qué era tan escandaloso. Gracias, Janin, crack, que me llenaste el teatro sin soltar ni un euro, ¡mazo de publicidad gratis!

Los dioses se parecían a alguien

¡Ojo, colega, que mucha peña vio en aquellos dioses una pulla a la corte de Napoleón III, tal cual! Y el Emperador, lejos de rayarse, vino a una función de gala en 1860, ¡qué peazo de arte tenía el tío! Ese mismo 1860, a principios, el propio Napoleón III me dio la nacionalidad francesa, ¡flipante, de verdad! Yo, un alemán de Colonia, de repente francés de pleno derecho, pues nada, a brindar, ¡venga!

Cifras de locos, quillo

¡Atiza, que aquello duró 228 funciones, tronco, y con cien noches ya se tocaba el cielo! O sea, que le saqué más del doble al listón del éxito, ¡pa' que luego digan que lo clásico es un tostón! La taquilla echaba humo, la peña salía tarareando y yo en plan "dabuten, esto marcha", ¿sabes? Más tarde, en 1874, la versión nueva se fue a 290 funciones en el Théâtre de la Gaîté, ¡una pasada, colega!

El galope, el remate del festival

¡Vamos al lío, tío!, el Galop infernal cierra el segundo acto de la versión de 1858, que era la de dos actos, ¡como un petardazo final! Va en la mayor, o sea, el La de toda la vida, y comparte tonalidad con otros dos números del acto, la canción del rey de Beocia y "J'ai vu le Dieu Bacchus", ¡menudo trío, flipas! En la versión de 1874, la de cuatro actos, ese galope se me fue al acto cuarto, ¡cambiazo de los chungos! Es un tema que va a toda pastilla, sin frenos, tipo carrera de dioses locos, ¡y yo encantao, tronco!

Lo que no es y lo que no es mío

¡Un momento, colega, que el galope no nació como can-can, ni de coña, que eso fue una asociación posterior de la peña! El galope es otro tipo de baile distinto, así que el tinglao del can-can se lo montó la gente después, ¡qué cosas, illo! Y ojo, que la famosa obertura de esa ópera tampoco es mía, qué va, la arregló Carl Binder para la versión de Viena de 1860, ¡no me cuelgues medallas ajenas, anda ya! Aun así, mi galope sigue petándolo, tronco, ¡y eso sí que es mío, hostia!
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¡Hostia, tronco, que ya llegamos al final de la movida y yo con el corazón a mil, flipando! ¿Te ha molao el rollo de cómo nació el Can-Can (from Orpheus in the Underworld), colega, o qué? Mira que lo mío fueron 228 funciones en 1858, cuando con cien ya eras un crack total, ¡de locos, illo! Y el Emperador mismo se vino a una función en 1860, ¡con lo chungo que me lo habían puesto los críticos, tío! Anda que no queda tela por destripar del Can-Can (from Orpheus in the Underworld), peña, que esto es la puntita del iceberg y mazo de cosas flipantes se quedan en el tintero. Así que dale caña a los enlaces de aquí abajo, tronco, y sigue rascando, que te lo vas a pasar dabuten. Venga, pírate a curiosear, colega, que yo te espero con el Galop infernal a toa leche, ¡y a bailar se ha dicho!