Antonín Dvořák
Compositor

1841 – 1904

Retrato de Dvořák
Soy Antonín Dvořák, un compositor bohemio que nació en Nelahozeves en 1841 y que sigue encantado de que quieras conocerme. Voy a contarte la historia de mi vida, con sus comienzos humildes, sus viajes y la música que fue naciendo por el camino. En esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que  pruébalo en el entrenamiento  cuando quieras.
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De la carnicería al órgano

Nací en 1841 en Nelahozeves, un pueblo de Bohemia, en una casa donde se hablaba más de carne y de cerveza que de partituras. Mi padre, František, llevaba la carnicería y la posada, y además tocaba la cítara de manera profesional, así que la música se me coló en la vida entre un pedido y otro. En el otoño de 1857 me fui a Praga para estudiar en la escuela de órgano. Terminé en julio de 1859 con un oficio en la mano y muy pocas ganas de volver a cortar chuletas.

Una viola, una beca y un empujón de Brahms

Desde más o menos 1862 toqué la viola durante unos nueve años en orquestas de teatro de Praga, que es una forma muy práctica de aprender cómo funciona una orquesta desde dentro. En 1873 me casé con Anna Čermáková, y dos años después gané una beca del Estado. Esa beca llegó a oídos de Johannes Brahms, que me recomendó al editor Fritz Simrock, y a partir de ahí las puertas empezaron a abrirse solas. Con las Danzas eslavas de 1878 mi nombre salió por fin de Bohemia y empezó a viajar por Europa sin pedirme permiso.

Dos ciudades y un pueblo de Iowa

Praga fue mi casa durante buena parte de mi vida, y en 1891 acepté ser profesor en su Conservatorio. Poco después me llegó una oferta desde muy lejos: dirigir el Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, donde estuve dos años y medio a partir del curso 1892/93. En el verano de 1893 me fui a Spillville, en Iowa, y allí escribí el Cuarteto de cuerda n.º 12 «Americano» y el Quinteto de cuerda n.º 3 en mi bemol mayor. Pasar de las calles de Praga a una ciudad como Nueva York fue como cambiar una taberna tranquila por una estación a la hora punta.

Una sinfonía con tres números

Lo que más se conoce de mí es la Symphony No 9 «From the New World», que se estrenó en el Carnegie Hall de Nueva York el 16 de diciembre de 1893, con la Filarmónica de Nueva York dirigida por Anton Seidl. A veces suena como si trajera ecos de músicas americanas, pero los temas son todos míos, y te aseguro que no tomé prestada ninguna melodía. El movimiento lento tiene una melodía tan serena que en 1922 mi alumno William Arms Fisher le puso letra y la convirtió en «Goin' Home». Y una curiosidad: primero se publicó como la número 5, después se la llamó número 8 y al final quedó como número 9, así que esta sinfonía ha cambiado de número como quien cambia de portal.

Mi debilidad con ruedas

Mi gran manía, desde siempre, fueron los trenes. No era un capricho pasajero, porque me duró toda la vida. Cualquiera pensaría que un músico debería interesarse por cosas más delicadas, pero a mí me tiraban las locomotoras. Y bien pensado tiene su lógica, porque un tren y una sinfonía necesitan lo mismo: orden, ritmo y mucha fuerza para ponerse en marcha.

Los últimos compases

Entre noviembre de 1894 y febrero de 1895 escribí el Concierto para violonchelo en si menor, que se estrenó en Londres el 19 de marzo de 1896 con Leo Stern como solista y conmigo dirigiendo. El 31 de marzo de 1901 se estrenó en Praga mi ópera Rusalka, una historia de agua y de amores imposibles que me hacía mucha ilusión. Ese mismo año, en noviembre, pasé a ser director del Conservatorio de Praga. Morí el 1 de mayo de 1904, con 62 años, después de una vida en la que no me faltó la música.

Un hijo de carnicero que llegó lejos

Lo que más me alegra es que mi música saliera de Bohemia y no se quedara quieta. Las Danzas eslavas empezaron ese viaje en 1878, y la Symphony No 9 «From the New World» lo llevó hasta una sala de Nueva York. Su melodía lenta acabó convertida en una canción, «Goin' Home», que sigue su camino con otras palabras y sin que yo tuviera que escribirlas. Creo que demostré que el hijo de un carnicero de un pueblo de Bohemia puede escribir música que se escuche muy lejos de casa.

Lo que quiero regalarte

No necesitas saber nada de música para escucharme, y de hecho prefiero que vengas sin ninguna idea previa. Quiero que notes en mis melodías el aire de los pueblos, los caminos y los campos que yo llevaba dentro. Si alguna te hace sentir nostalgia de un sitio en el que quizá nunca has estado, entonces he cumplido mi trabajo. Ponte cómodo, deja que suene y, si te apetece, imagina que viajas en tren mientras escuchas.
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¿Te ha gustado conocer un poco mejor mi vida, desde aquel pueblo de Bohemia hasta los años en que crucé el océano? Si quieres seguir acercándote a mí, puedes explorar en esta web una de mis obras: la Symphony No 9. Haz clic en los enlaces de aquí abajo y entra en esa música; ojalá te suene a un lugar nuevo y, a la vez, familiar.
Symphony No 9
Symphony No. 9 in E minor, Op. 95 ("From the New World")