Un final a medias con el Requiem de Mozart
Lacrimosa

Requiem in D minor, K. 626

Mozart presenta una guía de escucha de Lacrimosa, de Requiem
Soy Mozart, y ahora voy a explicarte el Lacrimosa, la sección con la que termina la secuencia de mi Requiem. Vas a oír una música hecha de lágrimas, la última que escribí yo antes de que otros la terminaran, y merece la pena porque su dolor se entiende sin saber nada de música. A reconocer una obra cuando suena te enseñamos aquí mis compañeros compositores y yo, así que  anímate con el entrenamiento .
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Instrucciones de uso, sin letra pequeña

Antes de darle al play, te propongo que no busques una melodía concreta y que te dejes llevar por el conjunto, porque el Lacrimosa es sobre todo cosa de voces. Fíjate primero en el coro, que lleva el peso del texto, y en cómo sus voces suben y bajan como un suspiro muy largo. Después baja el oído a las cuerdas, que acompañan desde abajo sin quitarles protagonismo a las voces. Cuando creas que ya lo has captado, escucha otra vez buscando los cornos de basset, los fagotes y los tres trombones, que son los que le dan a la pieza su sombra.

Un título que no necesita subtítulos

Lacrimosa significa algo así como «lloroso», y el nombre viene de las primeras palabras del texto de este último tramo de la Secuencia. Yo no lo elegí por capricho, sino porque el poema medieval del Dies irae termina en un tono de lamento, y me pareció que la música tenía que ponerse a esa altura. Se cuenta que yo creía estar escribiendo este Requiem para mí mismo, pero eso lo contaron Constanze y escritores posteriores, y nadie puede asegurarlo. Sea como fuere, un título así deja claro desde la primera palabra que aquí no se viene a correr, sino a quedarse un rato con la tristeza.

Una forma que no cabe en ningún cajón

Pensé el Lacrimosa como el cierre de la Secuencia. Es la última de las seis partes en que el Requiem pone música al poema medieval del Dies irae, y eso le da un aire de despedida. Aquí solo te adelanto los tramos: mis ocho compases, el trabajo de quienes terminaron la obra y un boceto de Amén que apareció mucho después. Vamos a verlos uno por uno en los próximos párrafos, y te aseguro que la exploración tiene más suspense de lo que parece.

Sección 1: Ocho compases y una pluma que se detiene

Trabajé en el Requiem desde octubre de 1791 hasta que caí en cama el 20 de noviembre, y en el Lacrimosa solo llegué a escribir ocho compases. Ahí se corta mi manuscrito, así que esos compases son lo único del Lacrimosa que salió directamente de mi mano. Lo que notarás en ellos es un ambiente de pena contenida, con las voces entrando poco a poco, como quien intenta no despertar a nadie. Yo morí el 5 de diciembre de 1791 en Viena, y esa interrupción hace que estos pocos compases suenen todavía más humanos.

Sección 2: Un relevo con más de una mano

Mi viuda Constanze se ocupó de que la obra se terminara para poder cobrar el encargo. Joseph Leopold Eybler recibió la partitura el 21 de diciembre de 1791 y orquestó partes desde el Kyrie hasta el Lacrimosa antes de rendirse. Después fue Franz Xaver Süssmayr, mi alumno, quien completó la obra, y por eso lo que oyes a partir de mis ocho compases ya no es de mi mano. Aun así, puedes imaginar hacia dónde quería llevar yo la música, aunque nadie sabe con exactitud hasta dónde llegaban mis intenciones.

Sección 3: Un Amén que llegó con retraso

En los años sesenta del siglo pasado apareció un boceto de una fuga sobre la palabra Amén. Los estudiosos discuten si esa fuga pertenece después del Lacrimosa, y todavía hoy no se ponen de acuerdo. Si algún día la oyes en una versión, fíjate en cómo cambia la sensación: de la queja pasamos a una música hecha de voces que entran una tras otra. Prefiero dejarte con la duda, porque una pieza que no se cierra del todo también tiene algo que contar.

Ahora te toca a ti

Ahora te invito a vivir el Lacrimosa por ti mismo, así que dale al play y no tengas prisa. Déjate envolver por la música y no te preocupes si no reconoces todo a la primera. Mientras suena, quizá te acompañe lo que hemos hablado: las voces, los colores oscuros y esos ocho compases míos. ¡Ojalá este viaje por mi Lacrimosa te emocione tanto como me emocionó a mí escribirlo!
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¿Te ha gustado conocer la guía de escucha del Lacrimosa de mi Requiem? Ojalá la próxima vez que lo oigas notes cómo la música se vuelve más frágil justo donde mi pluma se detuvo. Me gusta pensar que esa interrupción no es un vacío, sino una puerta que otros músicos abrieron con mucho respeto. Mi Requiem tiene todavía muchas cosas por descubrir, desde sus movimientos más luminosos hasta las historias que se han contado a su alrededor, algunas ciertas y otras que conviene dejar a un lado. Haz clic en los enlaces que tienes aquí y sigue explorando el Requiem a tu ritmo. Yo te espero en la siguiente escucha.