Pasión y paciencia con la St Matthew's Passion de Bach
Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen
St Matthew Passion (Matthäus-Passion), BWV 244

Soy Johann Sebastian Bach, y voy a explicarte el movimiento «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen», con el que abro mi St Matthew's Passion. Vas a oír cómo, sobre un balanceo en mi menor, dos coros se responden mientras el coral «O Lamm Gottes, unschuldig» asoma por encima, y merece la pena porque ahí queda marcado el tono de toda la obra. Si quieres aprender a reconocer una pieza en cuanto suena, mis colegas compositores y yo te ayudamos en esta web, y puedes probar el entrenamiento ahora mismo.
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Escucha por pisos y no te marees
Te aconsejo que no intentes oírlo todo a la vez y que escuches por capas, igual que cuando pruebas una tarta y primero notas la base. La base son los instrumentos graves del bajo continuo, que marcan el paso con una constancia que no se cansa. Encima trabajan las cuerdas, con violines y viola, y los vientos de mis dos orquestas, flautas traveseras y oboes, que ponen el color y una queja suave. Cuando tengas localizada esa alfombra sonora, sube la atención a las voces de los dos coros y, al final, busca la melodía del coral que lo atraviesa todo.Un título que llama a la puerta
El título es sencillamente el comienzo del texto, «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen», que en español sería «Venid, hijas, ayudadme a lamentar». Lo dejé así porque me parecía lo más honesto: antes de que entiendas nada, ya te están pidiendo compañía en la pena. Es el número 1 de una obra con 68 números, así que funciona como la entrada de la casa y no hay nada antes que lo explique. Fíjate en que no habla de música ni de coros, sino de gente a la que se llama para acompañar, y por eso tú también te sientes invitado desde el primer compás.Una catedral de tres pisos
Este coro de apertura está construido con capas que suenan a la vez. Piensa en una catedral de tres pisos: abajo, el pulso de las orquestas; en el medio, los dos coros que se responden; y arriba, el coral «O Lamm Gottes, unschuldig», que hace de cantus firmus, la melodía firme sobre la que se apoya todo lo demás. Para que no te pierdas, te propongo cuatro momentos de escucha: la entrada, el diálogo, la aparición del coral y el cierre. Te los cuento uno por uno en los párrafos que vienen, siempre dentro del color oscuro de mi menor.Sección 1: Las orquestas entran sin llamar
Antes de que cante nadie, las orquestas ponen en marcha un movimiento que no se detiene, y ya desde ahí sabes que la tristeza de esta pieza va a ser de las que caminan. El tempo no tiene prisa ni se arrastra, y esa regularidad es lo que te va agarrando sin que lo notes. Estamos en mi menor, que es el suelo de casa de todo el movimiento, y la atmósfera es de inquietud contenida. Si solo te quedas con una cosa de esta sección, que sea la sensación de que algo grande está a punto de pasar.Sección 2: Dos coros que se pasan la palabra
Cuando entran las voces, los dos coros no cantan al unísono, sino que uno parece preguntar y el otro responder. Ese juego de llamadas y respuestas hace que la música tenga algo de multitud, como si la pena se contagiara de un grupo a otro. El ánimo sube en intensidad, pero la tonalidad sigue firme en mi menor, de modo que lo que cambia es la cantidad de gente que lamenta y no el clima. Aquí conviene que dejes de buscar una melodía concreta y te fijes en cómo se reparten los turnos.Sección 3: Entra el coral y la pena tiene cara
En medio de ese movimiento aparece una voz distinta, la del coral «O Lamm Gottes, unschuldig», que en español viene a ser «Oh Cordero de Dios, inocente». Es una melodía que avanza con calma y con aplomo mientras todo lo demás se agita a su alrededor. No hay un cambio brusco de tonalidad, pero sí un cambio de mirada: hasta ahora se lamentaba, y ahora sabes por quién. Esta es la sección que más te recomiendo escuchar dos veces, la primera para encontrarla y la segunda para seguirla hasta el final.Sección 4: Un final que se despide despacio
Hacia el cierre, la música recoge todo lo que ha ido poniendo sobre la mesa y lo vuelve a juntar en el mismo balanceo del principio. No hay fanfarria ni gran explosión, porque lo que yo buscaba era que la pena se asentara y no que se acabara de golpe. Termina en el mismo mi menor del que salimos, como quien da una vuelta larga y regresa a la puerta de su casa con otro paso. Cuando calle la última nota, quédate un segundo quieto, que la pieza lo agradece.Ahora te toca a ti: dale al play
Ahora te invito a que vivas «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen» por tu cuenta. Pulsa el play y déjate llevar por la música, sin prisa y sin miedo a no entender nada. Mientras suena, acuérdate de lo que hemos hablado: las capas, el diálogo de los coros y la aparición del coral. ¡Ojalá disfrutes recorriéndola tanto como disfruté yo escribiéndola!---
Así llegamos al final de este recorrido, y me quedo con la imagen de ese primer coro cuando termina y la historia apenas empieza. ¿Te ha gustado recorrer conmigo esta guía de escucha de «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen»? Ojalá, la próxima vez que lo pongas, ya no lo oigas como un bloque de sonido, sino como un lugar al que puedes volver y en el que siempre se descubre algo distinto. Todavía quedan muchos rincones de mi St Matthew's Passion por explorar, desde las arias que llegan después del momento en que Pedro niega a Jesús hasta el coro con el que me despido de ti al final de la obra. Si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que encontrarás en esta página y deja que la música te lleve un poco más lejos. Yo estaré encantado de que sigas escuchando, con calma y con curiosidad.
