Un rezo escocés con el Ave Maria de Schubert
La guía de escucha
Ellens Gesang III in B-flat major, D. 839, Op. 52 No. 6

Soy Schubert, y te doy la bienvenida a la guía de escucha de mi Ave Maria. Aquí vas a aprender a seguir la voz de Ellen y el piano que la sostiene, para que una melodía que quizá ya conoces te suene todavía más hermosa. Si te apetece ponerte a prueba, entra en el entrenamiento , donde mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas nada más que suenan.
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Dos intérpretes y ningún empujón
Para escuchar mi Ave Maria solo tienes que fijarte en dos protagonistas: una voz de mujer y un piano. La voz lleva la melodía, que es la que luego te sorprenderás tarareando, y el piano la acompaña como un buen amigo que sabe estar a tu lado sin hablar más que tú. Prueba a seguir primero solo el canto y, en una segunda escucha, solo el piano, y verás que dibuja unas ondulaciones suaves y pone el suelo firme. Cuando por fin oigas a los dos juntos, notarás que ninguno tapa al otro, y eso es justo lo que yo buscaba en esta canción.Un título que llegó después de la fiesta
Cuando compuse la canción no pensé en ningún título latino, porque puse música a unos versos en alemán. Lo que sí ocurre es que Ellen empieza su canto con las palabras «Ave Maria» y las repite a modo de estribillo, y esas dos palabras se quedaron grabadas en la memoria de la gente. Más tarde alguien ajustó a mi melodía el texto latino del rezo, quizá inspirado por ese estribillo, y de ahí viene el nombre con el que hoy se la pide en todas partes. Por eso la oyes en bodas, en funerales y en celebraciones de Navidad, y yo lo acepto con cariño, aunque ese viaje no estaba en mis planes.Una canción que va a lo suyo
Mi Ave Maria es, ante todo, una canción para voz de mujer y piano. Es una canción más sencilla de lo que parece: una historia contada por una voz y un piano, sin moldes rígidos que la encorseten. Para que no te pierdas, yo la reparto en cuatro secciones: la llamada inicial, el crecimiento de la melodía, un momento más oscuro y el regreso a la calma. Ahora las recorremos una por una, y verás que juntas cuentan una pequeña historia.Sección 1: Ellen empieza a rezar sin levantar la voz
Primero llega el piano, que dibuja su acompañamiento en notas suaves y encadenadas, y nos instala en si bemol mayor, una tonalidad cálida y abierta. Entonces entra Ellen con las palabras «Ave Maria», cantadas casi como un susurro que se dirige a alguien que escucha de cerca. El ritmo es sereno y regular, sin sobresaltos, y eso crea un ambiente de recogimiento. Aquí lo único que tienes que hacer es dejarte llevar por la voz, que te presenta la melodía principal.Sección 2: La melodía sube la escalera con mucho cuidado
En esta parte las frases se hacen más largas y la voz sube poco a poco, como quien sube una escalera de noche para no hacer ruido. La emoción crece, pero lo hace con dignidad: no hay gritos, solo una súplica cada vez más sincera. Fíjate en que el piano mantiene su ritmo de siempre, y esa constancia es la que hace que la voz parezca todavía más libre. Si cierras los ojos, notarás que la música ya no solo reza, sino que también pide algo con verdadera confianza.Sección 3: Pasa una nube y el piano baja las luces
En el centro de la canción el color de la música se oscurece, como cuando una nube tapa el sol un momento sobre un lago. Las armonías del piano se vuelven más graves y más inquietas, y la voz canta con una seriedad que antes no tenía. Es el instante de más duda en el rezo de Ellen, y yo quise que lo sintieras sin necesidad de entender ni una palabra. Pero la nube no se queda mucho tiempo, y poco a poco la luz vuelve a asomar para llevarnos de nuevo a casa.Sección 4: El estribillo vuelve a casa y se descalza
Regresan las palabras «Ave Maria» y, con ellas, la sensación de haber vuelto a un sitio conocido y seguro. Estamos otra vez en si bemol mayor, y todo suena más claro que al principio, porque ahora has recorrido el camino entero. La música se va aquietando hasta quedarse casi sin movimiento, y el piano se despide con la misma delicadeza con la que empezó. Esa calma final es lo que más recuerda la gente, y por eso quizá hace tanto tiempo que acompaña los momentos importantes.Ahora te toca a ti darle al botón
Ahora te invito a que vivas mi Ave Maria por ti mismo: pulsa el botón de reproducir y deja que la música te envuelva. Mientras suena, ten presente lo que hemos hablado: la voz y el piano, el estribillo que vuelve y esa nube que pasa en el centro. No hace falta que lo analices todo, y si te distraes a mitad de camino, nada grave, porque la melodía te espera. Ojalá este viaje te emocione tanto como me emocionó a mí cuando lo escribí.---
Hasta aquí llega mi guía de escucha del Ave Maria, y me gustaría saber si has disfrutado descubriéndola conmigo. ¿Te ha gustado recorrerla? Cuando una canción es tan sencilla de tararear, uno cree que ya lo sabe todo sobre ella, y sin embargo siempre queda algo por descubrir. Todavía hay muchos aspectos de este Ave Maria que puedes explorar, desde los caminos que ha seguido mi melodía a lo largo del tiempo hasta las distintas maneras de escucharla. Piensa, por ejemplo, en que otros músicos la han llevado a versiones muy distintas de la que yo imaginé en 1825. Si te apetece seguir adelante, haz clic en los enlaces que tienes aquí al lado y continúa explorando mi Ave Maria a tu ritmo. La próxima vez que la oigas, quizá te des cuenta de que la escuchas de otra manera, con más calma y con un poco más de curiosidad.
