Bajo tu balcón con la Serenade (Ständchen) de Schubert
La guía de escucha

Ständchen ("Leise flehen meine Lieder"), No. 4 of Schwanengesang, D. 957

Schubert presenta una guía de escucha de Serenade (Ständchen)
Soy Franz Schubert, y te doy la bienvenida a la guía de escucha de mi Serenade (Ständchen). Vas a oír cómo un piano que imita una guitarra sostiene a una voz que ruega en plena noche, y por qué esta serenata suena más a anhelo que a calma. Cuando termines, anímate a  entrar en el entrenamiento , donde mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en el momento en que empiezan a sonar.
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Dos voces, una noche y un solo balcón

Para escuchar esta canción solo necesitas fijarte en dos cosas: una voz que canta y un piano que la acompaña. La voz es el enamorado que pide algo en voz baja, y el piano hace de guitarra para que se note que estamos en plena serenata. Mientras suena, no te pierdas en los detalles y sigue el color de la música, que empieza oscuro, se abre un momento y vuelve a cerrarse. Escuchada así, la canción se parece a una conversación en la que uno habla con el corazón en un puño y el otro no deja de rasguear los nervios.

Por qué le puse un nombre que se canta de pie

Llamé Ständchen a esta canción porque es exactamente eso, una serenata: un hombre que de noche canta a su amada para que lo escuche desde dentro. La palabra significaba en origen una canción cantada de pie, lo cual tiene sentido, porque nadie se pone cómodo en una butaca para cantar bajo el balcón de otra persona. Los versos de Rellstab empiezan con "Leise flehen meine Lieder", que viene a decir que mis canciones suplican en voz baja, y de ahí le viene el subtítulo. Eso sí, el título de Schwanengesang no es cosa mía, porque lo puso el editor Haslinger cuando yo ya no estaba.

Ni sonata ni rondó: una canción que sabe lo que hace

A la hora de elegir la forma no me hizo falta ninguna estructura grande, porque esto es un Lied para voz y piano y la forma la manda el poema. Rellstab escribió cinco estrofas y yo las reordené a mi manera, de modo que la tercera y la cuarta comparten música y la última tiene la suya propia. Con ese material armé tres momentos que te voy a ir contando uno a uno: el arranque en re menor, el paso a re mayor y el regreso final a re menor. Si te quedas con ese dibujo de oscuridad, luz y oscuridad, ya tienes medio camino andado.

Sección 1: Alguien se asoma a la oscuridad

Empiezo en re menor, y esa tonalidad ya te dice que aquí no hay paseo tranquilo sino un hombre inquieto que habla bajito. La voz entra con una súplica contenida, de esas que uno dice mirando a su alrededor para que nadie más se entere. Todo lo que se oye es noche, deseo y una pregunta sin respuesta, porque nadie sabe todavía si la ventana se va a abrir. Fíjate en que la música no corre, sino que se queda esperando, y esa espera es la que le da su tensión a la canción.

Sección 2: La esperanza enciende una vela

En el centro de la canción el poeta se permite imaginar que acabará unido a su amada, y la música pasa a re mayor para acompañarlo. El cambio se nota en cuanto llega, porque la voz suena más abierta y el aire parece de pronto menos denso. No te fíes demasiado de esa claridad, ya que es un deseo dicho en voz alta y no una promesa cumplida. Yo quería que sintieras lo bien que sienta soñar un poco, aunque sea durante unos pocos compases.

Sección 3: La puerta sigue cerrada

La última estrofa lleva una música distinta de las anteriores, como si el enamorado ya no pudiera seguir repitiéndose y tuviera que decir algo más. Ahí la canción vuelve a re menor, y esa vuelta nos deja con la duda de si la súplica ha servido de algo. No resuelvo nada a propósito, porque lo que me interesaba era el temblor de quien espera y no la respuesta de ella. Yo no llegué a ver esta canción impresa, pues apareció en Viena en 1829, con Haslinger de editor, cuando ya me había ido.

Ahora te toca a ti, con el balcón a oscuras

Te invito a que le des al play y te dejes llevar por la canción, sin prisa y sin necesidad de entender ni una nota. Mientras suena, acuérdate de lo que hemos repasado: el piano que hace de guitarra, la luz que aparece en re mayor y la duda con la que acaba todo. Si después te quedas con ganas de más, busca la versión de Liszt para piano solo, que se hizo famosa enseguida y ha sido durante mucho tiempo un clásico de los conciertos. Ojalá este viaje te llene de la misma emoción que sentí yo al escribirlo.
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¿Te ha gustado conocer la guía de escucha de mi Serenade (Ständchen)? Ojalá la próxima vez que suene esa guitarra fingida en el piano, la oigas como lo que es: una súplica hecha en voz baja, con más nervios que calma. Yo la escribí sin saber que sería de las últimas cosas que compondría, y me alegra que siga encontrando oyentes que se detienen a escucharla despacio. Todavía quedan muchas cosas por descubrir en esta canción. Puedes fijarte, por ejemplo, en cómo la han vestido de nuevo otros instrumentos, entre ellos la guitarra, y en lo distinta que suena cuando ya no hay voz que cante. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes aquí para saber más de mi Serenade (Ständchen). Y cuando vuelvas a escucharla, a lo mejor te das cuenta de que ahora te dice algo que antes no oías.