Un rezo escocés con el Ave Maria de Schubert
Entre bastidores
Ellens Gesang III in B-flat major, D. 839, Op. 52 No. 6

Soy Schubert, y en estas líneas te cuento la historia de mi Ave Maria. Vas a descubrir por qué la plegaria en latín que todos asocian a mi melodía no la escribí yo, ya que la canción nació de un poema de Walter Scott. En esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando suenan, así que anímate y empieza con el entrenamiento .
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Un nombre que ni yo usaría en una cena
Mi canción más famosa se llama, en realidad, Ellens Gesang III, en si bemol mayor, D. 839. Suena a nombre de electrodoméstico, ya lo sé, pero solo quiere decir «tercer canto de Ellen». Nadie la pide con ese título, y todo el mundo la conoce simplemente como Ave Maria. Para entender cómo se llegó a eso, tengo que empezar por un poema de Walter Scott.Una dama, un lago y un traductor
Scott publicó en 1810 un poema largo titulado The Lady of the Lake, que en alemán se leía como «La dama del lago». Yo trabajé con la traducción alemana de Adam Storck, que es la que me puso las palabras delante. Esas palabras me pidieron una voz de mujer acompañada de un piano, y así la escribí. Lo que hoy suena a oración de iglesia nació como el canto de un personaje de una historia.Siete canciones y un lío de números
No escribí una canción suelta, sino siete tomadas del mismo poema. Tres de ellas las canta Ellen, y esta es la tercera. Al publicarse el conjunto como Op. 52, pasó a ser el número seis, así que es la tercera de Ellen y la sexta de la serie. Si te has perdido, no pasa nada, porque la melodía se entiende mucho mejor que la numeración.Un año de respiro económico
1825 fue para mí un año relativamente próspero, algo que no podía decir de muchos otros. Las publicaciones avanzaban más deprisa y las preocupaciones de dinero me dieron una tregua. Con la cabeza más tranquila escribí la Sonata para piano en la menor, D. 845, y empecé la Gran Sinfonía en do mayor. Creo que algo de esa tranquilidad se nota en la serenidad de esta canción.El rezo de un personaje, no el mío
En el poema, la canción de Ellen es el verso XXIX del canto tercero. Ella empieza y termina con las palabras «Ave Maria», que vuelven como un estribillo. Yo no pretendía poner música a la oración católica, sino a lo que canta una joven en un momento de mucha necesidad. Esa diferencia parece pequeña, pero explica casi todo lo que vino después.Una dedicatoria con título de condesa
El conjunto salió impreso en Viena, en la editorial de Math. Artaria, hacia 1826. Se publicó con el título de Sieben Gesänge aus Walter Scott's Fräulein vom See. La primera edición lleva una dedicatoria a la condesa Sophie Weissenwolff, nacida condesa Breunner. En aquella época, tener a una condesa en la portada era una forma muy respetable de presentarse.Un estreno del que nadie guardó el recibo
Cuenta la historia que la canción se oyó por primera vez en el castillo de la condesa Weissenwolff, en Steyregg. Digo «cuenta la historia» porque nadie sabe la fecha exacta ni quiénes la interpretaron. Me gusta imaginar un salón con poca gente y una voz sola que llena la sala sin esfuerzo. Si fue así, aquella noche no podían imaginar adónde iba a llegar esa melodía.Las palabras en latín llegaron más tarde
El texto latino que hoy se canta con mi melodía no lo escribí yo. Alguien lo encajó después, quizá porque Ellen dice «Ave Maria» al principio y en el estribillo. Por eso la canción acabó pareciendo una pieza religiosa, aunque yo la compuse como canción para voz y piano, sin ninguna función en la iglesia. Es como si a un retrato le cambiaran el nombre de la persona y todos se lo creyeran.De los salones al cine y a las manos de Liszt
Franz Liszt quedó tan prendado de esta música que la arregló para piano solo, y no una vez, sino en tres versiones. En 1940 apareció también en Fantasia, la película de Walt Disney, justo después de Una noche en el monte pelado de Mussorgsky. Leopold Stokowski la arregló para soprano, coro mixto y las cuerdas de la Orquesta de Filadelfia, con Julietta Novis como solista. El texto en inglés es de Rachel Field, y el contraste con la pieza anterior, tan oscura, le da a mi melodía un efecto de alivio.Lo que nunca llegué a ver
Hoy la canción suena en bodas, en funerales y en celebraciones de Navidad, a menudo en arreglos más sencillos y con letras distintas de las de Scott. Yo no llegué a ver nada de eso, porque morí en Viena el 19 de noviembre de 1828, con treinta y un años. Me consuela pensar que una melodía pensada para una joven del poema sigue acompañando a tanta gente en momentos importantes. Escúchala de nuevo sabiendo todo esto, y verás que suena distinta.---
Y hasta aquí llega la historia de cómo una canción para voz y piano, escrita para Ellen, acabó con un nombre que yo nunca le puse. ¿Te ha gustado conocer el origen de mi Ave Maria? Me alegraría que te quedaras con la idea de que una melodía puede cambiar de palabras, de lugar y de siglo, y seguir sonando a consuelo. Todavía quedan muchos rincones de esta obra por descubrir, desde las versiones que otros hicieron después hasta los sitios donde hoy se escucha con más frecuencia. Si te apetece seguir explorando, haz clic en los enlaces que tienes a continuación y date el gusto de escucharla otra vez con oídos nuevos.
