Pasión y paciencia con la St Matthew's Passion de Bach
Erbarme dich, mein Gott
St Matthew Passion (Matthäus-Passion), BWV 244

Me llamo Johann Sebastian Bach, y voy a explicarte el movimiento «Erbarme dich, mein Gott» de mi St Matthew's Passion. Vas a oír cómo, después de que Pedro niegue a Jesús, una contralto pide perdón junto a un violín solo, y merece la pena porque el arrepentimiento se vuelve canto. Reconocer una pieza en cuanto suena es cuestión de práctica, y en esta web mis colegas y yo te ayudamos a conseguirlo, así que empieza por el entrenamiento .
---
Dos hilos y un colchón de cuerdas
Te propongo que sigas dos hilos a la vez: la voz de contralto y el violín solo que la acompaña de principio a fin. Por debajo, los otros dos violines, la viola y el bajo continuo forman un colchón de notas en 12/8, con un vaivén suave que no te suelta. No te preocupes por entender el alemán: fíjate en cómo el violín y la voz parecen hablarse, uno completando lo que el otro deja a medias. Si en algún momento te pierdes, vuelve al violín solo, que es la mejor brújula de toda la pieza.Un título sin rodeos
El título es sencillamente el comienzo del texto, «Erbarme dich, mein Gott», una súplica de perdón dicha sin adornos. Lo coloqué justo después de que Pedro niegue a Jesús, porque alguien tenía que decir en voz alta lo que Pedro no se atreve a decir. Es el número 39 de mi St Matthew's Passion, y lo canta una contralto, lo que le da a la súplica un tono íntimo y cercano. Por eso no busqué un nombre rebuscado: cuando alguien está de verdad arrepentido, no suele andarse con rodeos.Un aria a mi medida
Esta pieza no sigue ningún esquema de manual. Es un aria, es decir, una pieza en la que la voz canta y los instrumentos la rodean y la comentan. La oirás repartida en cuatro tramos fáciles de notar, que parten de si menor y de ese 12/8 y van cambiando de intención. Ahora te los cuento uno a uno, para que cuando suenen sepas exactamente dónde estás.Sección 1: El violín abre la puerta sin llamar
Empieza el violín solo, sin voz y sin prisa, con una melodía que cae y se levanta como un suspiro largo. Los demás instrumentos lo acompañan muy por debajo, casi de puntillas, y el 12/8 se pone en marcha con ese vaivén suave. El ambiente es de tristeza contenida, de alguien que todavía no ha dicho nada pero ya sabe lo que va a pedir. Quédate con esta melodía, porque es la semilla de todo lo que viene después.Sección 2: Entra la contralto y el violín no se calla
Cuando entra la voz de contralto, la música se vuelve más personal, como si hasta ahora hubiéramos oído el ambiente y de pronto apareciera una persona. La cantante toma ideas de la melodía del violín, y este sigue por su lado, enlazando notas alrededor de cada frase. Fíjate en que nunca cantan exactamente lo mismo a la vez: se turnan, se rozan y se buscan. El tempo sigue sin prisa, y esa calma hace que cada palabra de la súplica se oiga con claridad.Sección 3: Aquí la música se pone seria de verdad
En el tramo central la música se aleja del color con el que empezó, y se nota en el oído como una nube que cruza la habitación. La voz insiste más, con frases más marcadas, y el violín responde con una inquietud que antes no tenía. Es el momento de mayor tensión de la pieza, el punto en el que el arrepentimiento deja de ser un murmullo. No hay un estallido, sino una presión que va subiendo despacio y que pide a gritos volver a un sitio seguro.Sección 4: Volver a casa con los ojos rojos
Después de la tensión, regresan las ideas del principio, y reconocerlas es una de las pequeñas alegrías de escuchar esta pieza. Pero ya no suenan igual: la misma melodía llega con el peso de todo lo que ha pasado en medio. El ambiente se calma, y lo que antes era pregunta se convierte en una especie de aceptación cansada. El violín se queda con la última palabra, y la pieza se apaga con la misma suavidad con la que empezó.Ahora te toca a ti, y no hace falta traje
Ya solo queda que pulses el botón de reproducir y te dejes envolver por la música. Mientras suena, quizá te ayude recordar lo que hemos hablado: el violín solo, la voz de contralto y ese vaivén que lo sostiene todo. No tienes que entenderlo todo a la primera, porque esta pieza se deja descubrir poco a poco. Ojalá disfrutes de mi «Erbarme dich, mein Gott» tanto como yo disfruté al componerla.---
Cuando escribí «Erbarme dich, mein Gott», quise que la música dijera con sencillez lo que a veces cuesta decir con palabras. Por eso creo que esta aria se entiende mejor en silencio, sin prisa, dejando que cada frase termine antes de escuchar la siguiente. ¿Te ha gustado este paseo por la guía de escucha de «Erbarme dich, mein Gott»? Aún queda mucho por descubrir en mi St Matthew's Passion, como el aria «Komm, süßes Kreuz», con la viola da gamba y su sonido grave en re menor. Si quieres seguir explorando, pincha en los enlaces que encontrarás en esta página y deja que la obra te lleve un poco más lejos.
