Jazz de etiqueta con la Rhapsody in Blue de Gershwin
Los mejores momentos

Rhapsody in Blue

Gershwin presenta los mejores momentos de Rhapsody in Blue
Soy George Gershwin, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi Rhapsody in Blue. Vas a escuchar los pasajes que más brillan de una obra que estrené al piano en 1924, con parte del solo improvisada, así que nadie sabe cómo sonó exactamente aquella noche. Si te apetece,  prueba el entrenamiento : en esta web mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más oírlas.
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Un clarinete que se desperezó

Yo no planeé lo primero que oyes en la Rhapsody in Blue, y aun así es lo que todo el mundo recuerda: un clarinete que sube deslizándose, como si se estirara después de una siesta larga. Aquello nació como un truco de calentamiento del clarinetista Ross Gorman durante un ensayo, y cuando lo oí le pedí que lo conservara.

Donde la ciudad por fin se sienta

Cuando yo llego a la parte central, la música se instala en torno a do mayor y se vuelve más cantable y relajada, como quien deja atrás una calle llena de bocinas y encuentra un banco libre. Los críticos han dicho muchas veces que la forma de la obra es libre, y Leonard Bernstein, que admiraba la pieza, opinaba que se podían cambiar de sitio o recortar sus secciones sin que pasara nada grave.

Un final que se perdió en el aire

Yo termino la obra en el mismo lugar donde la empecé, en si bemol mayor, con el piano y la orquesta cerrando juntos un final amplio y luminoso. En el estreno, el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall de Nueva York, no tenía escrita entera mi parte de piano y improvisé algunos pasajes, así que lo que sonó exactamente aquella noche se lo llevó la sala.
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Cuando pienso en la Rhapsody in Blue, me quedo con una idea que me hace sonreír: ni yo mismo sé con exactitud qué se tocó la noche del estreno. Era 1924, estábamos en el Aeolian Hall de Nueva York, y yo no había dejado escrita del todo mi parte de piano, así que improvisé algunos pasajes sobre la marcha. Aquella versión se perdió en el aire, y quizá por eso la obra sigue sonando como algo que puede cambiar cada vez que alguien se sienta al piano. Para mí ahí está buena parte de su encanto: es una música que nunca termina de quedarse quieta. ¿Qué tal te lo has pasado descubriendo los mejores momentos de la Rhapsody in Blue? Ojalá te hayan dado ganas de volver a escucharla con calma, atento a los detalles que antes se te escapaban. Y todavía queda mucho por explorar. Puedes conocer mejor el trabajo de Ferde Grofé con la orquestación, la reacción de los críticos de entonces o los lugares donde la obra ha acabado sonando con los años. Si te apetece seguir, pulsa en los enlaces que tienes a continuación y continúa tu paseo por la Rhapsody in Blue. Yo te espero en la próxima nota.

Grabación: Paul Whiteman Orchestra with George Gershwin, piano, Public domain