Un final a medias con el Requiem de Mozart
Los mejores momentos
Requiem in D minor, K. 626

Soy Mozart, y lo que vas a escuchar aquí son los mejores momentos de mi Requiem. Recorrerás los pasajes más intensos del Requiem hasta llegar al Lacrimosa, donde mi manuscrito se interrumpe tras ocho compases, y merece la pena por ese final tan humano. Si quieres aprender a reconocer una pieza nada más oírla, mis compañeros compositores y yo te ayudamos en esta web, así que entra en el entrenamiento .
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Cómo pedir silencio sin hacer ruido
Yo abro el Requiem con un Adagio en re menor que susurra «Requiem aeternam», es decir, descanso eterno, y lo hace tan despacio y tan bajito que hasta el vecino más madrugador se quedaría callado. Para que sonara oscuro dejé fuera las flautas y los oboes y puse dos cornos de basset y dos fagotes, y es el único movimiento que orquesté entero yo mismo, así que aquí no hay borradores que valgan.
Despertador de última hora
Yo te había arrullado con el descanso eterno y ahora te sacudo con el Dies irae, un Allegro assai en re menor donde el coro y la orquesta parecen haberse enterado de que llega el día del juicio. La orquestación es ardiente y agitada, aunque de este tramo yo solo dejé escritas las voces y la línea del bajo, y fueron otros quienes lo vistieron de orquesta, como quien amuebla una casa cuyos planos ya estaban hechos.
Una frase a medias
Yo escribí los ocho primeros compases del Lacrimosa, el último tramo de la Secuencia, y ahí se detiene mi manuscrito, como una conversación que alguien deja sin terminar. El resto lo completaron otros, y todavía se discute si un boceto de fuga sobre el «Amén», hallado en los años sesenta, iría detrás, de modo que yo, por mi parte, prefiero no opinar.
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Cuando llegas al final del Requiem, queda un silencio muy particular, de los que invitan a quedarse un rato pensando. Yo dejé la pluma en el Lacrimosa, después de ocho compases, y aun así la música siguió su camino en manos de otros. Me gusta pensar que eso dice algo bonito: una obra puede seguir viva mucho después de que quien la empezó ya no esté para terminarla. ¿Has disfrutado descubriendo conmigo los mejores momentos del Requiem? Todavía quedan muchos aspectos por explorar, como el encargo misterioso que me llegó en el verano de 1791, el trabajo de Süssmayr para completar la partitura o el color tan oscuro de los instrumentos que elegí. Haz clic en los enlaces que encontrarás a continuación y sigue explorando el Requiem a tu ritmo. Y la próxima vez que lo escuches, quizá lo oigas con otros oídos.
