Turismo espacial con The Planets de Holst
VII. Neptune, the Mystic
The Planets, Op. 32

Soy Gustav Holst, y voy a explicarte VII. Neptune, the Mystic, el movimiento que cierra mi suite The Planets. Vas a escuchar cómo los metales hacen sonar a la vez un acorde de mi menor y otro de sol sostenido menor, y por qué esa mezcla suena tan misteriosa. Mis compañeros de oficio y yo te enseñamos aquí a reconocer cada pieza nada más oírla, así que anímate a entrar en el entrenamiento .
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Cierra los ojos y baja el volumen del mundo
Para este movimiento te pido algo poco habitual: que no esperes una melodía a la que agarrarte. En VII. Neptune, the Mystic todo suena en voz baja de principio a fin, así que conviene escucharlo en silencio y sin prisa. Fíjate en el vaivén del compás, que es irregular y no te deja marcar el ritmo con el pie, y en los metales, que de pronto juntan dos acordes que no deberían llevarse bien. Y quédate atento a unas voces de mujeres que cantan sin palabras y de las que no sabrás muy bien de dónde vienen.Un título prestado de los libros de astrología
El subtítulo «the Mystic» lo tomé de los libros de astrología de Alan Leo, igual que hice con el de Mercury. Toda la suite nació de la astrología, no de la astronomía ni de la mitología, y la idea me vino en la primavera de 1913, durante unas vacaciones en España en las que ese tema salió en la conversación. Para mí lo místico es lo que se siente antes de poder explicarlo, y por eso quise una música sin contornos claros. Si lo piensas, un coro sin palabras es la manera más honesta de cantar algo que no se puede decir.Una niebla con su orden
Esta es una música que tenía que flotar, y por eso su forma se parece más a un viaje que a un edificio. No le puse indicación de tempo, así que no hay un pulso firme al que sujetarse, y el compás se balancea de manera irregular. Por eso te lo cuento en cuatro secciones, más como etapas de un viaje que como habitaciones de un edificio: el balanceo inicial, la bruma de los acordes, la entrada de las voces y el cierre con la puerta. Iré deteniéndome en cada una, y verás que juntas forman una sola respiración larga con la que se despide toda la suite.Sección 1: El balanceo que no avisa
Empiezo sin indicación de tempo, y esa ausencia ya te dice que aquí nadie va a marcar el paso. El compás se mece de forma irregular, como una barca que cabecea sin rumbo fijo. Todo suena muy suave, y te toca acercar el oído para no perder ningún detalle. Esta calma inicial prepara el terreno, porque el misterio solo funciona si nadie levanta la voz.Sección 2: Dos acordes que comparten piso a la fuerza
Más adelante los metales hacen sonar a la vez un acorde de mi menor y otro de sol sostenido menor. Ninguna de las dos tonalidades termina de imponerse, y el oído se queda suspendido, sin saber en qué casa está. No es un choque violento, porque sigue todo en voz baja, sino más bien una luz borrosa que no deja ver los bordes. El ánimo pasa de la quietud a una inquietud suave, de esas que te hacen mirar por encima del hombro sin saber por qué.Sección 3: Voces que no se dejan ver
Entonces aparecen dos coros de mujeres, cada uno a tres voces, que cantan sin palabras. Están en una sala contigua, ocultas al público, y por eso su sonido llega algo velado y sin una dirección clara. Su canto no tiene texto, es una especie de oleaje que se suma a la orquesta. El ánimo cambia de lo inquietante a lo etéreo, como si lo humano sonara desde muy lejos.Sección 4: La puerta que se cierra despacio
El final es lo que más recuerda la gente: la obra acaba en pianissimo mientras la puerta de la sala de las cantantes se va cerrando poco a poco. Las voces se alejan hasta hacerse silencio, y la música se despide sin avisarte de que todo ha terminado. Tonalmente tampoco hay un lugar claro donde descansar, así que el final queda incierto, como una pregunta que nadie contesta. Por eso te aconsejo que no te muevas hasta que el silencio sea de verdad, porque también forma parte de la música.Ahora te toca a ti: pulsa el play
Ahora te invito a vivir VII. Neptune, the Mystic por tu cuenta: pulsa el play y déjate envolver por la música. Mientras suena, quizá te acuerdes de lo que hemos hablado: el balanceo, los acordes que no se ponen de acuerdo y las voces que llegan desde el otro lado de la puerta. No intentes entenderlo todo, y deja que la música ocupe su sitio poco a poco. Ojalá este viaje te emocione tanto como me emocionó a mí componerlo.---
Con Neptune cierro The Planets, y me gusta pensar que su final no termina del todo, porque la música queda flotando sin asentarse en una tonalidad clara. Ese balanceo suave, callado y un poco misterioso es lo que quise dejarte en el oído al despedirnos. ¿Te ha gustado recorrer conmigo la guía de escucha de VII. Neptune, the Mystic? Si es así, quedan todavía muchas cosas por descubrir en The Planets, desde la historia de cómo nació hasta cada uno de los demás movimientos. Te invito a pulsar en los enlaces que encontrarás en esta página para seguir explorando la obra a tu ritmo.
Mejores momentosEntre bastidoresGuía de escucha 1: I. Mars, the Bringer of WarGuía de escucha 2: II. Venus, the Bringer of PeaceGuía de escucha 3: III. Mercury, the Winged MessengerGuía de escucha 4: IV. Jupiter, the Bringer of JollityGuía de escucha 5: V. Saturn, the Bringer of Old AgeGuía de escucha 6: VI. Uranus, the MagicianMás sobre HolstAprende a reconocerla cuando la oigas
