Rezazo escocés chulísimo con el Ave Maria de Schubert
Entre bastidores

Ellens Gesang III in B-flat major, D. 839, Op. 52 No. 6

Schubert cuenta lo que hay entre bastidores de Ave Maria
¡Ey, máquina, soy Schubert y aquí te destripo la historia de mi Ave Maria, pa' que te sientas como en casa, sabes! Vas a flipar al saber que esta joya no nació como rezo de iglesia, tío, sino como canción de una tía en un poema de Walter Scott, ¡menuda movida! Pa' que luego presumas ante la peña, mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, ¡así que  échale un tiento al entrenamiento , venga!
---

Mi nombre de pila no mola ni pa' un carné

¡Hostia, colega, tú te crees que se llama Ave Maria, pero qué va, de carné soy Ellens dritter Gesang, un trabalenguas alemán de lo más chungo! O sea, tal cual, "la tercera canción de Ellen", ¡cero marketing, tío, parezco un pringao poniéndole nombre a su propio churumbel! Pues nada, la peña me puso otro mote y el mote petó tanto que el nombre oficial se quedó criando polvo, ¡flipante! Es como si a ti te conociera to' el barrio por un apodo guay y tu DNI lo tuviera guardao un notario, ¡anda ya, ni de coña lo lee nadie!

Veraneo con piano mental

A ver, en el verano de 1825 me piré de vacaciones a la Alta Austria, tronco, a desconectar del ruido de la ciudad y de la movida de siempre. Y allí, con el campo de fondo, en vez de tirarme en una toalla como la peña normal, me puse a currar en canciones, ¡vaya vacaciones más cutres, hostia! Mi cuñado imaginario se habría rayao mazo conmigo, ¿sabes?, el típico que dice "descansa un poco, chaval" y yo con el papel pautado hasta arriba. Pero mira, de aquel veranito salieron las canciones sobre Walter Scott, ¡y una acabó siendo la más famosa del planeta, de locos!

Año de pasta y de no llorar

¡Ojo, illo, que 1825 fue un añazo pa' mí, la cosa iba mazo mejor que otros años! Se publicaba más rápido, los agobios de pasta se calmaron un ratito, ¡y yo sin estar pelao, tío, brutal! En esas mismas fechas me saqué la Sonata para piano en la menor y empecé la Gran Sinfonía en do mayor, ¡qué bicho estaba hecho, flipas! Vamos, que entre sonata, sinfonía y canciones iba currando como una máquina con ocho brazos, y encima sin pasar hambre, ¡dabuten!

Siete cancioncillas y yo la sexta

Pillé siete trozos de un poemón de Walter Scott, de 1810, y los vestí de música en alemán, ¡menuda currada, colega! Mi Ave Maria es la sexta del paquete, o sea, la tercera de las que canta la prota Ellen, ¡cuenta, cuenta, que es un lío de los gordos, tronco! Va pa' voz de mujer y piano, y nada más, ¡cero orquesta, cero peñazo de gente en el escenario, mola mazo! Un dúo, vamos: ella canta, el piano la abraza, y el resto de la humanidad a callar y a flipar, ¿vale?

Artaria, la imprenta con hype

¡Quillo, hacia 1826 el pack salió impreso en Viena de la mano de Math. Artaria, y yo con un orgullo de la leche! Lo bautizaron Sieben Gesänge aus Walter Scott's Fräulein vom See, que en cristiano son siete canciones de Scott, ¡menudo titulazo, qué rollo pa' ponerlo en una camiseta! El Op. 52 era la etiqueta del paquete, tronco, un numerito de oficina que mola menos que un lunes sin café. Pero eh, impresa y en la calle, que en aquel entonces eso era como petarlo en las redes, ¡flipas con el hype, tío!

Dedicatoria a una condesa con flow

Venga, que te cuento: la primera edición se la dediqué a la condesa Sophie Weissenwolff, de soltera Breunner, ¡menudo apellidazo, colega! Ver el nombre de una condesa en la portada era como salir en la foto con un famoso, ¡pijo total, tronco! Si se lo hubiera dedicao a su perro nadie se acordaría, pero una condesa, anda ya, eso queda en la historia, ¡mazo de glamour! Y fíjate qué cosas, su nombre sigue ahí, en mi portada, chulo que te mueres.

El estreno que no vio ni el apuntador

Dicen, ojo, que dicen, que se cantó por primera vez en el castillo de esa misma condesa, en Steyregg, Austria, ¡pero a ver quién lo jura, tío! Ni fecha ni cantantes, o sea, cero datos, un misterio de los chungos, tipo peli de domingo por la tarde. Podría pintarte una escena de cine con foco y to', pero ni de coña me la invento, que aquí se va con la verdad por delante, ¿sabes? Lo único claro es que la historia suena guay, castillo, condesa y canción nueva, ¡y la peña se la cree desde siempre, flipante!

Ni cura ni incienso, qué va

Ojo con el mito, tronco: yo no escribí un rezo católico ni un himno de iglesia, qué va, ¡anda ya! Lo mío es una canción laica pa' una voz y un piano, de un ciclo de Scott, ¡cero sacristía, colega, cero! La que canta es Ellen, un personaje del poema, no yo ni un coro de monjas con cara de pocos amigos, ¡mazo de lío se ha montado con eso! El cura no pintaba nada en mi mesa, illo, ¡mi mesa era un piano y un montón de papel pautado, y poco más!

De Liszt a Fantasia, menudo viaje

¡Flipa, Franz Liszt se lió con mi canción y la arregló pa' piano solo en tres versiones, tres, el tío no se cansaba, máquina total! Y en 1940, en la peli Fantasia de Walt Disney, sonaba justo después de Night on Bald Mountain de Mussorgsky, ¡del jaleo a la calma, qué cambio de rollo, de locos! El arreglo lo montó Leopold Stokowski con coro y las cuerdas de la Philadelphia Orchestra, ¡un fiestón brutal, crack! La solista fue Julietta Novis y el texto en inglés lo escribió Rachel Field, o sea, ¡ni una palabra de Scott, colega, joder, qué currada!

Me fui pronto y la canción se quedó

¡Joder, tronco, yo la palmé en Viena en noviembre de 1828, con 31 añitos, qué poco tiempo, mazo de injusto! O sea, unos tres años después de esa canción, ¡me piré pronto, colega, sin tiempo pa' ver nada! Y fíjate qué ironía, mi melodía sigue petándolo hoy en mogollón de sitios, mientras yo criando malvas, ¡qué fuerte, hostia! Así que ya sabes, tío, la próxima vez que suene, ¿te acordarás de que va de una tal Ellen y no de un cura, o qué, pues eso, vale?
---
¡Illo, colega, y hasta aquí la movida de mi Ave Maria, tronco, flipante! ¿Te ha molao currarte el rollo de cómo nació, o qué, sabes? Pues nada, tío, que todavía queda mazo de tela por cortar con esta canción, ¡de locos! Hay más cositas chungas y guays pa' pillar, crack, y la peña aún se rasca la cabeza con alguna, a ver. Así que dale caña a los enlaces de aquí abajo, venga, ¡y sigue flipando con ella un rato más, máquina!