Un final a medias con el Requiem de Mozart
Dies Irae

Requiem in D minor, K. 626

Mozart presenta una guía de escucha de Dies Irae, de Requiem
Soy Mozart, y te doy la bienvenida al Dies Irae, el movimiento que voy a explicarte ahora. Vas a escuchar un Allegro assai en re menor de orquestación ardiente y agitada, con el que anuncio el día del juicio, y es un arranque que no deja a nadie indiferente. En esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, y si te apetece intentarlo,  puedes probarlo en el entrenamiento .
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Cómo escuchar una tormenta desde primera fila

Te propongo que escuches el Dies Irae atento a lo que no suena: aquí no hay flautas, ni oboes, ni clarinetes, ni trompas, y por eso todo el color es oscuro. En su lugar tengo dos cornos de basset y dos fagotes, que ponen una voz grave y algo áspera por debajo del coro. Las trompetas y los timbales son los que más golpean, así que fíjate en sus acentos, y los tres trombones le dan a la música un peso de piedra. La orquestación es ardiente y agitada, y la mejor manera de seguirla es mirar qué hacen las cuerdas, que no paran ni para tomar aire.

Un título que no se anda con rodeos

El nombre no lo inventé yo, lo heredé del poema medieval al que pongo música, y sus primeras palabras dan título a este movimiento. Me pareció lo más honrado, porque con una música tan agitada no hacía falta disfrazar nada. Este Dies Irae es la primera de las seis secciones de la Secuencia, y quise que llegara de golpe, justo después del descanso del Introitus. Ese contraste era parte del plan: del Adagio pasamos a un Allegro assai, y el oyente no tiene tiempo de ponerse cómodo.

Un poema en seis escenas

Aquí la forma no sigue un esquema de manual. Preferí seguir el poema, que se reparte en seis secciones: Dies irae, Tuba mirum, Rex tremendae, Recordare, Confutatis y Lacrimosa. Cada una cambia de ánimo como cambia la escena en una obra de teatro, y entre todas cuentan una historia en vez de repetir un esquema. Te las voy a explicar una a una en los próximos párrafos, así que ponte cómodo.

Sección 1: Se abre la puerta de una patada

Empieza el Dies irae propiamente dicho, un Allegro assai en re menor, y no hay ni un compás de cortesía antes de que todo estalle. El coro entra con fuerza y la orquesta responde con un nerviosismo que no da tregua, como un pánico muy bien organizado. Yo dejé esta Secuencia en borrador, con las partes de las voces y la línea del bajo, y otros se ocuparon después de orquestarla. Por eso, cuando la escuches, piensa que el empuje y la urgencia nacen de ese esqueleto que escribí yo.

Sección 2: El aviso con megáfono

En el Tuba mirum la tormenta se aleja un poco y la música se vuelve más solemne, como si alguien pidiera silencio para dar un aviso importante. El ambiente baja de revoluciones, pero la tensión sigue ahí, esperando debajo de cada frase. Es una sección más personal, donde el juicio deja de sonar como un estruendo general y empieza a parecer una pregunta que le toca a cada uno. Si te fijas, notarás que la calma es solo aparente.

Sección 3: Una reverencia con las rodillas temblando

El Rex tremendae es la sección de la majestad: la música se levanta con una grandeza que impone respeto. Las voces afirman con firmeza, como quien se pone de pie al entrar alguien muy poderoso. Pero a mitad de camino el tono cambia, y la solemnidad deja paso a un ruego que se oye casi en voz baja. Ese paso del poder a la súplica es lo más bonito de la sección, así que no lo dejes pasar.

Sección 4: Por fin, un respiro

Después de tanta severidad, el Recordare ablanda el carácter de la música y te deja respirar. Ya no hay gritos, sino una petición íntima, hecha con una melodía que se acerca y te habla de tú a tú. Es el rincón más tierno de la Secuencia, y por eso lo puse justo antes de lo que viene. Disfrútalo con calma, porque la tregua dura poco.

Sección 5: Fuego y consuelo en la misma habitación

El Confutatis pone frente a frente dos mundos que casi no pueden convivir: uno áspero y amenazante, y otro suave y suplicante. Lo agitado vuelve con toda su fuerza, y de pronto, entre las llamas, se oye una voz que pide un poco de paz. Ese vaivén entre el miedo y la esperanza es lo que mueve toda la sección, y lo notarás sin necesidad de entender una sola palabra del texto. Cuando termina, la música queda suspendida, como si hubiera que tomar una decisión importante.

Sección 6: Cuando se me acaba la pluma

El Lacrimosa es un lamento, y es la última sección de la Secuencia, la que cierra el poema con una tristeza muy humana. Yo murí el 5 de diciembre de 1791 en Viena y dejé el Requiem sin terminar, de modo que mi escritura se detiene aquí. Joseph Leopold Eybler orquestó algunas partes y renunció, y al final fue Franz Xaver Süssmayr, mi alumno, quien completó la obra. En los años sesenta del siglo XX apareció un esbozo de una fuga sobre el Amén, y los especialistas aún discuten si debe ir después del Lacrimosa.

Ahora te toca a ti, y sin prisas

Ya conoces el camino, así que te invito a vivir el Dies Irae por tu cuenta. Dale al play y déjate llevar por la música, sin intentar entenderlo todo a la primera. Mientras suena, recuerda lo que hemos hablado: los instrumentos que faltan, los que golpean y las seis escenas del poema. Ojalá disfrutes recorriéndolo tanto como yo disfruté al escribirlo.
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Ya ves que el Dies irae dura poco, pero deja la sensación de haber pasado por una tormenta y haber salido de ella con la cabeza más despejada. Después de un movimiento tan agitado, siempre me gusta pensar que el silencio que llega al final también forma parte de la música. ¿Te ha gustado conocer esta guía de escucha del Dies irae del Requiem? Espero que la próxima vez que oigas ese arranque tan ardiente, lo reconozcas enseguida y notes cosas que antes se te escapaban. Aun así, el Requiem guarda muchos más rincones por descubrir. Hay movimientos de los que apenas hemos hablado, historias de las personas que me rodearon en aquellos meses y detalles de cómo se terminó la obra que merecen una escucha tranquila. Te invito a pulsar en los enlaces que tienes en la página para seguir explorando el Requiem a tu ritmo. Yo me quedo aquí, esperándote con el resto de la música.