Campo guay y chaparrón con la Symphony No 6 de Beethoven
Entre bastidores
Symphony No. 6 in F major, Op. 68 ("Pastoral")

¡Oye, soy Beethoven y esta es la movida de detrás de mi Sinfonía n.º 6, la «Pastoral», tronco, flipa! Te cuento cómo estrené esta joya en Viena en diciembre de 1808, en mi propio concierto y con la Quinta en la misma noche, ¡de locos, pa' que flipes, tío! A ver, colega, ¡ métete en el entrenamiento y pilla cómo mis compis compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras piezas nada más sonar, que mola mazo!
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Ni foto ni peli, puro sentimiento
¡Escucha, peña, que mi Sexta es en fa mayor, la Op. 68, y le dicen la «Pastoral», o sea, la del campo, tronco! Ojo, que no es un peliculón con argumento, ni de coña, qué va, que yo con las notas no pinto cuadritos, chaval. Lo mío es lo que te remueve la naturaleza por dentro, el subidón de sentimientos, ¿pillas? Vamos, que es más de sentir que de mirar, tío, y eso lo dejé clarito como el agua.Garabatos con olor a hierba
Desde el verano de 1807 ya andaba yo garabateando ideas pa' esta movida, illo. Esos apuntes están en el «Pastorale Sketchbook», un cuadernazo que hoy guarda la British Library, ¡flipa! Mis tachones de loco, ahí, guardaos en una biblioteca de Londres, qué fuerte, ¿no? Pues nada, que la idea se cocinó a fuego lento, mazo de tiempo, antes de ponerme a currar en serio.Currelo exprés y pack de oferta
Entre marzo y agosto de 1808 me lo pulí casi to', sabes, a toda pastilla y sin pirarme de la mesa. Y en junio de ese año ya le ofrecí a Breitkopf & Härtel la Quinta y la Sexta juntas, en plan pack de menú del día, ¡anda ya! Dos sinfonías en el mismo paquete, colega, como quien pide bocata y bebida. Las dos nacieron pegadas pero con un carácter opuesto, ¡qué movida más rara, tronco!Sordo, pero con antenas pa' la naturaleza
Mi oído empezó a fallar hacia 1798, joder, un palo de los gordos, chaval. En octubre de 1802, en Heiligenstadt, le escribí una carta a mis hermanos soltando lo de mi sordera, y ni la mandé, ¡fíjate qué rayada! Y aun así, años después me monté una sinfonía llena de arroyos y pajaritos, ¡qué flow, tío! O sea, pa' que veas que lo que llevas dentro no se apaga ni de coña, colega.Cinco paradas y un paraguas
A ver, un movimiento es un trozo de la sinfonía con su propio rollo, como un capítulo de serie o una fase de videojuego, ¿sabes?, y yo me marqué cinco. El primero es el «Despertar de sentimientos alegres al llegar al campo», un Allegro ma non troppo, rápido pero sin pasarse, y luego viene la «Escena junto al arroyo», con su Andante molto mosso, pa' tumbarte a flipar. Tercero, la «Alegre reunión de campesinos», fiestón de pueblo en plan Allegro, y cuarto «Trueno, tormenta», que te cae encima como un cubo de agua, ¡hostia! Y cierra el «Canto del pastor; sentimientos alegres y agradecidos tras la tormenta», un Allegretto pa' respirar y sonreír, ¡de locos, tronco!Concierto maratón y doble estreno
¡Madre mía, el 22 de diciembre de 1808, en el Theater an der Wien de Viena, estrené la criatura en mi propio concierto, qué nervios, illo! Ese día sonó también la Quinta, pero la Sexta salió primero y la Quinta se quedó pa' la segunda parte, tío. O sea, primero el paseíto por el campo y luego el puñetazo en la mesa, mazo de plan. Menudo doble estreno, colega, de esos pa' enmarcar y colgar en el salón.Regalitos con nombre y apellidos
La Sexta se la dediqué a dos pesos pesaos, el príncipe Franz Joseph Maximilian Lobkowitz y el conde Andrey Kyrillovich Razumovsky, ¡nada menos, tronco! Dos nombres con más sílabas que un trabalenguas, anda ya, chaval. Luego Breitkopf & Härtel sacó la primera edición en 1809, pues nada, ya estaba la cosa en papel pa' to' quisqui. Y yo ahí, escribiendo esos apellidos kilométricos, ¡mazo de tinta, vamos!El trío de la selva (con plumas)
Mira, en el segundo movimiento, casi al final, hay una cadenza donde me cuelo tres pájaros, illo. La flauta hace de ruiseñor, el oboe de codorniz y los clarinetes de cuco, ¡unas máquinas de piar, tío! Y ojo, que puse los nombres de los bichos en la partitura, pa' que nadie se rayara con quién era quién. Dicen que yo lo llamé «una simple broma», pero eso lo suelta una sola nota de programa, así que a saber, colega, tú verás.Música de pueblo, cero postureo
Los temas son sencillos y con aire popular, tipo cancioncilla que se te pega sin querer, ¡nada de rollos enrevesaos, tronco! Hay hasta pinceladas de gaita, con esos zumbidos de fondo que no paran, brutal, ¿sabes? Y ojo, que los tres últimos movimientos van sin pausa, como un maratón de serie sin darle a «siguiente», qué chulada. Del baile a la tormenta no hay ni tiempo de ponerte la chaqueta, el jolgorio se corta y zas, ¡a mojarse, peña!Final con propina y sin pollo
Tras la tormenta, una flauta solita sube por una escala y te lleva al final, ¡qué alivio, tío! Esa última parte crece y crece hasta un clímax de órdago, mazo de emoción, ¿eh? Y luego, en vez de petarlo con ruidazo, cierro con una coda tranquila y dos acordes en fa mayor, tal cual, illo. Dos acordes y pa' casa, colega, que se puede acabar una sinfonía sin montar un cirio.---
¡Bueno, bueno, colega, que ya se acaba la movida y me quedo con el corazón blandito como un queso de pueblo! ¿Te ha molao descubrir la historia de mi Sexta, tronco, o te ha sabido a poco, ¿sabes? Mira que yo la sudé entre apuntes y tachones, illo, y al final salió una «Pastoral» que sigue sonando fresca como un arroyo en agosto. Pero ojo, peña, que aún queda mazo de cuerda por cortar, tío: hay rinconcitos de esta sinfonía que ni te imaginas, de locos, en plan cofre del tesoro con olor a hierba. Pues nada, a ver, no te me quedes quieto como un pasmarote y dale clic a los enlaces que tienes por ahí, ¡venga, anímate! Así sigues rascando en mi Sinfonía n.º 6 y flipas un rato más, crack, que el campo no se va a ir a ningún lao.
