Un zumbido sin respiro con Flight of the Bumblebee de Rimsky-Korsakov
La guía de escucha

Flight of the Bumblebee

Rimsky-Korsakov presenta una guía de escucha de Flight of the Bumblebee
Soy Rimsky-Korsakov, y te doy la bienvenida a la guía de escucha de mi Flight of the Bumblebee. Vas a aprender a seguir el zumbido continuo de las notas cromáticas, y así notarás cómo el vuelo del príncipe cambia de rumbo sin avisar. Si quieres comprobar lo que sabes,  ponte a prueba en el entrenamiento , donde mis colegas y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando suenan.
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Cómo escuchar a un bicho con prisa

Te propongo que no busques una melodía larga para tararear, porque aquí lo que manda es el movimiento. Deja que la orquesta se convierta en un único enjambre que corre, y fíjate en cómo las notas suben y bajan en pasos muy pequeños, casi sin saltos. Escucha también cuándo el zumbido parece acercarse y cuándo se aleja, porque el volumen y el color del sonido te dicen dónde anda el bicho. No hace falta saber nada de música: basta con imaginar que sigues con la mirada algo diminuto que no se queda quieto ni un segundo.

Por qué un abejorro y no otro bicho

Le puse ese título porque lo que vuela en la escena no es un animal cualquiera, sino el príncipe Gvidon convertido en abejorro. Quise que se oyera el viaje de un hijo que tiene prisa por llegar hasta su padre, el zar. Por eso el título habla de un vuelo y no solo de un insecto: lo importante es el trayecto, con todos sus bandazos. Además, un abejorro, con su vuelo obstinado y algo torpe, resulta más simpático que cualquier ave majestuosa.

Solo un torbellino

Lo habitual habría sido una forma con temas que vuelven en un orden muy educado, pero esta pieza va por otro camino. Yo preferí un perpetuum mobile, es decir, un movimiento continuo que casi nunca se interrumpe. Por eso, en lugar de capítulos separados por silencios, te propongo oírlo en tres tramos que se pasan el testigo sin parar, y en los próximos párrafos te los cuento uno a uno. Es una manera de escucharlo y no una división oficial, así que no esperes carteles en el camino: el abejorro no se detiene a leerlos.

Sección 1: El zumbido que se acerca

Al empezar, las notas cromáticas, esas que avanzan de semitono en semitono, echan a girar de golpe y ya no te sueltan. El tempo queda fijado en unos 144 pulsos por minuto y, a partir de ahí, casi no cambia: lo que cambia es todo lo demás. El ambiente es de inquietud, como cuando notas que algo muy pequeño ronda cerca de tu oreja y no sabes por dónde. La música suena en tono menor, y eso le da un aire nervioso y algo oscuro, perfecto para un viaje que no admite descanso.

Sección 2: El abejorro pierde el rumbo

En el tramo central el vuelo se vuelve más caprichoso, y las notas cambian de dirección enseguida, igual que el recorrido aparentemente caótico del insecto. Aquí la música pasa por varias zonas tonales, y en las fuentes aparecen la menor, si menor y fa sostenido menor, sin que nadie señale con seguridad una tonalidad principal. Esos cambios de color no se anuncian con ceremonia, y por eso tienes la sensación de que el suelo se mueve bajo el príncipe mientras vuela. El pulso sigue siendo el mismo, pero el ánimo pasa de la simple persecución a algo muy parecido al vértigo.

Sección 3: Llegar sin aliento

En el último tramo quiero que notes que, aunque la música no frena, la historia sí avanza: el príncipe está cada vez más cerca de su padre. En el estreno de la ópera, el 3 de noviembre de 1900 en el Teatro Solodovnikov de Moscú, esta escena se vio con los decorados de Mikhail Vrubel. Dirigía Mikhail Ippolitov-Ivanov, que tuvo que mantener a la orquesta a ese ritmo sin que nadie se despistara. Cuando termine, probablemente te quedes sin aliento, porque la pieza no te ofrece ni una pausa para respirar.

Dale al play y abróchate el cinturón

Ahora te invito a que vivas mi Flight of the Bumblebee por ti mismo: pulsa el botón de reproducción y déjate llevar por la música. Mientras suena, ten presentes al príncipe, el pulso incansable y esos cambios de color de los que hemos hablado. Y piensa que, con el tiempo, hasta Rachmaninoff hizo una versión para piano, y que un estudio de 2021 encontró más de mil grabaciones en Spotify. Ojalá este viaje te emocione tanto como me emocionó a mí componerlo.
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Ya hemos llegado al final del vuelo, y espero que ahora, cuando oigas esas notas veloces, sepas en qué momento de la historia del príncipe te encuentras. ¿Te ha gustado recorrer conmigo esta guía de escucha de Flight of the Bumblebee? Aún queda mucho por descubrir en esta pieza, desde la ópera de la que salió hasta las muchas maneras en que los intérpretes la han tocado desde entonces. Te invito a hacer clic en los enlaces que tienes a continuación para seguir explorando Flight of the Bumblebee a tu ritmo. Una pieza tan breve da para muchas escuchas, y cada vez se oye algo que antes se te había escapado.