Un paseo por el campo con la Symphony No 6 de Beethoven
Entre bastidores

Symphony No. 6 in F major, Op. 68 ("Pastoral")

Beethoven cuenta lo que hay entre bastidores de Symphony No 6
Soy Ludwig van Beethoven, y te doy la bienvenida a la historia que hay detrás de mi Symphony No 6. Vas a saber cómo estrené esta sinfonía en Viena, en diciembre de 1808, en un concierto mío donde sonó también mi Quinta, y eso te hará imaginar aquella noche de otra manera. Cuando termines,  ponte a prueba en el entrenamiento , porque en esta web mis colegas y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más escucharlas.
---

Un apodo que promete ovejas

Mi Symphony No 6 está en fa mayor, lleva el número de opus 68 y todo el mundo la conoce por su apodo: «Pastoral». Un nombre así promete prados, ovejas y un cielo sin una sola nube, y en buena parte cumple. Pero te aviso de que no es una postal sonora de una excursión cualquiera. Es más bien lo que siente una persona cuando por fin sale de la ciudad y el campo le cambia el ánimo.

Un músico que oía cada vez menos

Mi oído empezó a fallar hacia 1798, y a mí, que vivía de oír, aquello no me hacía ninguna gracia. En octubre de 1802, en Heiligenstadt, escribí una carta a mis hermanos para hablarles de mi sordera, y nunca llegué a enviarla. Te cuento esto porque, cuando compuse la Pastoral, ya llevaba años conviviendo con ese problema. Y aun así, de mi cabeza salió una de mis músicas más luminosas y serenas.

Del cuaderno al papel pautado

Empecé a apuntar ideas en el verano de 1807, en un cuaderno que hoy se conoce como el «Pastorale Sketchbook» y que se guarda en la British Library. Un boceto es como el borrador de una carta: tachas, empiezas de nuevo y todavía no se parece a lo que quieres decir. La mayor parte de la sinfonía la compuse entre marzo y agosto de 1808, o sea, en unos cinco meses. Fue un trabajo intenso, porque otra sinfonía esperaba su turno casi a la vez.

Sentir, no pintar

Mucha gente cree que esta sinfonía cuenta una historia con principio, nudo y desenlace, y tengo que desengañarte. Yo insistí en que la música expresa los sentimientos que despierta la naturaleza, más que pintar escenas. Es la diferencia entre describir una tarde de sol punto por punto y contarle a alguien cómo te sentiste en ella. Por eso no necesitas saber nada de música para entenderla: te basta con recordar lo que se siente al respirar aire limpio.

Gaitas sin gaitero

Los temas son sencillos, casi de canción popular, de esas que te aprendes a la primera. En varios momentos se insinúa un zumbido de gaita, una nota larga y grave que suena de fondo mientras la melodía va por encima. Ese sonido sostenido da una sensación de pueblo y de fiesta, aunque en la orquesta no haya ni un solo gaitero. Quise que sonara a gente sencilla y no a salón de palacio.

Cinco capítulos con título

Si no sabes qué es un movimiento, piensa en los capítulos de un libro: cada uno tiene su propio ambiente y su propio ritmo, pero todos pertenecen a la misma historia. Aquí son cinco y yo mismo les puse título: el primero, «Despertar de sentimientos alegres al llegar al campo», y el segundo, «Escena junto al arroyo», que fluye con toda calma. El tercero, «Alegre reunión de campesinos», es una fiesta con aire de baile, y el cuarto, «Trueno, tormenta», llega para estropearla con todo el estruendo de la orquesta. El quinto, «Canto del pastor; sentimientos alegres y agradecidos tras la tormenta», devuelve la paz y cierra el libro con buen sabor de boca.

Sin tiempo para toser

Lo normal entre un movimiento y otro es una pausa, ese momento en que el público tose y se recoloca en la butaca. Aquí los tres últimos se tocan sin parar, de modo que cada uno desemboca directamente en el siguiente. Cuando los trombones llegan con un acorde enorme y sincopado, ya no queda duda de que el cielo se ha cerrado. La calma vuelve con una escala ascendente de la flauta sola, que te lleva de la mano hasta la canción del pastor.

Una despedida de puntillas

El último movimiento va creciendo poco a poco hasta un punto culminante, como una gratitud que no cabe en el pecho. Después, en lugar de rematar con un golpe de efecto, dejo que la música se relaje en una coda tranquila. Termino con dos acordes de fa mayor, suaves, como quien cierra la puerta de casa sin hacer ruido. Después de una tormenta de aquel tamaño, me pareció la manera más elegante de decir que todo estaba en paz.

Pájaros con nombre y apellido

Cuenta la historia que yo llamé a aquellos cantos de pájaros «nada más que una broma», pero eso solo aparece en una nota de programa, así que no te lo juro. Lo que sí es seguro es que escribí en la partitura el nombre de los tres pájaros, para que ningún músico dudara de quién cantaba. La flauta hace de ruiseñor, el oboe de codorniz y los clarinetes de cuco, tres solistas sin ninguna prisa. Todo ocurre en el movimiento del arroyo, nunca en el primero ni en el último.

Dos hermanas en el mismo concierto

La estrené el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien de Viena, en un concierto que organicé yo mismo. Sonó en la primera parte, y la Quinta Sinfonía quedó para la segunda, de modo que el público conoció a las dos hermanas la misma noche. Unos meses antes, en junio, le había ofrecido las dos juntas a la editorial Breitkopf & Härtel, que publicó la primera edición en 1809. La dediqué a dos nobles de Viena: el príncipe Franz Joseph Maximilian Lobkowitz y el conde Andrey Kyrillovich Razumovsky.
---
Hasta aquí llega lo que quería contarte sobre cómo nació mi Symphony No 6. ¿Te ha gustado conocer su historia? A mí todavía me hace pensar que la estrené el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien, en Viena, y que aquella noche sonó antes que mi Quinta. También me hace pensar en lo curioso que es que una música tan luminosa y tan llena de calma saliera de alguien cuyo oído llevaba años fallando. Quizá por eso, cuando la escucho por dentro, me suena menos a un paisaje que a un agradecimiento. Y aún queda mucho por descubrir en esta sinfonía: cada movimiento esconde detalles que merecen una escucha atenta, desde la forma en que se encadenan los últimos tres hasta los pequeños colores de cada instrumento. Haz clic en los enlaces que encontrarás en la página para seguir explorando mi Symphony No 6 a tu ritmo. Ojalá la próxima vez que la escuches reconozcas algo nuevo, y ojalá te apetezca volver a ella con la misma curiosidad con la que yo la escribí.