Pasión y paciencia con la St Matthew's Passion de Bach
Entre bastidores
St Matthew Passion (Matthäus-Passion), BWV 244

Soy Johann Sebastian Bach, y te cuento aquí la historia que hay detrás de mi St Matthew's Passion. Vas a descubrir cómo una pasión escrita para Leipzig casi se perdió en el silencio y volvió a sonar en 1829, cuando un joven de veinte años se atrevió a dirigirla. En este sitio, mis colegas de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras nada más escucharlas, así que anímate con el entrenamiento y ponte a prueba.
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Un cantor con la agenda siempre llena
Nací en Eisenach en 1685 y, desde 1723, era Thomaskantor en Leipzig, un cargo que me tenía con la pluma en la mano casi todo el año. En medio de ese trabajo me puse a preparar una pasión, que es la historia de los últimos días de Jesús contada con música. La idea era estrenarla en Viernes Santo, el día en que esa historia pesa más. Aquello acabó siendo la St Matthew's Passion, y te adelanto que no la planeé precisamente como una obrita discreta.Un guionista llamado Picander
Para el texto conté con Picander, que en realidad se llamaba Christian Friedrich Henrici. La historia sale del Evangelio de Mateo, de los capítulos 26 y 27, pero no todo es Biblia. Picander escribió la poesía libre de las arias y de los coros, que es la parte donde alguien se para a decir lo que siente ante lo que está pasando. Funciona como esos amigos que, mientras ven la película contigo, te susurran lo que piensan de cada escena, solo que aquí lo hacen con mucha más elegancia.Una fecha de estreno con niebla
Lo más probable es que la obra sonara por primera vez el Viernes Santo de 1727, en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig. Digo «probable» porque nadie lo sabe con seguridad, y hay fuentes antiguas que la retrasan hasta el Viernes Santo de 1729. Los historiadores siguen dándole vueltas al asunto, y yo, aunque estuve allí, no pienso sacarlos de dudas. Lo que sí está claro es que la obra nació para aquel templo y para aquella ceremonia.Quién toca qué
Además de los dos coros y las dos orquestas, la obra cuenta con solistas, y entre ellos hay uno que lleva el hilo de todo: el Evangelista, que es un tenor. Él va narrando lo que ocurre, igual que un amigo que te cuenta una historia larga sin dejar que te pierdas. En las orquestas puse dos flautas travesera, dos oboes (en algunos pasajes oboe d'amore u oboe da caccia), dos violines, viola, viola da gamba y bajo continuo. Con tanta variedad de timbres, cada escena tiene su propio color, y ahí tengo mucho que agradecer a esos oboes de nombres tan raros.Una pasión por capítulos
Una obra tan larga se entiende mejor dividida en movimientos, que son como los capítulos de una serie: cada uno tiene su ambiente propio y termina antes de que empiece el siguiente. En total son 68, repartidos en dos partes, una de 29 y otra de 39. El movimiento 1 es el coro de apertura, «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen»; el 39 es el aria de alto «Erbarme dich, mein Gott»; el 57 es el aria de bajo «Komm, süßes Kreuz»; y el 68 es el coro final, «Wir setzen uns mit Tränen nieder». Puedes escuchar uno suelto y disfrutarlo, pero, como pasa con las series, la historia cobra todo su sentido cuando la sigues desde el principio.Un bajo con instrumento de otra época
En «Komm, süßes Kreuz», el aria de bajo del movimiento 57, escribí un acompañamiento para viola da gamba en re menor. La viola da gamba es un instrumento de cuerda frotada con arco que tiene personalidad propia, y no hay que confundirla con ningún pariente cercano. Su sonido es cálido y un poco áspero a la vez, y le va muy bien a un texto que habla de cargar con la cruz con una especie de aceptación serena. Cuando suena, la música parece caminar despacio, sin queja y sin prisa.Una obra que no quise dejar en el cajón
No me conformé con una sola ocasión: la obra volvió a sonar el 15 de abril de 1729, el 30 de marzo de 1736 y el 23 de marzo de 1742. En cada ocasión pude volver sobre ella. Mi manuscrito de 1736 ha sobrevivido, y por eso hoy se puede ver con los propios ojos cómo escribía yo. Que un papel de hace tanto tiempo haya llegado entero hasta ti me parece casi tan sorprendente como la propia música.Casi un siglo en silencio
Yo morí en Leipzig el 28 de julio de 1750, y desde la última vez que se tocó en vida mía pasó casi un siglo de silencio. Entonces apareció un joven de veinte años llamado Felix Mendelssohn, con unas ganas enormes de devolverla al mundo. El 11 de marzo de 1829 la dirigió en la Singakademie de Berlín, y aquella tarde la sala escuchó algo que llevaba generaciones sin oírse. Si alguna vez te ha pasado que recuperas un libro olvidado en una estantería y resulta ser lo mejor que lees en años, ya sabes cómo se sintió Berlín.Un estreno con ayuda y con tijeras
Mendelssohn no estuvo solo: Carl Friedrich Zelter respaldó la idea, y Eduard Devrient colaboró con él en el arreglo y en la dirección. La acogida fue tan buena que repitieron el concierto el 21 de marzo, y otra vez el Viernes Santo, 17 de abril, esta vez bajo la batuta de Zelter. Eso sí, la versión de Mendelssohn llevaba recortes: quitó diez arias, cuatro recitativos acompañados y seis corales. Reconozco que aquello me daría un pequeño disgusto de autor, pero también reconozco que, sin esas tijeras, quizá la obra no habría vuelto a sonar.Lo que quedó después del silencio
Se suele considerar que aquel concierto de 1829 fue la primera interpretación fuera de Leipzig desde mi muerte, y también el acontecimiento central del renacer de mi música. Desde entonces la St Matthew's Passion ha vuelto a ocupar su lugar, y cada generación la escucha con sus propios oídos. Al final, tras tanto dolor y tanta belleza, el coro «Wir setzen uns mit Tränen nieder», que significa «nos sentamos llorando», cierra la obra en do menor y en compás de 3/4. Lo escribí como una despedida tranquila, y me alegra que, tantos años después, todavía haya gente dispuesta a sentarse a escucharla.---
Hasta aquí llega la historia de cómo nació mi St Matthew's Passion. ¿Te ha gustado conocer lo que hay detrás de esta obra? Yo la escribí con mucho cuidado, pensando en un Viernes Santo en Leipzig, y todavía me emociona que siga sonando tantos años después. Hay mucho más que descubrir en ella. Por ejemplo, queda por contar cómo volvió a oírse cuando casi nadie se acordaba de ella, de la mano de un joven Felix Mendelssohn en 1829. También puedes fijarte en cómo cambia el color de la música de una página a otra, desde el balanceo del principio hasta la despedida del final. Si te apetece seguir explorando, pulsa en los enlaces que encontrarás aquí. Escucha con calma, sin prisa, y quédate con lo que más te llegue. Yo estaré encantado de que la música te acompañe un rato más.
