Todos en pie para el Hallelujah de Händel
Entre bastidores

Messiah, HWV 56: Hallelujah Chorus

Händel cuenta lo que hay entre bastidores de Hallelujah
Soy Händel, y esta es la historia de cómo nació mi Hallelujah. Vas a saber por qué estrené el Messiah en Dublín en 1742 y cómo aquel concierto sirvió para ayudar a presos que no podían pagar sus deudas. Aquí mismo, mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que  pásate por el entrenamiento  y inténtalo.
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Una pieza que no va por libre

Quizá pienses que el Hallelujah es una canción suelta, pero en realidad es un coro dentro de mi oratorio Messiah. Un oratorio es una obra larga para solistas, coro y orquesta, parecida a una ópera pero sin decorados ni disfraces. El Messiah tiene tres partes y 53 movimientos, así que cuando llega el Hallelujah ya llevas un buen rato escuchando música. Es como un plato fuerte que no sirven al principio de la comida, sino cuando ya has entrado en materia.

Veinticuatro días sin levantar la cabeza

Compuse el Messiah entre agosto y septiembre de 1741, y tardé 24 días en terminarlo. Para una obra de 53 movimientos, es un ritmo de trabajo que todavía hoy me parece vertiginoso. Piensa en lo que tú tardas en ordenar un armario y compáralo con lo que yo hice en ese tiempo. Salieron tres partes enteras, con su coro, sus arias y su orquesta.

Las palabras no son mías

El texto lo reunió Charles Jennens, que vivió entre 1700 y 1774, a partir de pasajes de la Biblia. Yo me limité a ponerles música, que tampoco es poca cosa. Las palabras del Hallelujah salen del Libro del Apocalipsis, de varios versículos que Jennens supo juntar con mucho acierto. Entre su selección y mi música salió un coro que parece escrito de un solo golpe.

Dublín me abre las puertas

Me habían invitado a ofrecer una serie de seis veladas musicales en Dublín, y allí me fui con mi Messiah debajo del brazo. El estreno fue el 13 de abril de 1742, en la sala de música de Neale, en Fishamble Street. Si alguien te dice que el Messiah se estrenó en Londres, corrígele con cariño, porque Londres tuvo que esperar hasta 1743. Dublín fue la primera ciudad que oyó el Hallelujah, y creo que tiene derecho a presumir de ello.

Vestidos sin aros, por favor

Aquel estreno fue un concierto benéfico para aliviar las deudas de los presos y para ayudar al Mercer's Hospital y a la Charitable Infirmary. Como se quería que cupiera todo el público posible, se pidió a las señoras que fueran con vestidos sin aros. Sin tanta falda ocupando sitio, entraba más gente sentada, que es una manera muy práctica de hacer sitio a la música. Entre los solistas estaban Christina Maria Avoglio y Susannah Cibber, que dieron voz a mi música aquella noche.

Londres pone mala cara

Cuando el Messiah llegó a Covent Garden, en marzo de 1743, la acogida fue bastante fría. Las críticas no fueron entusiastas, y desde la iglesia hubo quien protestó porque no le parecía bien que textos sagrados sonaran en un teatro. Aun así la obra no se rindió, y a partir de 1750 se interpretó casi todos los años en el Foundling Hospital de Londres. Lo que empezó con un gesto torcido acabó convertido en costumbre.

Pensado para Pascua, adoptado por la Navidad

Aunque hoy lo asocies con diciembre, yo concebí el Messiah para la Pascua y no para la Navidad. Las costumbres, sin embargo, tienen su propio calendario y a veces no piden permiso al compositor. El Messiah llegó a Estados Unidos el día de Navidad de 1818, de la mano de la Boston Handel and Haydn Society. Desde entonces, a mi coro le ha ido muy bien con las fechas que nadie le había asignado.

Mi firma al final de la partitura

Al terminar el manuscrito escribí las letras SDG, que significan Soli Deo Gloria. Es una manera de dejar dicho que la gloria no es mía, sino de Dios. Se cuenta que, mientras lo escribía, dije que veía «todo el cielo ante mí», pero la anécdota viene de un criado y nadie ha podido comprobarla. Sea cierta o no, el entusiasmo que se oye en esa música es difícil de fingir.

La costumbre de levantarse

La primera referencia documentada a ponerse en pie durante este coro es de 1756, bastante después del estreno. No hay ninguna prueba de que el rey Jorge II asistiera alguna vez a una interpretación del Messiah, y menos aún de que se levantara. Las fuentes ni siquiera se ponen de acuerdo sobre si la costumbre nació en el estreno de Londres o en una segunda función. Yo prefiero pensar que el público se levantó solo, porque con esa música cuesta mucho quedarse quieto.

Mi última vez con el Messiah

Viví entre 1685 y 1759, y en ese último año todavía asistí a una interpretación del Messiah en Covent Garden. Fue la última vez que escuché mi música en una sala antes de morir, y no se me ocurre un final mejor. Mi casa estaba en Brook Street, en el barrio londinense de Mayfair, y hoy allí hay un museo. Así que si algún día pasas por esa calle, acuérdate de que allí vivió quien escribió lo que acabas de escuchar.
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Cuando miro atrás, me alegra pensar que un coro que escribí hace tanto tiempo siga encontrando oyentes que se detienen a escucharlo con atención. Detrás de cada nota del Hallelujah hay una historia, y creo que se disfruta más cuando uno sabe un poco de dónde viene. ¿Te ha gustado conocer la historia que hay detrás del Hallelujah? Todavía quedan muchos aspectos por descubrir, desde los detalles de cómo suena hasta los rincones menos conocidos de su historia. Te invito a hacer clic en los enlaces que encontrarás en esta página y a seguir explorando el Hallelujah a tu ritmo. Yo estaré encantado de que la próxima vez que lo escuches lo oigas con otros oídos.