Sin pegar ojo con las Goldberg Variations de Bach
Los mejores momentos
Goldberg Variations, BWV 988

Soy Johann Sebastian Bach, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mis Goldberg Variations. Vas a escuchar cómo una voz persigue a otra en los cánones que coloco cada tres variaciones, y descubrirás cuánta ternura cabe en un juego tan exacto. Si quieres, mis colegas compositores y yo te enseñamos en esta web a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que prueba el entrenamiento cuando te apetezca.
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Un paseo con mucho adorno
Yo abro las Variaciones con un aria, una sarabande en sol mayor de compás de tres tiempos, que avanza sin prisa y con una melodía tan adornada que parece vestida para una boda. Lo importante, aunque no se note, es el bajo de treinta y dos notas, porque sobre él construyo las treinta variaciones, y por eso el aria vuelve al final, como quien regresa a casa después de un viaje largo.
La perla que se toma su tiempo
Yo escribo la Variation 25 en sol menor y la marco adagio en mi propio ejemplar, de modo que es la pieza más larga del conjunto y no tiene ninguna intención de darse prisa. Wanda Landowska la llamó «la perla negra», y con razón, porque la melodía se retuerce entre muchos cromatismos como alguien que da vueltas a un pensamiento a las tres de la madrugada.
La fiesta de despedida
Yo cierro las variaciones con la Variation 30, un quodlibet, que consiste en juntar canciones populares como en una cena donde cada invitado llega cantando la suya. Mezclo «Kraut und Rüben» con «Ich bin solang nicht bei dir g'west» justo donde el patrón esperaba un canon a la décima, y después de tanta seriedad me permito acabar con una sonrisa antes de que vuelva el aria.
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¿Has disfrutado conociendo los mejores momentos de las Goldberg Variations? Yo espero que sí, y que ahora el aria del principio te suene un poco distinta, porque sabes que bajo esa melodía tan adornada late un bajo que lo sostiene todo. Cuando vuelva al final, quizá la escuches como se escucha una casa conocida después de un viaje largo: igual que antes, pero con otros ojos. Aun así, queda mucho por explorar de las Goldberg Variations. Todavía puedes fijarte en los cánones que aparecen cada tres variaciones, o en la gran obertura francesa que se coloca justo en el centro de la obra. También puedes preguntarte cómo suena todo esto en un clavicémbalo de dos teclados y cómo cambia cuando lo toca un pianista, como hizo Glenn Gould en 1955 y otra vez en 1981. Y si te quedas con ganas de historias, está la leyenda del conde Keyserlingk y del joven Goldberg, que no sabemos si es verdad pero que ha dado nombre a la obra. Ninguna de estas cosas hace falta para disfrutar de la música, pero cada una abre una puerta más. Así que, si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que tienes a continuación y continúa tu paseo por las Goldberg Variations. Yo las escribí para volver a ellas muchas veces, y siempre tienen algo nuevo que contarte.
