¡Ta-ta-ta-chán, tronco, a ver con la Symphony No 5 de Beethoven
Entre bastidores

Symphony No. 5 in C minor, Op. 67

Beethoven cuenta lo que hay entre bastidores de Symphony No 5
¡Hostia, soy Beethoven y esta es la historia de mi Symphony No 5, tronco, así que siéntate, que la movida mola mazo! Vas a flipar con cómo pasé de unas garabateás en un cuaderno a un estreno en Viena en 1808, con la orquesta casi sin ensayar y la peña reventá, ¡de locos! ¡Venga, anímate, colega, que mis compis compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras piezas nada más oírlas, así que  échale un tiento al entrenamiento , illo!
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Un apunte en el cuaderno

¡Vaya añito, tronco, el otoño de 1803, que yo ya estaba garabateando las primeras ideas pa' esta sinfonía en plan loco del cuaderno! Y ojo, que los oídos me venían dando la lata desde 1798, o sea, mazo de movida chunga pa' un tío que vive de la música, ¿tú te imaginas? Pues nada, yo a lo mío, apuntando y rayándome la cabeza como un colega con el WhatsApp petao de audios. ¡Cuatro años largos de curro con esta bestia, flipa, que ni una serie con temporadas infinitas!

París, ni de coña

A ver, que yo quería estrenarla en París, ¡en París, peña, con su pedazo de glamour y to'! Pero se cayó el viaje, qué rabia, y el proyecto se quedó parao un rato largo, en plan «ahí te pudras, sinfonía». Me pilló un bajón de los chungos, tío, con la partitura criando polvo como un bocata olvidao en la mochila. Menos mal que luego me pegó el subidón y volví a darle caña, ¡que yo no soy de rendirme, illo!

Currando a destajo

¡Hostia, qué sprint, quillo!, que la mayor parte la saqué entre la primavera de 1807 y principios de 1808, pegándome unas panzás de currar de locos. Yo ahí, sin pirarme ni a por tabaco, rayao perdío, con las notas bailándome en la cabeza como churumbeles en un cumple. Y en marzo de 1808 cerré la partitura autógrafa, ¡zasca, a tomar por saco, listo, tronco! Del cuaderno de 1803 a la partitura acabada, mazo de rollo, pero cuando una cosa mola hay que sudarla, ¿o no?

Dos peces gordos de regalo

Mira, colega, la dediqué a dos pesos pesaos de la época: el príncipe Franz Joseph Maximilian Lobkowitz y el conde Andrey Kyrillovich Razumovsky. Dos tíos con la pasta y los salones de lujo, de los que te organizaban conciertos sin que se te cayera el chiringuito. ¡Pues na', yo agradecío, que un mecenas guay vale más que mil aplausos flojos, sabes? Así que dos nombres en la dedicatoria y a correr, ¡qué máquinas los dos, de verdad!

Cuatro platos y a repetir

Los movimientos, tronco, son como los platos de un menú de degustación: cada uno es un trozo distinto de la misma comilona, y no te sirven el postre antes que el primero, ¡anda ya! El primero va con un Allegro con brio, un entrante que te arranca la cabeza de cuajo, mazo de nervio y cero respiro. El segundo, Andante con moto, es el plato tranqui pa' coger aire, y luego el tercero es un Allegro de scherzo, o sea, el chiste raro y nervioso, que te lleva sin parar al cuarto, otro Allegro, el postre a lo bestia con fuegos artificiales. ¡Cuatro movidas, cuatro ambientes y un solo festín, flipa, que no hay quien pare de comer!

El estreno, a pecho descubierto

El 22 de diciembre de 1808 me planté en el Theater an der Wien, en Viena, tío, ¡y la dirigí yo mismo, que no me corta nadie! Era un concierto entero de mis cosas, en plan «hoy toca Beethoven de la cabeza a los pies», mazo de ego, lo sé. Me puse al frente de la orquesta con los nervios a flor de piel y las manos moviéndose como un loco en una discoteca. ¡Fue la primera vez que la peña oyó esta bestia, y yo ahí, sudando la gota gorda, vale!

Un maratón de risa

¡Madre mía, qué programa, colega!, que primero sonó la Sexta y la Quinta se quedó pa' la segunda parte, cuando la peña ya estaba hecha polvo. Y encima colamos el Cuarto Concierto para piano y la Fantasía Coral en la misma noche, ¡un tochazo de locos, vamos! La orquesta casi no había ensayao y el público, cansao de tanto concierto, ya no daba pa' más, o sea, pa' cenar y a la cama. Resultado, ni éxito ni leches: casi ni crítica, y yo con cara de «¿pero esto qué ha sío, illo?».

El destino llama a la puerta

¿Eso de «así llama el destino a la puerta»? Dicen que lo solté yo, pero la cosa viene de Anton Schindler, y eso lo contó después de mi muerte, tronco, así que mucho flipe. Hay gente que no se fía ni un pelo de Schindler, y la atribución es más que chunga, de las que huelen a invento. También cuentan que yo iba a agarrar al destino por el cuello, pero igual, que ni confirmao ni na', ¡el rollo del cuento es lo que mola! Y así se quedó el apodo de «Sinfonía del Destino», que a mí me pilla de sorpresa, ¿eh?, que yo solo quería meter cuatro notas y liarla.

Reseñas, copias y el bombazo

Pero un tal E.T.A. Hoffmann la reseñó como «indescriptiblemente profunda, magnífica», ¡y yo en plan «anda, un crack que me entiende, mola mazo»! Mientras tanto, la editorial Breitkopf & Härtel recibió copias en septiembre de 1808, durante una visita a Viena, tío, y sacó la primera edición impresa. O sea, que aunque el estreno fue un churro, la movida editorial iba sobre ruedas, ¡a currárselo, peña! Esto sí que es un giro de guion, quillo: pasó de petardo a monstruo sagrao sin que yo hiciera na' más.

Un pajarito y media horita

Un tal Carl Czerny contó que las cuatro notas salieron del canto de un pájaro en el Prater, un escribano, o sea, un pajarillo cualquiera. Pero ojo, que eso solo sale en la Wikipedia y nadie lo tiene claro, así que mucho cuento, tío, ¡a ver si el pajarraco ha sío el verdadero autor! Lo que sí tengo clarísimo es que dura unos 33 minutos, o sea, menos que una peli y mazo de intensidad, de locos. ¡Pues nada, venga, métete esos 33 minutos entre pecho y espalda, crack, y ya me cuentas si no se te ponen los pelos de punta!
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Pues nada, colega, así se me quedó la Symphony No 5: de unos garabatos chungos en 1803 a un estreno en Viena en diciembre de 1808, ¡y vaya nochecita, tío! Orquesta sin ensayar, peña cansao de tanto concierto y casi ni un aplauso con ganas, ¡un rollo de locos, flipa! Y mira tú, E.T.A. Hoffmann luego la pintó como «indescriptiblemente profunda, magnífica», ¡anda ya, qué giro, tronco, mazo de reivindicación! ¿Qué, crack, te ha molao el viaje por cómo nació mi Symphony No 5 o te ha sabido a poco, illo? Porque ojo, que de esta bestia queda mazo de tela que cortar, ¡hay más movidas por descubrir que pelos en un timbal, quillo! Venga, no te me pires ahora, que los enlaces de aquí abajo están pa' pincharlos, ¡dale clic y te lías la manta a la cabeza con la sinfonía, colega, que te vas a quedar flipao!