Turismo espacial con The Planets de Holst
I. Mars, the Bringer of War
The Planets, Op. 32

Soy Gustav Holst, y voy a explicarte I. Mars, the Bringer of War, el movimiento con el que empecé a componer The Planets. Vas a notar cómo una música que arranca casi en susurro va creciendo sin pausa hasta un clímax disonante de volumen máximo, y por qué esa tensión no te suelta. Aquí en la web también te enseñamos, mis colegas de oficio y yo, a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que atrévete con el entrenamiento .
---
Cómo escuchar: ponte cómodo y no te fíes del principio
Te propongo una sola tarea: quédate con el pulso de cinco tiempos que no se detiene y deja que todo lo demás ocurra encima de él. Yo marqué la pieza como Allegro, en 5/4, y casi todo se apoya en un ostinato, es decir, una figura que se repite una y otra vez sin pedir permiso. Fíjate en cómo va entrando más gente en la orquesta, porque aquí el ritmo no cambia, lo que cambia es el tamaño del sonido. Si en algún momento te pierdes, vuelve al pulso, que funciona como el hilo que te devuelve a la salida de un laberinto.Un nombre que promete más de lo que cuenta
Llamé a esta pieza Mars, the Bringer of War porque mi punto de partida fue la astrología, y no la astronomía ni la mitología clásica. Fue el primer movimiento que compuse, a mediados de 1914, y lo terminé antes de que empezara la guerra. Por eso no es una crónica de batallas, sino la idea de la guerra como una fuerza que avanza y que nadie sabe cómo frenar. Entiendo que hoy, al escucharla, mucha gente piense en lo que vino después, y no te lo voy a discutir.Una bola de nieve con timbales
Lo bueno de esta pieza es que su forma se entiende con el oído, sin necesidad de teoría. Todo se apoya en el pulso de 5/4, que empieza en voz baja y va acumulando fuerza hasta llegar a la cumbre. Yo te la cuento en cuatro secciones: un comienzo en voz baja, un avance cada vez más cargado, el clímax y el tramo final. Ahora las repasamos una a una, y verás que se pasa de cada una a la siguiente casi sin darte cuenta.Sección 1: Algo se acerca, pero todavía no se le ve la cara
Todo arranca en voz baja y con el Allegro ya puesto en marcha, de modo que la calma que notas es solo aparente. El 5/4 se instala desde el primer compás, y como lo que domina es el pulso, tu oído se queda atento a él. Aquí el pulso no se mueve, y esa regularidad es precisamente lo que pone nerviosa a la música. El estado de ánimo es el de una amenaza lejana: nada ocurre todavía, pero tú ya sabes que va a ocurrir.Sección 2: Se apunta todo el mundo
Poco a poco el sonido se vuelve más grueso, porque cada vez tocan más instrumentos y con más fuerza. El tempo sigue exactamente igual, y sin embargo la música parece ir más deprisa, como pasa cuando una multitud echa a andar al mismo paso. La orquesta empieza a imponer su carácter sobre ese pulso, y el ambiente pasa de la inquietud a la amenaza abierta. Si escuchas con atención, notarás que cada ola es un poco más alta que la anterior.Sección 3: Aquí se acabó la buena educación
Llegamos a la cumbre, con la orquesta entera en un cuádruple forte, que es lo más fuerte que yo sé escribir en una partitura. Los seis timbales, tocados por dos intérpretes, hacen temblar el suelo, y las armonías son disonantes a propósito, para que nada suene a alivio. No busques belleza en este momento, porque lo que he querido es que se sienta el peso de todo el conjunto empujando a la vez. Es el punto en el que el pulso del principio, que parecía inofensivo, enseña por fin de qué estaba hecho.Sección 4: El pulso no sabe despedirse
En el tramo final la música no se acomoda ni se relaja, porque el ritmo de cinco tiempos sigue ahí, terco hasta el último momento. Después del clímax podrías esperar un consuelo, pero yo no te lo doy, y esa falta de consuelo es parte de la historia que quería contar. El único descanso de verdad llega con la pieza siguiente, II. Venus, the Bringer of Peace, que viene a recoger los restos. Así que fíjate bien en cómo termina esta, porque lo que te deja es una sensación de presión que tarda en irse.Ahora te toca a ti: dale al play
Te invito a que vivas I. Mars, the Bringer of War por tu cuenta, así que pulsa el botón de reproducir y deja que la música te envuelva. Mientras suena, acuérdate de lo que hemos hablado: el pulso de cinco tiempos, el sonido que va creciendo y esa cumbre que no da tregua. Yo prefiero que esta pieza se escuche dentro de la suite completa, aunque entiendo que por algún sitio hay que empezar. Ojalá este viaje por mi I. Mars, the Bringer of War te emocione tanto como me emocionó a mí al componerlo.---
Antes de despedirme, quiero que te quedes con una sensación: la de un sonido que crece poco a poco hasta llenarlo todo. Fue lo primero que escribí de toda la suite, a mediados de 1914, y aún me gusta pensar en aquel pulso como el punto de partida de todo lo demás. ¿Te ha gustado esta guía de escucha de I. Mars, the Bringer of War? Todavía queda mucho por descubrir de The Planets, con otros mundos que suenan muy distintos a este. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces y déjate llevar por el resto de la obra.
Mejores momentosEntre bastidoresGuía de escucha 2: II. Venus, the Bringer of PeaceGuía de escucha 3: III. Mercury, the Winged MessengerGuía de escucha 4: IV. Jupiter, the Bringer of JollityGuía de escucha 5: V. Saturn, the Bringer of Old AgeGuía de escucha 6: VI. Uranus, the MagicianGuía de escucha 7: VII. Neptune, the MysticMás sobre HolstAprende a reconocerla cuando la oigas
