Jazz de etiqueta con la Rhapsody in Blue de Gershwin
La guía de escucha

Rhapsody in Blue

Gershwin presenta una guía de escucha de Rhapsody in Blue
Soy George Gershwin, y te doy la bienvenida a la guía de escucha de mi Rhapsody in Blue. Vas a descubrir qué escuchar en una obra que sonó en 1924 casi al final de un programa de 26 números, y cómo seguirla sin perderte. Cuando quieras comprobar cuánto has aprendido,  pasa por el entrenamiento , donde mis colegas de composición y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan.
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Cómo escuchar sin miedo a las partituras

Si nunca has escuchado música clásica, te propongo una sola regla: sigue el piano como si fuera la persona más charlatana de una fiesta y fíjate en cómo le contesta la orquesta. La Rhapsody in Blue es una pieza de un solo movimiento para piano solo y orquesta, y el piano alterna entre contar sus historias y escuchar lo que le replican los demás. En la versión de 1924 esos demás suenan a banda de jazz, con saxofones, trompetas, trombones y hasta un banjo, y por eso tiene ese aire tan suelto y tan de ciudad. Eso sí, la orquestación no la hice yo, sino Ferde Grofé, que vistió mis ideas con ese traje de banda, así que cuando algo te guste de cómo suena, apúntale a él también una parte del mérito.

Por qué mi rapsodia se vistió de azul

Mientras trabajaba en ella la llamaba American Rhapsody, un nombre correcto al que le faltaba color. Fue Ira Gershwin quien propuso Rhapsody in Blue, y en cuanto lo oí supe que ese título le sentaba mejor que ningún otro. La palabra rapsodia me servía porque habla de una pieza libre, que cambia de humor cuando le apetece y no se obliga a repetir un molde. Y el azul, como prefieras, es el del blues o el de una gran ciudad de noche.

Una forma que no cabe en ningún cajón

Esta obra no se parece a esos moldes clásicos donde todo vuelve a su sitio como los cubiertos en el cajón de la cocina. Los críticos suelen decir que su forma es libre, y tienen razón: los temas se suceden como en una conversación larga, que empieza y termina en si bemol mayor y tiene una parte central que gira en torno a do mayor. Para que no te pierdas, la recorremos por tramos, en el orden en que suenan. Vamos a verlos uno a uno, y comprobarás que, aunque la forma sea suelta, la historia se sostiene de principio a fin.

Sección 1: Se levanta el telón y nadie pidió silencio

Empiezo en si bemol mayor, con ese clarinete que sube y te hace sentarte derecho en la silla, y la música arranca con el aire de quien llega tarde sin ningún apuro. Enseguida entran los demás instrumentos con temas descarados y juguetones, con ritmos que tropiezan a propósito. Después aparece el piano, primero con aplomo y luego con ganas de lucirse, y el ambiente pasa de la presentación a la charla animada. Fíjate en que aquí domina la alegría y el descaro, y todavía no hay ni rastro de la parte tierna que llegará más adelante.

Sección 2: Conversación con mucho que contar

En el siguiente tramo la música se vuelve inquieta, y el piano y la orquesta se pasan los temas de uno a otro como si nadie quisiera quedarse mucho rato con la palabra. El ritmo cambia de marcha varias veces, unas veces rápido y vivo, otras más pausado y con un aire de blues. También cambia el ánimo, y pasas de sonreír a sentir un poco de nostalgia en cuestión de segundos. Es la parte donde mejor se nota que mi rapsodia es libre y se deja llevar por lo que le pide cada momento.

Sección 3: Se acaba la prisa y empieza el suspiro

En el centro de la obra el aire cambia por completo: la música gira en torno a do mayor y se vuelve ancha, cálida y cantable. Aparece una melodía larga y suave, cantada con calidez, de esas que acabas tarareando en la ducha sin darte cuenta. El ritmo se relaja, los saltos de humor desaparecen y el piano deja de presumir para acompañar con delicadeza. Si solo pudieras quedarte con un momento de la pieza, yo te recomendaría este, porque es donde mejor se oye el corazón de la obra.

Sección 4: Vuelta a casa y a aplaudir

Después de ese remanso la energía regresa poco a poco, con el piano y la banda recuperando el descaro del principio, y el final me devuelve a si bemol mayor, la tonalidad de la que había salido. Es como volver a casa después de un viaje largo, con la cabeza llena de lo que has visto por el camino. En el estreno, en el Aeolian Hall de Nueva York en 1924, este final cerraba un programa larguísimo: mi obra era la penúltima de veintiséis, justo antes de la Pomp and Circumstance March No 1 de Elgar. El público respondió con fuerza, aunque los críticos se dividieron: Olin Downes alabó su originalidad, mientras que Lawrence Gilman la tachó de derivada.

Dale al play y que empiece la fiesta

Ahora te invito a que vivas la Rhapsody in Blue por tu cuenta. Pulsa el botón de reproducir y déjate llevar por la música sin prisa. Mientras suena, quizá te venga bien recordar lo que hemos hablado: la conversación del piano con la banda, el azul del título y el remanso en do mayor. ¡Ojalá disfrutes del viaje por mi Rhapsody in Blue tanto como lo disfruté yo al crearla!
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Hasta aquí llega mi guía para escuchar la Rhapsody in Blue, y me quedo con una duda: ¿has disfrutado conociéndola tanto como yo disfruto contándotela? Ahora que la has recorrido con calma, quizá te des cuenta de que esta música no se agota en una sola escucha. Cada vez que vuelves a ella, el piano, el clarinete del principio y la orquesta te dicen algo un poco distinto. Todavía quedan muchos aspectos de la Rhapsody in Blue por explorar, desde las historias que rodean su estreno hasta las distintas versiones que se han tocado con los años. Si te ha picado la curiosidad, haz clic en los enlaces que tienes a tu disposición y sigue descubriendo la obra a tu ritmo. Ojalá la próxima vez que la oigas sientas que ya es una vieja conocida, de esas que siempre tienen algo nuevo que contarte.