Sin pegar ojo con las Goldberg Variations de Bach
Entre bastidores

Goldberg Variations, BWV 988

Bach cuenta lo que hay entre bastidores de Goldberg Variations
Me llamo Johann Sebastian Bach, y te cuento aquí el origen de mis Goldberg Variations. Vas a saber por qué una obra que yo publiqué como Clavier-Übung lleva hoy el nombre de un joven clavecinista, y cuánto de esa leyenda nadie puede asegurar. Otros compositores y yo te enseñamos en esta web a reconocer nuestras piezas cuando suenan, así que te invito a  entrar en el entrenamiento  y probarlo.
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Un título que yo nunca puse

Aunque hoy todo el mundo las conoce como Goldberg Variations, yo jamás las llamé así. En la edición figuraba el título Clavier-Übung, que era mi manera de decir que aquello era música para teclado pensada para practicar y disfrutar. El nombre con el que se me recuerda sale de una historia que se contó mucho después, y de ella te hablo enseguida. Su nombre completo, si quieres lucirte, es Goldberg Variations, BWV 988.

El conde que no podía dormir (o eso dicen)

Según la historia, el embajador ruso Hermann Karl von Keyserlingk pasaba noches de insomnio y quería música que lo entretuviera. Su clavecinista de cámara, Johann Gottlieb Goldberg, habría tocado para él estas piezas en la habitación de al lado. Quien lo cuenta es Johann Nikolaus Forkel, en un relato de 1802, es decir, muchos años después de mi época. Hoy nadie puede asegurar que fuera así, y los estudiosos la tratan más bien como una bonita leyenda.

Un clavecinista muy joven

Goldberg fue bautizado el 14 de marzo de 1727, de modo que cuando se publicó la obra, en 1741, tenía solo catorce años. Te lo digo porque esa edad hace difícil imaginar a un chico tocando estas piezas ante un conde, y de ahí viene parte de la duda. Eso sí, se cuenta que estudió tanto conmigo como con mi hijo Wilhelm Friedemann, y que servía a Keyserlingk como clavecinista de cámara. Que tocara o no estas variaciones para el conde es algo que nadie sabe, pero su nombre se quedó pegado a ellas para siempre.

Una copa de oro con cien monedas

Forkel añade un detalle que suena a cuento: el conde me habría regalado una copa de oro llena de cien luises de oro. Como solo él lo cuenta, yo prefiero decirte que no lo sé, aunque confieso que la imagen me gusta. A cualquier músico de mi tiempo le habría alegrado recibir semejante propina, y a mí también. Si fue verdad, fue un pago generoso, y si no lo fue, al menos es una anécdota muy bien contada.

Una obra impresa en vida

La obra se publicó en 1741 en Núremberg, de la mano de Balthasar Schmid. No era nada habitual que yo viera mis obras impresas mientras vivía, así que esta edición tiene algo de excepcional. La obra es larga, ordenada y tiene un plan que se puede seguir de principio a fin. Esa arquitectura se nota aunque no sepas leer una sola nota.

Los movimientos, o cómo se sirve un menú largo

Un movimiento es una parte de una obra con su propio principio y su propio final, como cada plato de un menú de varios platos. Aquí, en realidad, no hay movimientos de una suite, sino treinta variaciones sobre un aria, que abre la obra y que vuelve al final con el nombre de Aria da capo e fine. Las variaciones van en diez grupos de tres, la tercera de cada grupo es un canon, y justo en el centro, en la Variation 16, coloco una obertura francesa que sirve de segunda apertura. Más adelante llega la Variation 25, la más larga y sombría, y la Variation 30, el Quodlibet, que cierra la serie antes de que regrese el aria.

Los cánones que suben como una escalera

Un canon es una melodía que otra voz repite un poco más tarde, igual que cuando varias personas cantan la misma canción empezando una detrás de otra. El primero, en la Variation 3, imita desde el mismo sonido, lo que se llama unísono, y cada canon posterior se separa un intervalo más. Así se sube poco a poco hasta la novena, en la Variation 27. El plan pedía otro canon, a la décima, en la Variation 30, pero ahí decidí cambiar de idea y poner algo muy distinto.

Una despedida con canciones populares

Ese final es el Quodlibet, que mezcla varias canciones populares a la vez o una detrás de otra. Yo utilizo dos melodías de la gente, «Kraut und Rüben» e «Ich bin solang nicht bei dir g'west», y las combino con una sonrisa. Nunca anoté de dónde las saqué, así que esa pista se perdió. Después de tanta construcción tan seria, me pareció bonito terminar con algo que sonara a fiesta familiar.

Dos teclados y un pianista famoso

La portada pide un clavecín de dos teclados, y varias variaciones, entre ellas la 8, la 14 y la 28, lo necesitan de verdad. Hoy casi todo el mundo las toca al piano, y a mí no me molesta, porque la música se defiende bien en los dos instrumentos. Glenn Gould la grabó en 1955 y volvió a grabarla en 1981, y las dos versiones se siguen comparando. Tantas décadas después, sigue habiendo gente que compara una con otra con la misma pasión que otros dedican al fútbol.

Mi ejemplar y un hallazgo tardío

El aria ya aparecía en 1725 en el cuaderno de mi esposa Anna Magdalena Bach, mucho antes de que existiera la edición. Eso significa que la melodía llevaba años en casa antes de convertirse en el punto de partida de todo el conjunto. En 1974 apareció mi propio ejemplar impreso, y en él descubrieron catorce cánones sobre el bajo del aria, catalogados como BWV 1087. Me encanta pensar que, tantos años después, todavía me quedaban secretos por contar.
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Espero que hayas disfrutado conociendo la historia de mis Goldberg Variations. ¿Te ha gustado descubrir de dónde viene su nombre, y cómo una leyenda que quizá nunca ocurrió acabó dándole título a una obra que yo había publicado con otro? Cuando pienso en ella, me gusta que haya sobrevivido a tantos siglos de historias, y que lo que de verdad importe sea lo que suena cuando alguien se sienta al teclado. Aun así, todavía queda mucho por explorar en estas Goldberg Variations. Quedan los cánones que aparecen cada tres variaciones, queda el Quodlibet con sus dos melodías populares, y queda ese bajo de treinta y dos notas que sostiene la obra entera sin que apenas se note. También queda la diferencia entre escucharlas en un clave de dos teclados y escucharlas al piano, que cambia el carácter de cada variación. Si te apetece seguir, pulsa en los enlaces que tienes a tu alcance y sigue explorando conmigo. Yo te espero al otro lado, igual que el aria vuelve al final, para que regreses a ella con otros oídos.