Pirándonos al espacio con The Planets de Holst
VII. Neptune, the Mystic

The Planets, Op. 32

Holst presenta una guía de escucha de VII. Neptune, the Mystic, dentro de The Planets
¡Chaval, chaval, que soy Holst y te cuento la VII. Neptune, the Mystic, una movida mazo de misteriosa, tío! ¡Vas a flipar con dos coros de mujeres cantando sin palabras desde la sala de al lao, y cuando cierran la puerta poquito a poco, las voces se esfuman en el silencio, de locos, tronco! Mira,  mete mano al entrenamiento  un rato, que mis compis del pentagrama y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras piezas nada más oírlas, ¡no te rajes, colega!
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Orejas abiertas y el móvil en silencio

¡Hostia, colega, siéntate y baja el volumen del mundo, que el VII. Neptune, the Mystic va flojito de principio a fin, ni un petardazo, tío! Aquí no hay machaque como en otras movidas de la suite, o sea, toca pegar la oreja y dejarte llevar, que si no te pierdes el rollo. Fíjate en los metales, que sueltan acordes de mi menor y de sol sostenido menor sonando juntos, ¡un choque raro y bonito, flipas! Y pilla el truco final: unas voces de mujer sin palabras que suenan desde otra sala, tipo fantasmitas de peli, ¡alucinas, tronco!

Un título de horóscopo, no de telescopio

¡Anda ya, peña, que lo de «the Mystic» no me lo saqué de la manga, lo pillé de los libros de astrología de Alan Leo! O sea, yo no iba de astronomía ni de mitología, qué va, mi rollo era el horóscopo, ¡a ver quién me tose! Neptuno lo dejé pa' cerrar el chiringuito, ¿sabes?, porque ordené los siete movimientos por lo que mejor funcionaba en música y no por la cola de planetas desde el Sol, vamos, sin mirar el mapa del cole. Lo de «místico» le pega como un guante, quillo, porque suena a niebla, a misterio y a bajón de wifi en el más allá, ¡de locos!

La forma: ¡esto es otro rollo!

¡Mira, tronco, que a la forma de este Neptuno no se le pilla el truco a la primera! No esperes un esquema de manual, qué va, que aquí no hay tempo marcado y todo se mece con un compás irregular, tipo barco con resaca. Yo lo troceo en cuatro tramos, ojo, que no son cuatro bloques con cartelito, sino cuatro maneras de oír cómo se va apagando to', ¿pillas? Ahora voy uno por uno, así que agárrate, que viene un viaje chungo de bonito, ¡dabuten!

Sección 1: El balanceo del colega mareado

¡Empiezo sin tempo marcado, peña, o sea, cero prisas y cero reloj, que el pulso se escurre como jabón en la ducha! El compás es irregular y se balancea, flipa, tipo hamaca con el tío del chiringuito dándole empujones. Todo suena bajito, mazo de bajito, que ni los vecinos se enteran, ¡y mira que eso ya es difícil! Aquí la vibra es de calma rarita, ¿sabes?, pues nada, como flotar en un charco cósmico sin saber pa' dónde tira la corriente.

Sección 2: Los metales se lían la manta a la cabeza

¡Joder, tronco, aquí los metales sueltan el acorde de mi menor y el de sol sostenido menor juntos, en plan dos colegas hablando a la vez y entendiéndose igual! Eso le da un aire turbio y brillante, de locos, como si la tonalidad se hubiera pirado a por churros y no volviera. Y ojo, que ni al final te la dejo clarita, porque el cierre queda tonalmente en el aire, ¡me encanta dejarte con la mosca detrás de la oreja, quillo! Pa' qué te voy a engañar, hostia: es un rollo chungo de los buenos, un misterio que te deja flipao mirando al techo.

Sección 3: Las voces fantasma del cuarto de al lado

¡Illo, atento, que aquí entran dos coros de mujeres, de tres voces cada uno, cantando sin palabras, o sea, puro «aaaah» de ultratumba! Cantan desde una sala de al lado, tapaítos pa' que el público no los vea, ¡como un karaoke secreto de los espíritus, tío! Eso mola mazo, porque el sonido llega difuminao y de lejos, y parece venir del más allá y no de unos cantantes con partitura. Pa' mí es el truco estrella de la pieza, peña, de esos que se te quedan grabaos en la cabeza, brutal.

Sección 4: Cierra la puerta que se escapa el misterio

¡Madre mía, colega, el final es la jugada maestra: acabo en pianissimo mientras van cerrando poco a poco la puerta de la sala de las cantantes! Las voces se apagan hasta el silencio, ¡tronco, es como cuando se te acaba la batería pero en versión poética! No hay golpe final, ni petardazo, ni aplauso a traición, solo un fundido a negro con vibra rara y la tonalidad sin cerrar, ¿sabes? Y así se despide la suite entera, que Neptuno es el séptimo y último, o sea, el que apaga la luz y se pira sin hacer ruido.

Dale al play y flota, crack

¡Hala, ahora te toca a ti, colega: dale al play y déjate caer en el VII. Neptune, the Mystic como quien se tira a una piscina de niebla! Mientras suena, acuérdate de lo que hemos charlao: el balanceo sin tempo, los metales chocando y las voces de la sala de al lado, ¡de locos! Ojalá flipes oyéndolo tanto como yo escribiéndolo, tío, que fue un viaje brutal. Y cuando se cierre la puerta y no quede ni un suspiro, pues nada, respira hondo, peña, que has llegado hasta Neptuno sin pagar billete.
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¡Hostia, tronco, así me despido en Neptuno: la puerta del cuarto se cierra poquito a poco y las voces se me van apagando hasta el silencio, un rollo mazo místico que te deja flipao! Y tú, colega, ¿te ha molao este repaso a la guía de escucha de VII. Neptune, the Mystic, de The Planets, o qué? ¡Anda ya, que ni de coña esto se acaba aquí, peña, porque en The Planets te quedan mazo de rincones por cotillear, de locos! Pues nada, quillo, dale clic a los enlaces que tienes por aquí y pírate a seguir pillando movidas de la suite, ¡venga, no te me rajes, que mola un montón! Yo me quedo tras la puerta, tipo fantasma con flow, y tú ya me dirás qué tal, ¿vale, tío?