Esqueletos a medianoche con la Danse macabre de Saint-Saëns
Los mejores momentos
Danse macabre, Op. 40

Soy Camille Saint-Saëns, y te presento los mejores momentos de mi Danse macabre. Oirás cómo, cuando los muertos bailan sin descanso, un oboe imita el canto del gallo al amanecer y los devuelve de golpe a sus tumbas. En esta web, mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que te animo a probar el entrenamiento cuando quieras.
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Medianoche en punto y sin reloj de pared
Yo abro la obra con el arpa, que toca la misma nota, un re, doce veces seguidas, y es el reloj más pesado que ha visto un cementerio. Luego entra el violín solista con un intervalo áspero llamado tritono, y le bajé la cuerda de mi hasta el mi bemol para que sonara más raro, como el pariente que llega a la fiesta sin que nadie sepa muy bien por qué.
Los huesos tienen mala postura
A mitad del baile dejo que las maderas canten el Dies irae, un canto llano muy antiguo, pero en tono mayor, y suena sorprendentemente alegre para ser música de funeral. Mientras tanto el xilófono hace castañetear los huesos, y en el estreno hubo críticos que me reprocharon haber deformado ese canto, aunque a un esqueleto tampoco se le puede exigir buena postura.
Cuando canta el gallo, se acaba lo que se daba
Yo termino la fiesta con un oboe que imita el canto del gallo, y los muertos vuelven a sus tumbas con más prisa que cualquier invitado vivo a la hora de recoger. Al principio el público no lo recibió bien, pero con los años los violinistas se acostumbraron tanto a esa cuerda bajada a mi bemol que ya no quieren afinarla de otro modo.
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¿Te ha gustado descubrir conmigo los mejores momentos de Danse macabre? Esta obra consigue que el miedo se pueda bailar, y todavía me hace gracia pensar que empezó siendo una canción con piano y acabó convertida en un poema sinfónico entero. Cuando el gallo canta al final y los muertos regresan a sus tumbas, lo que queda es una calma curiosa, como la de una habitación en la que acaba de terminar una fiesta. Quizá por eso la obra te siga rondando un buen rato después de escucharla. Y todavía hay muchas más cosas de Danse macabre por explorar. Puedes fijarte en cómo cambió la obra al pasar por manos de otros músicos, o en lo que pensó el público la noche en que se estrenó, que no fue precisamente lo que yo esperaba. Si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que tienes aquí para seguir explorando Danse macabre. Escúchala otra vez con calma, de noche si puedes, y mira qué detalle nuevo se te escapa entre las campanadas y los huesos.
Grabación: Louis Fourestier, Public domain
