Gustav Holst
Compositor

1874 – 1934

Retrato de Holst
Soy Gustav Holst, compositor inglés nacido en Cheltenham, y me alegra mucho que hayas llegado hasta aquí. Voy a contarte la historia de mi vida, con sus alegrías, sus dificultades y toda la música que la llenó. En esta web mis compañeros compositores y yo también te enseñamos a reconocer mis obras en cuanto suenan, así que  prueba el entrenamiento  cuando quieras.
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Un trombón y un brazo con mala suerte

Nací en Cheltenham, Inglaterra, el 21 de septiembre de 1874, con el nombre de Gustavus Theodore von Holst, que es un nombre largo para un niño tan pequeño. Mis padres eran Adolph von Holst y Clara Cox Lediard, y yo fui al Cheltenham Grammar School entre 1886 y 1891. Quería ser pianista, pero una neuritis en el brazo derecho acabó con ese sueño, así que me pasé al trombón y toqué como profesional. Después estudié composición en el Royal College of Music con Charles Villiers Stanford, y entonces entendí que lo mío era escribir música más que tocarla.

Doscientas cincuenta personas y un pase de prueba

Mi gran momento llegó casi sin avisar, el 29 de septiembre de 1918, en el Queen's Hall de Londres. Adrian Boult dirigió The Planets ante unas 250 personas invitadas, y aquello fue más un pase privado, organizado con poco tiempo, que un estreno de verdad. El estreno público completo llegó el 15 de noviembre de 1920, con la London Symphony Orchestra y Albert Coates, y a partir de ahí la obra echó a andar sola. Yo, que llevaba años trabajando sin que nadie se fijara demasiado, me encontré de pronto con un público que quería escuchar más.

Un compositor repartido entre aulas y pueblos

Mi vida no transcurrió en una corte con lacayos y candelabros, sino entre aulas y ensayos de Londres. Desde 1905 fui director de música del St Paul's Girls' School, y lo seguí siendo hasta el final de mi vida, y entre 1907 y 1924 dirigí además la música del Morley College. Mi otro rincón favorito era Thaxted, donde empecé el festival de Pentecostés en 1916 y viví de 1917 a 1925. Allí aprendí que la música no es solo cosa de grandes salas, porque un coro de aficionados con ganas puede emocionar tanto como una orquesta famosa.

Siete planetas y ninguna lección de astronomía

Mi obra más conocida es The Planets, que escribí entre 1914 y 1916. Mucha gente cree que son retratos de dioses de la mitología, pero yo me inspiré en el carácter que la astrología atribuye a cada planeta y los llamé una serie de cuadros de estados de ánimo. Por eso en ellos hay de todo, desde una marcha que avanza con paso amenazante hasta una melodía amplia y solemne que casi parece un himno. Si nunca has escuchado música clásica, es una buena puerta de entrada, porque cada pieza te dice enseguida qué sentimiento quiere contarte.

Un apellido que sonaba a extranjero

Mi apellido siempre me trajo una pequeña confusión, porque con ese «von» delante muchos me tomaban por alemán. La historia que contó mi hija Imogen es que un antepasado lo tomó prestado de un primo segundo con honores del emperador alemán, para atraer alumnos de piano. En septiembre de 1918 decidí quitármelo por escritura oficial, y me quedé simplemente con Holst. Mi amigo Vaughan Williams lo resumió citando H.M.S. Pinafore, al decir que yo seguía siendo inglés, y tenía toda la razón.

Una despedida tranquila

En 1932 Harvard me ofreció dar clases durante los seis primeros meses del año, y acepté con gusto, porque ya había dado clases y dirigido en la Universidad de Míchigan. Mi salud, sin embargo, ya no era la de antes, y tuve que pasar por una operación de úlcera. Morí en Londres el 25 de mayo de 1934, a los 59 años, de un fallo cardíaco que llegó después de aquella operación. Mis cenizas descansan en la catedral de Chichester.

Lo que dejé en los demás

Michael Tippett me sucedió como director de música en el Morley College, y eso me alegra, porque la enseñanza siempre fue para mí tan importante como componer. Vaughan Williams llegó a decir que yo había sido la mayor influencia en su música, y no sé qué elogio podría gustarme más. En 2000 Colin Matthews escribió Pluto, the Renewer, como octavo movimiento de The Planets, y se tocó por primera vez en Mánchester con Kent Nagano, aunque yo nunca lo compuse, porque Plutón no se descubrió hasta 1930. En 2009 se inauguró además un monumento en mi memoria en la catedral de Chichester, y todavía me cuesta creer que alguien se acuerde tanto de mí.

Lo que quiero regalarte

No quiero que escuches mi música con un manual en la mano, sino con la curiosidad de quien abre una puerta sin saber qué hay detrás. Si una pieza te inquieta, déjala inquietarte, y si otra te calma, aprovéchala, porque para eso la escribí. Ponte unos auriculares, elige un movimiento de The Planets y fíjate en qué estado de ánimo te deja. ¿Cuál será el primero que te atrape?
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¿Te ha gustado conocer un poco mejor mi vida, desde aquellos primeros años en Cheltenham hasta mis últimos días en Londres? Si te has quedado con ganas de más, en esta web puedes explorar una de mis obras, The Planets, que escribí entre 1914 y 1916 y que sigo sintiendo como un retrato de estados de ánimo. Haz clic en los enlaces que encontrarás justo debajo y entra en ella con calma, como quien se asoma a una noche despejada.
The Planets
The Planets, Op. 32