Sin pegar ojo con las Goldberg Variations de Bach
Aria

Goldberg Variations, BWV 988

Bach presenta una guía de escucha de Aria, de Goldberg Variations
Soy Johann Sebastian Bach, y voy a explicarte el Aria, la pieza con la que abro mis Goldberg Variations. Vas a descubrir que, bajo la melodía tan adornada de esta sarabande, camina un bajo de treinta y dos notas, el mismo que sostendrá después las treinta variaciones. Con mis colegas compositores te enseñamos, en esta web, a reconocer nuestras piezas al instante, y hoy mismo puedes  probarlo en el entrenamiento .
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Un clavecín, dos teclados y ni un solo violín

Te lo digo sin rodeos: aquí no hay orquesta, solo un clavecín con dos teclados, que es lo que pide la portada de la edición. Si la escuchas al piano, como se toca casi siempre hoy y como la grabó Glenn Gould en 1955 y otra vez en 1981, no pasa nada, aunque el sonido será más redondo y menos chispeante. Fíjate en dos papeles: la mano derecha canta la melodía llena de adornos, y la izquierda camina por debajo con el bajo, que es lo que de verdad sostiene todo. Escucha primero la melodía como quien sigue a una cantante, y en cuanto te sientas cómodo, intenta quedarte con esos pasos graves de abajo, porque son los protagonistas de todo lo que viene después.

Por qué la llamé Aria

Aria significa canción, y la llamé así porque esta música, aunque no tiene ni una palabra, se comporta como una voz que canta. La melodía se alarga, respira y se adorna como lo haría una soprano en plena ópera, solo que aquí todo ocurre en un teclado. Esta misma música aparece ya en el cuaderno de 1725 que lleva el nombre de Anna Magdalena Bach, así que no la inventé para la ocasión. Por eso, cuando vuelve al final de la obra con el título de Aria da Capo e fine, es como oír otra vez a la misma cantante, pero ahora la escuchas con otros oídos.

Una danza con dos mitades

Empiezo por explicarte de qué está hecha esta pieza. Es una sarabande, una danza lenta en compás de tres tiempos y en sol mayor, que se reparte en dos mitades que se contestan. Para que la sigas bien, yo la dividiría en tres momentos: la salida, el paseo lejos de casa y el regreso. Vamos con ellos uno por uno, que cada cual merece su propio rato.

Sección 1: Salgo de casa sin hacer ruido

La música arranca en sol mayor, con la melodía posándose despacio sobre los tres tiempos del compás y con ese ligero peso en el segundo que es tan propio de una sarabande. El ánimo es sereno, casi solemne, aunque los adornos ponen a cada nota un brillo de encaje. No hay ninguna prisa, y por eso conviene que tú tampoco la tengas. Lo que se instala aquí es la sensación de un paseo tranquilo, con el bajo marcando el camino paso a paso.

Sección 2: Me alejo un poco y me despisto

En la segunda mitad la música se separa de la tonalidad de casa y pasa por colores más inciertos. El ánimo se vuelve algo más pensativo, como cuando vas andando y de pronto te pones a recordar algo. Los adornos siguen ahí, pero ahora parecen buscar el camino de vuelta. Esa pequeña inquietud es justo la que da sentido al regreso que llega enseguida.

Sección 3: Vuelvo a sol mayor y suspiro

Hacia el final la música reencuentra sol mayor, y se nota igual que cuando por fin reconoces la puerta de tu portal. La melodía se aquieta y las últimas notas se posan sin ruido. Pero esa calma tiene truco, porque este aria es la semilla de las treinta variaciones, que siguen su bajo y sus acordes y no su melodía. Por eso, cuando la oigas de nuevo al cierre de la obra, ya sabrás qué se esconde debajo de ese canto.

Ahora te toca a ti

Ahora te invito a que vivas el Aria por tu cuenta: pulsa el botón de reproducir y deja que la música te envuelva. Mientras suena, ten en el oído lo que hemos hablado: la voz de arriba, los pasos de abajo y esas dos mitades que se responden. No hace falta saber nada más para disfrutarla. Ojalá el viaje por mi Aria te emocione tanto como me emocionó a mí cuando la compuse.
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Y hasta aquí llega este recorrido por el Aria de mis Goldberg Variations. ¿Te ha gustado conocer cómo suena y cómo está hecha esta pieza? Yo confío en que ahora, cuando vuelvas a oírla, esos treinta y dos pasos graves del bajo te acompañen un poco más claros que antes. Lo bonito de esta obra es que nunca se agota en una sola escucha, porque el aria vuelve al final y la oyes distinta después de todo el camino recorrido. Aún quedan muchos aspectos de las Goldberg Variations por explorar: los cánones que aparecen cada tres variaciones, la melancolía de la Variation 25 y el aire de fiesta del Quodlibet, por ejemplo. Cada rincón de la obra tiene algo que contar, y no hace falta tener prisa para descubrirlo. Te invito a hacer clic en los enlaces que tienes aquí para seguir explorando las Goldberg Variations a tu ritmo. Escucha con calma, vuelve cuando te apetezca, y deja que la música te lleve de nuevo a casa.