Un paseo por el campo con la Symphony No 6 de Beethoven
IV. Allegro

Symphony No. 6 in F major, Op. 68 ("Pastoral")

Beethoven presenta una guía de escucha de IV. Allegro, de Symphony No 6
Soy Ludwig van Beethoven, y ahora te explico el cuarto movimiento de mi Symphony No 6, el Allegro titulado «Trueno, tormenta». Vas a oír cómo una tormenta en fa menor se levanta con un golpe de trombones en un acorde enorme, y cómo al final una flauta sube sola por la escala y te lleva hacia la calma. Si quieres aprender a reconocer una pieza en cuanto suena, mis colegas y yo te lo enseñamos en esta web, así que  acércate al entrenamiento  y haz la prueba.
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Cómo escuchar una tormenta sin mojarte

Si no sabes nada de música clásica, no te preocupes, porque para este cuarto movimiento solo necesitas unos oídos atentos y ganas de llevarte un buen susto. Fíjate primero en las cuerdas, que empiezan inquietas y en voz baja, como el viento que se levanta antes de que caiga la primera gota. Después espera al flautín, que hace de relámpago con su sonido agudo y afilado, y a los timbales, que se encargan del trueno. Y cuando los trombones lancen un acorde enorme, que cae a contratiempo, sabrás que la tormenta ya está justo encima de ti.

Por qué lo llamé «Trueno, tormenta»

Le puse ese título porque no encontré una manera más directa de decir lo que ocurre en este movimiento. Recuerda que yo no pinto escenas con la música, sino que cuento lo que se siente, y aquí lo que se siente es miedo mezclado con asombro. Además, el título avisa de que la danza alegre de los campesinos se ha terminado y de que el ánimo da un giro brusco. Es un cambio parecido al de una merienda al aire libre cuando suena el primer trueno y todo el mundo recoge el mantel a toda prisa.

Una forma que dibuja el cielo

No te voy a colgar una etiqueta de manual, porque en este Allegro manda el propio cielo: la tormenta se acerca, estalla y se aleja. Todo sucede en fa menor, en un compás de cuatro tiempos y con un pulso que no afloja en ningún momento. Te adelanto que lo cuento en cuatro partes: la amenaza, el estallido, el punto más alto y la calma que vuelve. En los próximos párrafos las recorremos una a una, así que ve preparando el paraguas.

Sección 1: Nubes con muy mala cara

El movimiento anterior se rompe de golpe y la tormenta empieza sin darte tiempo a respirar. Las cuerdas suenan bajas y nerviosas, en fa menor, y tras la luz de la danza todo se vuelve de pronto oscuro y tenso. El tempo es Allegro, es decir, rápido, y esa prisa contribuye a que se sienta que algo grande se acerca. Aquí todavía no ha caído lo peor, pero tú ya notas que conviene buscar refugio.

Sección 2: Se abre el cielo

Ahora la tormenta estalla de verdad, y es el momento en que más se nota que he sumado instrumentos a la orquesta. El flautín se clava en lo más agudo como un relámpago, mientras los timbales retumban por debajo con el trueno. Las cuerdas tiemblan y se agitan sin descanso, y el ánimo pasa de la inquietud al verdadero temor. Si alguna vez has oído llover sobre un tejado de chapa, ya tienes una idea del barullo.

Sección 3: El golpe más gordo

En medio de ese estruendo entran los trombones con un acorde inmenso, que cae a contratiempo y te descoloca el pulso. Es la parte en la que todo suena a la vez y la música parece no tener un solo hueco libre. Seguimos en fa menor, sin un solo rayo de esperanza, y el ánimo es de pura fuerza desatada. Escúchalo con calma, porque aquí está el corazón de la tormenta y de lo que quise contar.

Sección 4: Escampa y sale el pastor

Poco a poco el temporal se aleja y la música pierde fuerza, como si el cielo se fuera vaciando. Entonces una flauta sola sube por una escala, peldaño a peldaño, y te lleva de la mano hasta el final de la tormenta. Con ella llegamos al último movimiento, un Allegretto en fa mayor que se llama «Canto del pastor; sentimientos alegres y agradecidos tras la tormenta», y que suena sin pausa porque los tres últimos movimientos van unidos. Así el ánimo cambia del miedo al agradecimiento, y es como abrir la ventana cuando ya no llueve y descubrir que todo huele a limpio.

Dale al play y que llueva

Ahora te invito a que vivas este Allegro por ti mismo. Pulsa el botón de reproducir, cierra un momento los ojos y deja que la música te envuelva. Mientras suena, acuérdate de lo que hemos hablado: el flautín, los timbales, los trombones y esa flauta que cierra la tormenta. Ojalá disfrutes este viaje por mi Allegro tanto como lo disfruté yo cuando lo compuse.
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Hasta aquí llega mi guía del cuarto movimiento, el Allegro de la tormenta, y me quedo con la imagen de ese final en el que todo se aquieta poco a poco. ¿Te ha gustado conocer a fondo este Allegro de mi Symphony No 6? Ojalá ahora lo escuches con otros oídos, atento a ese flautín que cruza como un relámpago y a esos timbales que retumban como un trueno lejano. Y si te quedas con la sensación de que aún hay mucho por descubrir, tienes razón, porque esta sinfonía guarda más rincones de los que caben en un solo movimiento. Todavía puedes explorar cómo la compuse, qué sentí al escribirla y cómo suenan los demás movimientos, desde la llegada al campo hasta el canto del pastor. Haz clic en los enlaces que tienes en esta página y sigue paseando por mi Symphony No 6 a tu ritmo. Cada vez que la escuches, encontrarás algo que antes se te había escapado.