Turismo espacial con The Planets de Holst
III. Mercury, the Winged Messenger

The Planets, Op. 32

Holst presenta una guía de escucha de III. Mercury, the Winged Messenger, de The Planets
Soy Gustav Holst, y ahora voy a explicarte III. Mercury, the Winged Messenger, el último movimiento que compuse de The Planets. Vas a escuchar cómo el si bemol mayor y el mi mayor se cruzan en un scherzo vertiginoso de menos de cuatro minutos, y por qué eso vale tu tiempo. En esta web, mis colegas de composición y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras nada más escucharlas, y te invito a  ponerte a prueba aquí .
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Cómo escuchar: no parpadees, que se acaba enseguida

Te propongo una sola tarea: sigue los destellos de los instrumentos que más brillan, porque esta pieza no se queda quieta ni un momento. Fíjate en el violín solo, en el arpa tocando muy arriba, en la flauta y en el glockenspiel, que son los que más se asoman. Yo escribí III. Mercury, the Winged Messenger en Vivace de principio a fin y en un compás de 6/8 que da saltitos, como quien baja una escalera de dos en dos. Si te pierdes, quédate con ese balanceo ligero y espera a que el siguiente destello vuelva a pasar a tu lado.

Un nombre con alas

El subtítulo «the Winged Messenger» no salió solo de mi cabeza: lo tomé de los escritos astrológicos de Alan Leo. Mi punto de partida para The Planets fue la astrología, no la astronomía ni la mitología, así que lo que busqué fue un carácter y no un retrato del planeta. Para Mercurio quise una música ligera y veloz, que parezca ir de un sitio a otro con recados urgentes. Fue además el último movimiento que escribí, a comienzos de 1916, y creo que se nota que ya conocía bien el camino.

Una forma que no se deja atrapar

La forma de este movimiento no se deja atrapar con facilidad. Lo concebí como un scherzo rápido, es decir, una pieza juguetona y ligera, y resulta ser el movimiento más corto de la suite, de unos tres minutos y medio a cuatro. Aquí te lo cuento solo por encima, en tres secciones, y en los párrafos siguientes las recorreremos una por una. Lo que las une es un juego de fragmentos que se asoman, se cruzan y desaparecen, como mensajeros que se tropiezan en una plaza.

Sección 1: El mensajero sale por la puerta

La primera sección es la salida: el Vivace echa a andar y el 6/8 empieza a brincar sin darte tiempo a ponerte cómodo. El ánimo es de ligereza total, sin dramas ni solemnidad, como si el planeta tuviera prisa por entregar su mensaje. No esperes una melodía larga que puedas tararear de un tirón, porque lo que oyes son ideas cortas que aparecen y se van. Por eso no te conviene buscar dónde descansar, ya que el reposo no está en el programa.

Sección 2: Dos tonalidades en la misma habitación

En la parte central lo que más llama la atención son los cambios de color, porque pongo fragmentos en si bemol mayor junto a otros en mi mayor. A eso se le llama bitonalidad, y suena como si dos conversaciones distintas se cruzaran a la vez sin molestarse la una a la otra. El tempo sigue siendo Vivace, de modo que el efecto es de desconcierto divertido y no de tensión. Si te parece que el suelo se mueve un poco bajo los pies, vas por buen camino, porque justo eso es lo que yo quería.

Sección 3: Chispas y despedida

En la última sección dejo que se luzcan los instrumentos agudos: el violín solo, el arpa en lo alto, la flauta y el glockenspiel. Suenan como pequeñas chispas de luz, y el ánimo es de juego y de brillo más que de misterio. El pulso no afloja en ningún momento, y el movimiento termina tan pronto que apenas te da tiempo a darte cuenta de que el mensajero ya se ha marchado. Esa es su gracia: no se queda a charlar, entrega el recado y desaparece.

Ahora te toca a ti

Ahora te invito a que vivas III. Mercury, the Winged Messenger por tu cuenta: pulsa el play y déjate envolver por la música. Mientras suena, ten presente lo que hemos hablado, es decir, los destellos del violín, del arpa, de la flauta y del glockenspiel, y ese 6/8 que no para. Como dura tan poco, puedes escucharla dos veces seguidas y comprobar cuántos detalles se te escaparon la primera. Ojalá disfrutes este viaje por mi III. Mercury, the Winged Messenger tanto como disfruté yo componiéndolo.
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Mercury pasa volando: es el movimiento más corto de toda la suite, y aun así creo que deja la sensación de haber visto cruzar algo muy rápido y muy luminoso. Fue además el último que escribí, a comienzos de 1916, cuando The Planets ya estaba casi completa. Por eso me gusta pensar que en esos pocos minutos hay un poco de prisa, un poco de travesura y mucho oficio. ¿Te ha gustado conocer conmigo la guía de escucha de III. Mercury, the Winged Messenger? Si es así, quédate un rato más, porque en The Planets todavía quedan muchas cosas por descubrir: otros movimientos, otros ambientes y toda la historia de cómo llegó a existir. Cada parte tiene su propio carácter, y escuchar una te dará ganas de conocer las demás. Te invito a hacer clic en los enlaces que tienes a continuación para seguir explorando The Planets a tu ritmo.