Un andante de cine con el Piano Concerto No 21 de Mozart
III. Allegro vivace assai

Piano Concerto No. 21 in C major, K. 467

Mozart presenta una guía de escucha de III. Allegro vivace assai, de Piano Concerto No 21
Soy Mozart, y ahora voy a explicarte el tercer movimiento de mi Piano Concerto No 21, el Allegro vivace assai. Notarás cómo un tema vivo y ocurrente, a la manera de la ópera bufa, va y viene entre el piano y la orquesta como una pregunta que siempre recibe su respuesta. Reconocer una obra en cuanto suena es algo que se aprende, y aquí mis colegas compositores y yo te lo enseñamos, así que  ven al entrenamiento  y atrévete.
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Cómo escuchar sin perder el hilo

Para escuchar este Allegro vivace assai no necesitas saber nada de música, solo fijarte en quién habla en cada momento, porque casi todo el final es una conversación. Por un lado está la orquesta, con sus cuerdas, su flauta, sus trompetas y sus timbales, que lanzan la melodía y le ponen color. Por el otro está el piano, que tocaba yo mismo, y que contesta, bromea y de vez en cuando se luce un poco. Imagina una mesa de amigos donde todos tienen algo gracioso que decir y se turnan para decirlo, y ya tienes la idea.

Un nombre que va con prisa

Allegro vivace assai significa algo así como «rápido y animado, y de verdad mucho», y por eso le di ese título. Después de un primer movimiento majestuoso y de un Andante soñador, quería que el concierto terminara con ganas de salir a la calle. La palabra assai la añadí para que nadie se lo tomara con calma, porque aquí la música tiene que correr, pero con buen humor. Además está en do mayor, la misma tonalidad con la que empieza el concierto, así que es como volver a casa y encontrar todas las luces encendidas.

Un rondó con aire de ópera

Para este final elegí un rondó, que es una forma fácil de explicar: una melodía pegadiza que se va y siempre vuelve. Entre una vuelta y otra caben otras ideas, así que nunca sabes del todo qué viene, pero sí esperas reencontrarte con la melodía como con un vecino simpático. Lo concebí al estilo de la ópera bufa, con un tono ingenioso y ligero, como si los instrumentos fueran los personajes de una comedia. Ahora te lo cuento por partes, una sección detrás de otra, para que sepas en qué momento estás cuando lo escuches.

Sección 1: Una melodía que no sabe estarse quieta

Todo empieza con el tema principal, vivo e ingenioso, en do mayor y en un compás de dos tiempos que parece ir saltando. Es la melodía que más vas a oír, y por eso conviene que te la quedes en la cabeza desde el primer momento. El ambiente es alegre y despreocupado, sin una sola nube a la vista. Yo lo pensé así a propósito, porque un rondó vive de que reconozcas a su protagonista cada vez que regresa.

Sección 2: Preguntas y respuestas sin pelos en la lengua

Enseguida el piano y la orquesta empiezan a responderse, uno propone algo y el otro contesta, como en las escenas de las óperas cómicas. Fíjate en cómo cada frase parece esperar su réplica, y en que a veces la réplica llega antes de lo que te imaginas. El tempo sigue siendo rápido y el humor no se apaga, de modo que la música avanza como una charla donde nadie se enfada. Cuando la melodía principal vuelve a aparecer, notarás una pequeña sonrisa, porque ya la conoces y sabes que ha vuelto para quedarse un rato.

Sección 3: El piano se pone a presumir

En el centro del rondó llega una parte de desarrollo, donde el material que ya conoces se aleja de su terreno y se transforma. Aquí el pianista enseña lo ágil que tiene los dedos, con pasajes rápidos que piden mucha destreza. El ánimo cambia un poco, porque pasa de la broma pura a una energía más inquieta, como quien se pone a explorar una calle que no conoce. Aun así el pulso no se detiene, y esa carrera es lo que prepara el regreso del tema principal.

Sección 4: La cadencia y el último saludo

Hacia el final la orquesta se aparta y el piano se queda solo con una cadencia, un momento libre que se deja en manos del solista. Es el único instante en que el tiempo parece suspenderse, y cada pianista lo aprovecha a su manera. Después la orquesta vuelve a entrar y suena por última vez el tema principal, ya con la alegría de quien sabe que la fiesta se acaba. Así cierro el concierto, con la misma melodía que te hizo sonreír al principio y que ahora te despide.

Ahora te toca a ti

Ahora te invito a que vivas este Allegro vivace assai por ti mismo: pulsa el botón de reproducir y deja que la música te lleve. Mientras suene, quizá te ayude recordar lo que hemos hablado, sobre todo quién pregunta, quién responde y cuándo vuelve la melodía principal. No hace falta que lo entiendas todo, basta con que te dejes llevar y sonrías cuando reconozcas al viejo conocido. Ojalá disfrutes recorriendo este final tanto como yo disfruté componiéndolo.
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Hemos llegado al final del Allegro vivace assai, con ese rondó travieso que se despide con una cadencia y una última vuelta del tema principal. ¿Te ha gustado conocer la guía de escucha del III. Allegro vivace assai de mi Piano Concerto No 21? Ojalá la próxima vez que lo oigas notes enseguida cómo el piano y la orquesta se responden, como dos amigos que no quieren dejar de charlar. Pero este concierto guarda muchas más cosas por descubrir. Aún puedes asomarte a su historia, a sus otros movimientos y a los pequeños detalles que lo hacen tan especial. Haz clic en los enlaces que tienes aquí al lado y sigue explorando mi Piano Concerto No 21 a tu ritmo. Yo te espero en la próxima escucha.