Un órgano de misterio con la Toccata and Fugue in D Minor de Bach
Entre bastidores
Toccata and Fugue in D minor, BWV 565

Soy Johann Sebastian Bach, y te doy la bienvenida a la historia que hay detrás de mi Toccata and Fugue in D Minor. Vas a saber por qué una obra tan famosa guarda un misterio: no se conserva ningún manuscrito mío, solo una copia sin fecha de Johannes Ringk, y nadie sabe cuándo la escribí. Aquí mis compañeros compositores y yo también te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto las oyes, así que entra en el entrenamiento y pruébalo.
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Un currículum que empieza en Eisenach
Nací en Eisenach en 1685 y, mirando atrás, mi destino parece haber estado escrito en un teclado. Con los años fui organista en varias ciudades, y la Toccata and Fugue in D Minor viene de esa época en la que yo todavía andaba de un sitio a otro. Lo curioso es que de esta obra hay más preguntas que respuestas. Por eso te cuento lo que sí está claro y te aviso de lo que se ha quedado entre la niebla.Mi primer órgano de verdad
En 1703 me nombraron organista de la Iglesia Nueva de Arnstadt, y allí empecé a tocar con mucha libertad. Un órgano grande en manos de un joven con ganas de lucirse da resultados como esta obra. Hay quien piensa que la escribí precisamente en Arnstadt. Otros prefieren pensar en Weimar, adonde volví en 1708 como organista de la corte, y la verdad es que nadie puede demostrar ninguna de las dos cosas.Cuatrocientos cincuenta kilómetros por un concierto
Entre 1705 y 1706 pedí cuatro meses de permiso en Arnstadt para ir a Lübeck a escuchar a Dieterich Buxtehude. Eran unos 450 km de ida, y otros tantos de vuelta, así que no se puede decir que fuera a dar un simple paseo. Volví con la cabeza llena de ideas atrevidas sobre lo que se podía hacer con un órgano. Es muy tentador oír ese espíritu de improvisador en el arranque de mi Toccata, aunque ninguna prueba une una cosa con la otra.El año que nadie sabe
Si me preguntas cuándo escribí esta obra, tengo que contestarte que no hay un año firme. Unos la sitúan entre 1703 y 1707, otros apuntan a 1708 con un interrogante, y otros abren tanto el abanico que casi no queda fecha por descartar. Tampoco se sabe para quién la escribí ni quién la tocó por primera vez, porque no consta encargo, dedicatoria ni estreno. Es como encontrar una carta preciosa sin fecha, sin remitente y sin sobre.Un húsar al teclado
Hay quien dice que esta obra es típica del Bach joven, escrita con un estilo algo bruto que llaman de «húsar del teclado». Me hace gracia, porque un húsar es un soldado de caballería, y la imagen de mí cargando contra el órgano no está nada mal. La obra tiene dos partes: la Toccata, que suena a improvisación y empieza en Adagio, y la fuga, construida con una disciplina estricta. Esa mezcla de libertad y rigor es lo que la hace tan especial.Ni rastro de mi letra
No se conserva ningún manuscrito mío de esta obra, y eso, para un compositor, es como haber perdido el original de su propia receta. Lo que nos queda es una copia sin fecha de Johannes Ringk, guardada en Berlín, en la colección del Patrimonio Cultural Prusiano. Ringk fue alumno de Johann Peter Kellner, que a su vez había sido alumno mío. Que solo exista esa copia cercana a mi tiempo indica que la obra no andaba precisamente en boca de todos mientras yo vivía.¿Seguro que la escribí yo?
Pues hay quien lo duda: Peter Williams lo puso en cuestión en 1981, y Rolf Dietrich Claus hizo lo mismo en 1995. Christoph Wolff, en cambio, sostiene que la obra es mía. Yo, que debería saberlo mejor que nadie, prefiero dejarte con un poco de intriga. Mientras tanto, la obra sigue catalogada como BWV 565 y con mi nombre.Un violín fantasma
Otra teoría cuenta que la obra empezó siendo una pieza para violín, hoy perdida, que luego se pasó al órgano. No hay consenso, y como esa supuesta partitura no aparece por ningún lado, tenemos un fantasma sin pruebas. De ser cierta, sería una obra de órgano con alma de violinista. Fíjate en cómo corren algunas frases de la fuga, que a más de uno le suenan a dedos ágiles sobre cuerdas.El final que se desboca
Cuando termina la fuga llega una coda corta marcada «Recitativo», con varios cambios de tempo. Es como si el órgano recuperara la voz libre del principio, ahora dudando, ahora acelerando. Ese ir y venir te prepara para el cierre y te deja con el pulso un poco alterado. Así se despide la obra, con el mismo sentido del teatro con que empezó.De copia rara a banda sonora
Cuando morí en Leipzig, en 1750, nadie podía imaginar lo que vendría, y casi ochenta años después Felix Mendelssohn empezó el renacimiento de mi música con la St Matthew Passion en 1829. Con el tiempo, esta obra tuvo versiones para orquesta y otros conjuntos, entre ellas las de Ferruccio Busoni y Marcel Dupré. También la oirás en Fantasia, de Walt Disney, y se ha escuchado en The Phantom of the Opera. Quién me iba a decir que una copia hecha por un alumno de un alumno acabaría poniendo la piel de gallina a tanta gente.---
Y hasta aquí llega lo que sé contarte de esta obra, aunque me quedo con la sensación de que aún queda mucho por decir. Cuando miro atrás, lo que más me gusta es que nadie sabe del todo cuándo ni dónde la escribí, y que esa duda no le quita nada a la fuerza de sus primeras notas. Durante todo este tiempo has seguido el hilo de la Toccata and Fugue in D Minor, desde aquel mordente inicial hasta el último gesto del final. ¿Te ha gustado conocer la historia de la Toccata and Fugue in D Minor? Si te quedaste con ganas de más, no te preocupes, porque todavía hay otros aspectos de la obra que merece la pena explorar. Puedes descubrir, por ejemplo, cómo ha viajado la música a otras formas y a otros instrumentos, o cómo ha acabado sonando en lugares que yo nunca habría imaginado. Haz clic en los enlaces que tienes aquí al lado para seguir explorando la Toccata and Fugue in D Minor a tu aire. Y cuando vuelvas a escuchar esa primera nota, fíjate en el silencio que viene detrás, porque ahí sigue esperándote la misma pregunta.
