Coro de la leche con la Symphony No 9 de Beethoven
Entre bastidores

Symphony No. 9 in D minor, Op. 125 ("Choral")

Beethoven cuenta lo que hay entre bastidores de Symphony No 9
¡Atento, tío, que soy Beethoven y esto es la movida de cómo nació mi Sinfonía n.º 9, ojo! ¡Vas a flipar, tronco, con cómo metí por primera vez una voz humana en una sinfonía y cómo se petó el estreno en Viena en 1824, de locos! Y ojo, colega, que aquí mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando suenan, ¡así que  métete en el entrenamiento  y pruébalo, tronco!
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Me escriben desde Londres y yo en plan «ya veremos»

¡Quillo, to' arranca el 9 de junio de 1817, cuando Ferdinand Ries, de parte de la Philharmonic Society of London, me pide dos sinfonías de las gordas, tronco! Y las dos se iban a quedar pa' ellos, o sea, ¡chollo total, colega! Pues nada, que yo me rayé por el camino y solo la Novena llegó a buen puerto, ¡menuda movida, tío! Parte del material de la segunda se coló en ella y encima dejé bocetos de una décima como compañera, ¡flipas, peña, menudo rollo de herencia!

Más lento que un lunes sin cafelito

A ver, mis primeros bocetos son de 1815, ¡mazo de años antes, illo, una pasada de paciencia! Me puse pachucho, me lié con el pleito por la custodia de mi sobrino Karl y andaba sin un duro, ¡chungo, chungo, colega! Hasta el otoño de 1822 no volví a currar en serio, ¿sabes?, y en 1823 ya iba a tope, ¡a por ello, tronco! Lo rematé a principios de 1824, ¡qué alivio, tío, casi me da un jamacuco!

Con las orejas de vacaciones y la cabeza a mil

Mi oído empezó a irse a la porra hacia 1798, colega, ¡qué cruz, qué panorama! Así que el día del estreno yo estaba en el escenario, de pie, en plan estatua, sin oír ni la orquesta, ¡de locos, peña! Ojo, que no dirigí yo, ¿eh?, que la batuta la llevaba Michael Umlauf, ¡un crack, tronco! Yo ahí de adorno de lujo, o sea, ¡menudo percal, quillo!

Noche de estreno y cuatro gargantas de aúpa

¡Fue el 7 de mayo de 1824 en el Kärntnertor Theater de Viena, tío, un bolo de la leche! Cantaron Henriette Sontag de soprano, Caroline Unger de contralto, Anton Haizinger de tenor y Joseph Seipelt de bajo, ¡mazo de nombres, colega! Sontag tenía 18 añitos y Unger 20, ¡flipa, unas crías metidas en mi pedazo de rollo! Con esa edad y ya petándolo en un escenario así, ¡qué nivelazo, tronco!

Me dan la vuelta como una tortilla

Dice la leyenda, y esto va con pinzas, peña, que al acabar Caroline Unger me giró pa' que viera al público, ¡qué momentazo, illo! Yo sin oír ni un solo aplauso, tío, ¡en mi mundo, en plan globo flotando! Según cuentan, la gente se puso en pie hasta cinco veces y volaban sombreros y pañuelos, ¡de locos, colega! Pues nada, que yo veía el sombrerazo en el aire sin oír ni mu, ¡menudo cuadro, hostia!

Cuatro capítulos y ni un anuncio de por medio

Los movimientos son como los capítulos de una serie, tronco: cada trozo tiene su rollo, pero juntos montan la historia, y el primero, el Allegro ma non troppo, es el de presentación, tenso y grandioso, con una coda que se zampa casi un cuarto entero, ¡mazo de epílogo! El segundo, el Scherzo molto vivace, es el capítulo chungo y acelerao, oscuro y concentrao, con un contraste de himno en medio pa' que respires, ¡brutal, colega! El tercero, el Adagio molto e cantabile, es el capi de mirar por la ventana, tranqui y con nostalgia, con variaciones sobre dos temas y un solo de la cuarta trompa que te deja p'atrás, ¡qué flow, peña! Y el cuarto, el Presto - Allegro assai, es el final de temporada: arranca en caos, tira de recuerdo de los capítulos anteriores, los manda a freír espárragos y suelta el tema de la Alegría, ¡de locos, tío!

Una voz en mi sinfonía: menudo morro

Antes de mí nadie había metido una voz humana en una sinfonía, illo, ¡fui el primero, qué locura! Encima usé la orquesta más grande que manejé en mi vida, ¡mazo de bichos tocando a la vez, colega! Ahí tienes piccolo, contrafagot, timbales, percusión, cuerdas, cuatro solistas y coro, ¡un fiestón, flipas! Y la cosa dura unos 65 minutos, o 74 según quién lo cuente, ¡vaya turra pa' los cronómetros, tronco!

Un poema que me tuvo mareao años

El final pone música a «An die Freude», la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller, que escribió en 1785, ¡mazo añejo, tío! Yo ya lo había intentado musicar varias veces antes de la Novena, ¡cabezón que es uno, colega! Los chelos y los contrabajos sueltan primero el tema de la Alegría y vienen tres variaciones solo de orquesta, ¡qué pasada, peña! Luego se cuela hasta una variación a lo marcha turca con platillos y bombo, ¡un fiestón de aúpa, quillo!

Dedicatoria con corona y viaje a Londres

La dediqué al rey Friedrich Wilhelm III de Prusia, ¡mazo de gesto con corona, colega! Las primeras ediciones, partes y partitura, salieron de Schott, ¡a la imprenta, tronco, que había que difundir el invento! En Londres se estrenó el 21 de marzo de 1825 con George Smart al mando, ¡pa' que luego digan que me olvidé de los guiris, tío! Y yo me despedí de este mundo el 26 de marzo de 1827 en Viena, ¡qué bajón, peña, pero qué música dejé!

De mi cabeza a la bandera europea

El Consejo de Europa adoptó la melodía de la Oda a la Alegría como himno el 12 de enero de 1972, con arreglo instrumental de Herbert von Karajan, ¡flipa, tronco! En junio de 1985 los jefes de Estado o de Gobierno eligieron lo mismo pa' la Comunidad Europea, ¡mazo de respeto, colega! Se oficializó el 29 de mayo de 1986 en una ceremonia en Bruselas, ¡qué movida, peña! Y mi manuscrito original entró en el registro Memoria del Mundo de la UNESCO en 2001, ¡una joya, tío, a mí me da algo!
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¡Pues nada, colega, que hasta aquí llega la movida y yo me quedo canso, pero contento, de tanto currármelo contándote mi Novena! ¿Te ha molado la historia de la Sinfonía n.º 9, tronco, o te has quedao flipao del todo? Piénsalo un rato, tío: yo plantao en el escenario del Kärntnertor Theater sin oír ni pío, y la peña venga a liarla, ¡menudo vacile del destino, illo! Y lo más fuerte es que aquella melodía de la alegría acabó siendo himno de Europa, oficial desde el 29 de mayo de 1986 en Bruselas, ¡un bombazo pa' un colega que ni pudo oír los aplausos! Pero ojo, peña, que de esta sinfonía queda mazo de tela que cortar, ¡hay más chicha que en un bocata de los gordos, quillo! Así que no te rayes, ni te quedes a medias: dale caña a los enlaces de aquí abajo, venga, y sigue tirando del hilo, ¡que te vas a petar la cabeza de lo bueno que hay, de locos!