Bajo tu balcón con la Serenade (Ständchen) de Schubert
Entre bastidores

Ständchen ("Leise flehen meine Lieder"), No. 4 of Schwanengesang, D. 957

Schubert cuenta lo que hay entre bastidores de Serenade (Ständchen)
Me llamo Franz Schubert, y quiero contarte la historia de mi Serenade (Ständchen). Vas a saber cómo nació en agosto de 1828, el último año de mi vida, una serenata que de tranquila tiene muy poco y que por eso te va a sorprender. Además, mis compañeros compositores y yo te enseñamos en esta web a reconocer nuestras piezas nada más oírlas, así que  pásate por el entrenamiento  y ponte a prueba.
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Agosto, con el tiempo en contra

Escribí esta canción en agosto de 1828, el último año de mi vida, aunque entonces yo no tenía ni idea. Mi salud llevaba meses fallando, pero eso no me quitaba las ganas de componer. En esas semanas me salían canciones una detrás de otra, como a quien le da por vaciar los cajones antes de una mudanza. Esta fue una de ellas, y nunca imaginé que se seguiría escuchando tanto tiempo después.

Un crítico que escribía versos

Los versos son de Ludwig Rellstab, que era poeta y también crítico musical. Los escribió entre 1821 y 1824, y se publicaron en Berlín en 1827, en su libro Gedichte, Erstes Bändchen. Tiene su gracia que alguien que se ganaba la vida opinando sobre la música de los demás me diera un texto para ponerle la mía. A mí el poema me sirvió de maravilla, así que no tengo ninguna queja.

Una serenata cantada de pie

La palabra Ständchen viene de algo muy sencillo: al principio quería decir una canción cantada de pie. Imagínate a alguien plantado en plena calle, de noche, con la vista clavada en una ventana cerrada. Por eso la canción no suena tranquila, sino llena de ansiedad y de deseo, y nadie sabe cómo acabará la historia. Muchos la toman por una melodía dulce para escuchar con una copa en la mano, pero el que canta lo está pasando bastante mal.

Cinco estrofas y un poco de tijera

El poema de Rellstab tiene cinco estrofas, y yo no las respeté tal como venían. Las reorganicé a mi manera, porque la música me pedía un orden distinto al del papel. A la última estrofa le di una música diferente, como si el enamorado, tras tanto insistir, cambiara de tono para despedirse. Un compositor puede permitirse esas libertades, aunque el poeta quizá levante una ceja.

La cuarta de una lista de catorce

Esta canción es la cuarta de las siete que compuse sobre poemas de Rellstab, y esas siete abren la colección. Después vienen seis canciones con textos de Heine. Al final aparece «Die Taubenpost», con un texto de Seidl, que es la que cierra el conjunto. Así que Ständchen está en el primer tramo del recorrido, como la cuarta parada de un viaje largo.

Un título que no es mío

Yo nunca llamé Schwanengesang a esta colección, porque el título lo puso el editor Haslinger. La palabra significa «canto del cisne» y se usa para hablar de la última obra de un artista. Haslinger publicó el conjunto en Viena en 1829, pocos meses después de mi muerte, y con ese título lo presentó casi como mi testamento. Eso sí, los títulos de cada canción por separado sí los puse yo.

Un otoño que no quise que fuera el último

En octubre de 1828 ofrecí las canciones de Heine a un editor de Leipzig como un grupo aparte. Haslinger, más tarde, juntó todas las canciones en un solo volumen y añadió «Die Taubenpost» como la decimocuarta. Yo murí en Viena el 19 de noviembre de 1828, con 31 años, en casa de mi hermano Ferdinand. La causa oficial fue la fiebre tifoidea, y de ahí que muchos vean la colección como algo escrito con prisa y con el tiempo contado.

Trabajar a toda máquina

Aunque mi salud iba a peor, aquel último año escribí cosas de las que me siento muy orgulloso. Por entonces compuse la Misa en mi bemol mayor, el Quinteto de cuerda en do mayor y mis tres últimas sonatas para piano. Además, el 26 de marzo de 1828 di el único concierto público dedicado a mis obras, y salió bien tanto en lo artístico como en lo económico. Visto desde fuera, parece que tuviera prisa, y quizá la tenía, pero yo solo sentía que las ideas no me cabían en la cabeza.

Liszt se la lleva al piano solo

Años después de mi muerte, Liszt transcribió todo el Schwanengesang para piano solo, y se suele datar hacia 1840. Cambió el orden de las canciones y retocó la textura del piano para que sonara bien sin cantante. Su versión de Ständchen es la más conocida de todas las adaptaciones, y gustó desde el primer momento. Con el tiempo se volvió una pieza habitual de concierto y también un clásico para despedir un recital con una propina.

La guitarra se toma la revancha

Ständchen se ha arreglado para muchísimos instrumentos, y entre ellos está la guitarra. Me hace gracia, porque yo le pedí al piano que imitara una guitarra y ahora la guitarra lo imita a él. Eso sí, no la confundas con mis otras serenatas, como la que escribí sobre un texto de Shakespeare, que no tiene nada que ver con esta. La nuestra es la de «Leise flehen meine Lieder», la de la súplica en plena noche.
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Cuando miro atrás, me llama la atención lo poco que yo vi de esta canción. Salió impresa en Viena en 1829, unos meses después de mi muerte, y el nombre de Schwanengesang para todo el conjunto no lo elegí yo, sino el editor Haslinger. Yo solo puse título a cada canción, y con eso me bastaba. Lo que empezó como una súplica nocturna, hecha de nervios y de ganas de ser escuchado, acabó recorriendo medio mundo. Liszt la llevó al piano solo, otros la han tocado con guitarra y con muchos instrumentos más, y a mí me alegra que siga encontrando voces nuevas. Quizá lo más bonito es que cada oyente la termina de escuchar a su manera, y que esa duda del final sigue abierta. ¿Te ha gustado conocer la historia de mi Serenade (Ständchen)? Todavía quedan muchos rincones de esta canción por descubrir, desde sus detalles musicales hasta las distintas versiones que se han hecho de ella. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes aquí y deja que la música te lleve un poco más lejos.