Un paseo entre cuadros con Pictures at an Exhibition de Mussorgsky
Entre bastidores

Pictures at an Exhibition

Mussorgsky cuenta lo que hay entre bastidores de Pictures at an Exhibition
Soy Modest Mussorgsky, y te cuento aquí la historia que hay detrás de mis Pictures at an Exhibition. Vas a descubrir cómo la pérdida de un amigo pintor y un paseo entre sus cuadros acabaron siendo una suite para piano que te invita a recorrer una sala imaginaria. Aquí mismo, junto a mis colegas compositores, te enseño a reconocer nuestras piezas cuando suenan, y puedes  ponerte a prueba en el entrenamiento  cuando te apetezca.
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Una ausencia que pedía música

El 4 de agosto de 1873 murió mi amigo Viktor Hartmann, a causa de un aneurisma, con solo 39 años. Hartmann era pintor, y su amistad era de esas que uno da por supuestas hasta que faltan. Un aneurisma no avisa a nadie, y por eso la noticia nos dejó a todos con la sensación de haber llegado tarde a una despedida. De ese golpe sale, más o menos directamente, todo lo que vas a escuchar.

Stasov se pone el traje de comisario

Vladimir Stasov, crítico y amigo de los dos, no se quedó de brazos cruzados. En febrero y marzo de 1874 organizó en la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo una exposición en memoria de Hartmann. Reunió más de 400 obras suyas, que son muchísimas paredes que recorrer. Yo presté dos cuadros y fui a verla, de modo que cuando hablo de pasear entre las salas, hablo de algo que hice de verdad.

Mi mejor momento, y también el más solitario

Por aquellas fechas yo estaba en la cima de mi carrera, porque en enero de 1874 se había puesto en escena mi Boris Godunov. Y, sin embargo, me sentía aislado del Grupo de los Cinco, mi círculo de compositores, y eclipsado por unos críticos que no me querían nada. Cuando uno anda así, perder a un amigo pesa el doble, y mirar los cuadros de Hartmann era un modo de volver a estar acompañado. Quizá por eso esta música suena tan íntima, como una conversación que yo mantenía en voz baja con él.

Escribir deprisa y dedicar con cariño

La compuse a toda velocidad en junio de 1874, y según los registros me llevó del 2 al 22 de ese mes. Cinco días después de terminarla escribí la dedicatoria a Stasov, porque la obra era suya tanto como mía. Un mes más tarde ya dejé claro que quería publicarla. Mi amigo Golenishchev-Kutuzov contó que mis devotos la elogiaron y que otros compositores no supieron qué pensar, aunque tal vez su relato sea algo parcial.

Diez salas y un pasillo

Un movimiento es cada una de las partes en que se divide una obra larga, algo parecido a las salas de un museo: cada una tiene su ambiente y, cuando sales de una, entras en otra distinta. Mi suite tiene diez salas numeradas, unidas por la Promenade, que hace de pasillo y te recuerda quién camina, y la primera sala es Gnomus, un duende torpe y a trompicones, seguida de Il vecchio castello, un castillo italiano de aire melancólico. Después vienen Tuileries, con una riña de niños después del juego, Bydlo, una carreta polaca de ruedas enormes, el Ballet of the Unhatched Chicks, ligero y saltarín, y Samuel Goldenberg and Schmuyle, dos hombres, uno rico y otro pobre, que no se parecen en nada. Te llevo luego al mercado de Limoges, bajo tierra a las Catacombae con su Cum mortuis in lingua mortua, a la casa de Baba Yaga en The Hut on Fowl's Legs y, para terminar, a The Great Gate of Kiev.

Cuadros que ya no están

La mayoría de las obras de Hartmann se ha perdido, así que muchas veces no se sabe con certeza qué tenía yo delante en cada pieza. Alfred Frankenstein, en un artículo de 1939 en The Musical Quarterly, consiguió identificar siete de ellas. Con Gnomus solo se supone que el original era un diseño de cascanueces, y nadie puede asegurarlo. Es un poco como intentar reconocer una película oyendo solo la banda sonora: se acierta bastante, pero no siempre.

Unos pollitos que eran canarios

El título del Ballet of the Unhatched Chicks engaña un poco. Los dibujos de Hartmann eran trajes para el ballet Trilby, representado en San Petersburgo en 1871, y los pollitos eran en realidad canarios. Yo los puse a piar en un scherzino ligero y veloz, en fa mayor, que parece que no pesa nada. Antes de ellos suena una Promenade tranquila que sirve de descanso, porque venir de la pesada carreta de Bydlo y saltar directamente a los pájaros sería demasiado brusco.

De los muertos a la gran puerta

En Cum mortuis in lingua mortua el tema de la Promenade vuelve a entrar y pasa a formar parte de la música misma. En el manuscrito dejé escrita a lápiz una nota que dice «Texto latino: con los muertos en lengua muerta». Añadí que el espíritu de Hartmann me guiaba hacia los cráneos, y esa es la escena más extraña de toda la suite. El final nace de un diseño suyo para una puerta monumental en Kiev, que recordaba que el zar Alejandro II había salvado la vida en un atentado el 4 de abril de 1866, y como el proyecto ganó un concurso pero nunca se construyó, fui yo quien la levantó con campanas y un himno de bautismo de la liturgia ortodoxa rusa.

Publicado cuando ya no podía protestar

No llegué a ver mi obra impresa, porque la primera edición salió en 1886, cinco años después de mi muerte, en la editorial V. Bessel & Co. de San Petersburgo y con Rimsky-Korsakov como editor. Esa edición traía errores y malas lecturas, y en Bydlo invirtió mi idea: yo hacía que la carreta empezara fuerte y se alejara hasta casi desaparecer, y allí se acercaba. En 1931 la edición de Pavel Lamm devolvió el texto a lo que decía mi manuscrito. En 1975 el manuscrito se publicó en facsímil, y por fin cualquiera pudo comprobar con sus propios ojos qué había escrito yo.

Un piano que acabó con mucha compañía

Yo la escribí para piano solo, pero con los años muchos músicos quisieron vestirla de otra manera. El director Serge Koussevitzky encargó una versión para orquesta a Maurice Ravel en 1922, y la estrenó en París el 19 de octubre de ese año. Es la más popular en conciertos y discos, aunque prescinde de la quinta Promenade. Después llegaron versiones de rock con Emerson, Lake & Palmer, electrónicas con Isao Tomita y hasta de metal con Mekong Delta, y confieso que ninguna de esas posibilidades se me habría ocurrido al sentarme al piano.
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Con esto termino el recorrido por la historia de mis Pictures at an Exhibition. Me gusta pensar que una pérdida muy triste acabó convirtiéndose en una sala llena de música, y que cada vez que alguien la recorre, mi amigo Hartmann vuelve a estar un poco presente. ¿Te ha gustado conocer la historia que hay detrás de mis Pictures at an Exhibition? Si es así, me alegro mucho, porque esta obra tiene todavía muchas puertas por abrir. Aún queda por explorar, por ejemplo, cómo cambia el carácter de la suite cuando la toca una orquesta entera, como hizo Maurice Ravel en 1922. También quedan por descubrir los rincones de cada cuadro, con sus gnomos, sus castillos y sus puertas gigantescas. Te invito a pinchar en los enlaces que tienes en esta página para seguir explorando mis Pictures at an Exhibition. Tómate tu tiempo, escucha con calma y mira cuál de los cuadros te llama más la atención.