Resacón bélico y penita con el Cello Concerto in E minor, Op. 85 de Elgar
Entre bastidores

Cello Concerto in E minor, Op. 85

Elgar cuenta lo que hay entre bastidores de Cello Concerto in E minor, Op. 85
¡Quillo, soy Elgar, tronco, y aquí te cuento la movida de detrás del Cello Concerto in E minor, Op. 85, flipa! Vas a flipar con cómo, en 1918, la noche de volver a casa tras un ingreso en Londres por una amígdala infectada, apunté la melodía del primer tema, ¡de locos! Pues nada, peña, que aquí mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más sonar, ¡así que  mete mano al entrenamiento , venga!
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Un chelo solo contra to' el mundo

¡Atiende, tronco, que te cuento una movida de chelo que te deja flipao! Se llama Cello Concerto in E minor, Op. 85, o sea, un chelo plantao delante de una orquesta entera, tipo uno contra todos, ¡de locos! Dura un poco menos de 30 minutos, colega, que es lo que tardas tú en elegir peli en el sofá, ¡qué rapidez, jolín! Y ojo, que ahí meto trombones y hasta una tuba, pa' que el chelo no se me achante ni de coña, ¿sabes?

Pasao de moda y a mucha honra

¡Hostia, tío, que después de la Primera Guerra Mundial mi música ya olía a naftalina pa' to' quisqui! Y yo, nada, ni caso, chaval, que me puse en plan melancólico total y me salió un concierto pa' llorar bajito. Aquí cero fuegos artificiales, colega, to' es mirar pa' dentro y rayarse con la vida, que pa' eso ya soy un abuelete. ¿Que si el personal lo pilló a la primera? Qué va, anda ya, eso vino con los años, ¡paciencia, illo!

Una amígdala fastidiá y una melodía de regalo

Pues nada, 1918, yo en un hospital de Londres con una amígdala infectá, ¡menudo bajón, joder! Vuelvo pa' casa y esa misma noche, zasca, apunto una melodía que se me quedó rulando en la mollera. Esa melodía acabó siendo el primer tema, tronco, o sea, la melodía estrella del primer rato, ¡un pelotazo! Y mira qué flipante: de una garganta hecha polvo sale una de mis obras más brutales, ¡a ver quién da más!

Mi cabaña en Sussex, sin wifi ni na'

Me encerré en Brinkwells, mi casita de campo cerca de Fittleworth, en Sussex, a currar sin que nadie me tocara las narices. Ahí, rodeao de árboles y de silencio, la inspiración me caía como chuche del cielo, ¡mazo de paz, colega! ¿Que cuándo empecé el concierto? A ver, nadie lo sabe a ciencia cierta, que no consta que lo arrancara antes de 1919 y la melodía ya la apunté en 1918, ¡menudo cacao, quillo! Así que si algún listillo te suelta la fecha exacta, chaval, desconfía, que eso es humo del bueno.

Dos chelistas dándome la brasa

Resulta que Carl Fuchs, un chelista, me había sacao la promesa de escribirle algo, y yo ahí, dándole largas como un jeta. Luego se le sumó Paul Grümmer, otro chelista, y entre los dos me dieron la vara hasta que me puse a ello, ¡qué plastas, joder! Se lo dediqué a Sidney Colvin y a su mujer, que menudo puntazo, ¿no, tío? Y Novello lo publicó en Londres entre 1920 y 1921, ¡pa' la imprenta, venga, vale, a tirar millas!

Cuatro capítulos, como una serie de las buenas

Fíjate, colega, un concierto viene troceao en movimientos, que son como los capítulos de una serie, cada uno con su rollo y su ritmo, y aquí me salen cuatro, ¡cuatro! El primero es Adagio – Moderato, unos 8 minutos de arrancar pausao, y el segundo, Lento – Allegro molto, es el capítulo canijo, 4½ minutos de empezar tranqui y pirarse a toda mecha, ¡flipas! El tercero es un Adagio a secas, unos 4 minutos y 50 segundos de bajón bonito, tronco, de esos que te cogen del alma y no te sueltan. Y el último, Allegro – Moderato – Allegro, ma non troppo – Poco più lento – Adagio, es el final de temporada, unos 11½ minutos, el más tocho de todos, ¡mazo de viaje, peña!

Un estreno que fue un cristo

El 27 de octubre de 1919, en el Queen's Hall de Londres, me tocó dirigir a la London Symphony Orchestra, ¡qué nervios, tío, qué sudores! El chelista era Felix Salmond, un máquina que se lo curró mazo preparándose la pieza, ¡un crack! Pero Albert Coates se pasó de su tiempo de ensayo y me birló minutos a mí, ¡menudo morro, chaval! Total, que la cosa salió regulín, pero la preparación de Salmond salvó los muebles, y yo se lo agradecí un montón, ¡sin él, chungo, colega!

Las críticas: palos y flores

Ernest Newman, en The Observer, le dio caña a la orquesta, ¡qué leche, tío! Pero ojo, que también flipó con la sabiduría y la belleza de fondo de la obra, ¡flor pa' mi jardín, colega! Y encima el siguiente concierto en Londres no llegó hasta más de un año después, ¡a esperar sentao, illo! Vamos, que no fue un pelotazo de primeras, el cariño fue creciendo con los años, ¡y mira ahora, chaval!

Nueva York me puso cara de póker

El estreno americano fue el 21 de noviembre de 1922 en el Carnegie Hall, con Jean Gérardy al chelo, la Philadelphia Orchestra y Leopold Stokowski dirigiendo, ¡un plantel de aúpa, joder! ¿Y el público allí? Más frío que un polo, tronco, entusiasmo cero patatero. Imagínate el chelo triste soltando su rollo en Nueva York y el personal en plan meh, ¡qué cringe, madre mía! Pero ni caso, tío: lo bueno se hace de rogar, y esta pieza se hizo de rogar a tope, ¡flipante!

De un disco cutre a la reina du Pré

En 1920 grabé con Beatrice Harrison una versión acústica cortada a cachos, ¡un churro, pero con su encanto, colega! La primera grabación completa llegó en 1928, ¡por fin entera, tronco, de pe a pa! Y en 1965 Jacqueline du Pré, con Sir John Barbirolli y la London Symphony Orchestra, la grabó y ¡zasca!, ayudó mazo a que la pieza se hiciera popular, un bombazo de los que flipas. Hoy, junto al concierto de Dvořák, es de los dos conciertos de chelo que más se tocan, ¡vamos, que soy el rey del mambo, peña!
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¡Venga ya, colega, que se nos acaba la movida y yo con el moco caído! ¿Te ha molao la historia del Cello Concerto in E minor, Op. 85, o qué, tronco? Pues nada, illo, que esto es solo la puntica del iceberg, porque aún le quedan mazo de rincones por destripar a este chelo, ¡de locos! Fíjate, peña, que ese concierto sigue siendo uno de los dos más tocaos del mundo, a la par del de Dvořák, ¡y flipas! Así que, a ver, dale al enlace de ahí abajo y sigue currándote el cotilleo, que hay chicha pa' rato, ¡venga, no te me rajes! Yo te espero aquí con el arco listo, quillo, ¡que esto es un viaje que mola cantidad y no se acaba ni de coña!