Encargo chungo de ultratumba con el Requiem de Mozart
Entre bastidores

Requiem in D minor, K. 626

Mozart cuenta lo que hay entre bastidores de Requiem
¡Hostia, peña, soy Mozart y te destripo la historia que hay detrás del Requiem, tronco, que tiene su tela! ¡Vas a flipar con el mensajero random que me llegó en el verano de 1791 sin soltar quién pagaba, un misterio de locos, tío, y mazo de chungo! Anda, que mis colegas compositores y yo también te enseñamos aquí a reconocer nuestras piezas cuando suenan, ¡ métete en el entrenamiento  y pruébalo, crack, que flipas!
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Un colega sin nombre y con mucha cara

¡Quillo, flipa con esto! En el verano de 1791 me llega un mensajero de la nada, tipo espía de peli cutre, y me suelta un encargo de misa de difuntos sin decir quién paga. O sea, el tío de la pasta se queda en la sombra, anónimo total, y yo ahí, rayao, pensando que menuda movida más rara. Pues nada, acepto, que un currele es un currele, sabes, y de ahí sale el Requiem, que es mi obra en re menor, la K. 626, ¡casi ná!

El conde que fardaba de obras ajenas

A ver, el que mandaba al mensajero era el conde Franz Walsegg von Stuppach, un tío con ínfulas de músico que tocaba por afición, en plan aficionao de barrio con título. Su costumbre, y esto es de morirse de risa, era encargar obras a compositores y luego darse el pego diciendo que eran suyas, ¡qué jeta, colega, qué jeta! Esta vez la movida era por su mujer, que se había ido pa'l otro barrio en febrero de ese año, y el hombre quería un homenaje a lo grande. Mola la idea, pero ni de coña me iba a imaginar yo que el conde pensaba colgarse la medalla con mi curro.

Agentes, misterio y un mensajero con pinta de Leitgeb

Venga, que la cosa se pone más chunga: en Viena se me acercan unos agentes y tampoco me largan quién es el patrón, ¡un secretismo de locos, tronco! Del mensajero, lo que cuenta la peña es que probablemente era un tal Franz Anton Leitgeb, pero ahí nadie lo jura, que quede claro. Imagínate el careto mío: yo, currando pa' un fantasma, con un tío que va y viene y no da ni un nombre, ¡flipas! Vamos, que parecía el típico trabajillo de colega de un colega, de los que huelen a chungo a kilómetros.

Currando contra el reloj, literal

Me pongo con el Requiem hacia el 8 de octubre de 1791, a toda máquina, sin parar, ¡un no parar, tío! Aguanto el ritmo hasta el 20 de noviembre, y ese día me quedo en la cama, pillao, sin fuerzas pa' seguir la movida. Y el 5 de diciembre de 1791, en Viena, me piro de este mundo, ¡hostia, así de golpe!, dejando la obra a medias. Un final de peli, sí, pero de las que dan mazo de rabia, sabes, porque yo todavía tenía cuerda pa' rato.

Los movimientos, o sea, los platos del menú

A ver, un movimiento es como un plato de un menú de degustación: cada uno sabe distinto, pero todos van pa' la misma mesa, ¿pillas la idea, colega? Primero cae el Introitus, y sin respirar viene el Kyrie, luego la Sequenz, que es el platazo con seis bocados de locos: Dies irae, Tuba mirum, Rex tremendae, Recordare, Confutatis y Lacrimosa. Después el Offertorium, con dos tragos, Domine Jesu y Hostias, y a continuación van pasando el Sanctus, el Benedictus y el Agnus Dei, uno detrás de otro, ¡sin parar la fiesta! Y pa' el postre, el Communio, así que en unos 50 minutos te zampas todo el banquete, tronco, y sales flipao.

Una partitura de borrador y apuntes

Mi partitura estaba montada en doce pentagramas, o sea, una pasada de papel, ¡mazo de rayas! En gran parte del rollo ya tenía hechas las voces del coro y los bajos, y lo demás eran apuntes y bocetos pa' los pasajes más liosos, tipo chuleta de examen. Orquestado del todo, ojo, solo dejé el Introitus, que es lo único que acabé yo entero, ¡qué crack! El resto quedó en borrador, ¡brutal, sí!, pero con la base tan currada que otros pudieron seguir el hilo.

Constanze se pone las pilas

Mi viuda Constanze, que no era tonta, se movió rapidísimo pa' que alguien rematase la obra y así cobrar la pasta del encargo, ¡toma ya! Primero se la pasó a Joseph Leopold Eybler el 21 de diciembre de 1791, que se puso a orquestar un rato, pero acabó tirando la toalla, ¡qué tela! Entonces entró en escena Franz Xaver Süssmayr, un pupilo mío que vivía pegao a mí, que nació en 1766 y murió en 1803, y fue el que la terminó. Vamos, que entre unos y otros se montó un equipo de rescate de la leche, ¡y a mí me hace gracia, illo!

Süssmayr y el misterio de las tres partes

Süssmayr dejó dicho que el Sanctus, el Benedictus y el Agnus Dei los había compuesto él enterito, ¡menudo cartel, colega! Pero los expertos llevan una vida dándole vueltas, en plan debate de bar, a cuánto es suyo de verdad y cuánto sigue mis indicaciones, y nadie lo sabe seguro. No es verdad, ojo, que él convirtiera garabatos en toda la obra, porque mis voces y mis bajos estaban hechos en buena parte, ¡no me jodas! Lo suyo fue rematar la faena, y eso tiene su mérito, pa' qué negarlo, pero la gloria del esqueleto es mía, ¡anda ya!

Los estrenos: tres fiestas y un caradura

Atento, que esto va rápido: el 10 de diciembre de 1791 sonaron partes del Requiem en un funeral por mí en Viena, ¡mi propia misa y yo sin enterarme, flipa! La primera vez completa fue el 2 de enero de 1793 en la sala Jahn-Saal, también en Viena, un concierto benéfico pa' Constanze, ¡qué mona la peña! Luego el conde Walsegg montó su propia ceremonia el 14 de diciembre de 1793 en Wiener Neustadt, y la partitura le llegó a primeros de diciembre de 1793, ¡el tío no perdió ni un pimiento! Y en 1796 ya se oía en Leipzig, o sea, la movida se iba corriendo por Europa como un chisme bueno.

Salieri, el villano de pega

¡Anda ya, venga, que te cuento el bulo más gordo! Dicen por ahí que Salieri me envenenó o me asustó vestido de figura enmascarada en gris, pero eso no tiene ni un gramo de verdad, tronco. La leyenda se inflamó por la obra de teatro de Pushkin, por una ópera de Rimsky-Korsakov y por la obra de teatro Amadeus de Peter Shaffer en 1979, que es puro cuento de peña con imaginación. Y lo de si yo creía que escribía el Requiem pa' mí mismo es otra historia que cuentan Constanze y escritores de después, o sea, nadie lo sabe a ciencia cierta. Así que quédate con la música, colega, que es lo que mola de verdad, y deja las intrigas pa' las pelis, ¡de locos, te lo juro!
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¡Hostia, peña, menudo viaje nos hemos pegao por la historia del Requiem, flipante total! ¿Te ha molao la movida de cómo nació el Requiem, tío, o te has quedao pillao y con la boca abierta? Mira, mi pluma se me quedó tiesa en diciembre de 1791, y aun así la peña lleva siglos dándole vueltas al tema, ¡qué fuerte, de locos! Mi pupilo Süssmayr y mi Constanze se currieron el marrón de acabarlo, ¡menuda tropa, mazo de peli! Pero a ver, colega, que aún queda tela por cortar, que el Requiem tiene mazo de rincones pa' explorar y esto no se acaba aquí, ni de coña. Así que dale a los enlaces de por aquí, venga, y tira del hilo to' lo que quieras, ¡que te vas a flipar, quillo! Descanso eterno pa' mí, vale, pero pa' tus orejas qué va, ¡a escuchar, máquina!