Un siglo de siesta con el Sleeping Beauty Waltz de Tchaikovsky
Entre bastidores
The Sleeping Beauty, Op. 66: Act I, No. 6, Waltz

Hola, soy Tchaikovsky y hoy te voy a contar la historia que hay detrás de mi Sleeping Beauty Waltz. Aquí descubrirás cómo di forma a este vals entre la tranquilidad de mi casa de campo y el frío comentario del zar antes de un estreno triunfal en San Petersburgo. Por cierto, si te apetece practicar con el entrenamiento , en esta página otros compositores y yo también te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando las escuchas.
---
Una propuesta que no daba sueño
En mayo de 1888, Ivan Vsevolozhsky, el director de los Teatros Imperiales de San Petersburgo, me encargó componer la música para un nuevo ballet. Él mismo había escrito el libreto inspirándose en el famoso cuento de hadas de Charles Perrault, y te aseguro que desde el primer momento la idea me entusiasmó. Para que todo saliera a pedir de boca en el escenario, trabajé codo con codo con el maestro de ballet Marius Petipa. Aquel hombre tenía la historia tan medida en la cabeza que me dio instrucciones detalladísimas sobre la música y la estructura antes de que yo escribiera una sola nota.Maletas hechas y melodías en marcha
Me puse manos a la obra con los primeros bocetos del Sleeping Beauty Waltz en enero de 1889, mientras disfrutaba de la paz de mi casa de campo en Frolovskoye, cerca de Klin. Allí se trabajaba de maravilla sin el bullicio de la ciudad, aunque aquella tranquilidad me duró más bien poco. Resulta que entre enero y abril de ese mismo año tuve que hacer las maletas para lanzarme a una larga gira de conciertos por Europa. Anduve dirigiendo mis obras por Alemania, Suiza, Francia e Inglaterra con el calendario más apretado que el corsé de una dama de la corte.Flores de papel y vestidos de fiesta
En cuanto regresé al campo tras tanto viaje, retomé el trabajo con ganas y dejé lista toda la orquestación de esta pieza en junio de 1889. Si miras el catálogo completo del ballet The Sleeping Beauty, verás que este vals es el sexto número del primer acto. En ese momento de la historia, toda la corte y los aldeanos se reúnen para celebrar por todo lo alto el decimosexto cumpleaños de la princesa Aurora. Como los bailarines salen a escena llevando guirnaldas de flores en las manos, mucha gente acabó llamándolo Garland Waltz o Grande valse villageoise.El secreto para que nadie pise a nadie
Para que la fiesta sonara radiante desde el primer compás, escribí la música en la tonalidad de si bemol mayor y en el clásico ritmo de tres por cuatro. En la partitura anoté Allegro, Tempo di Valse, que viene a ser mi manera educada de pedirle al director que le dé alegría al cuerpo sin que los bailarines salgan volando. La pieza dura 297 compases en total y la organicé como un bocadillo bien hecho: una primera parte muy vistosa, una sección central distinta y la vuelta al tema del principio. Antes de todo eso coloqué una introducción de orquesta para avisar a los despistados y, al final, añadí una coda brillante para rematar la faena por todo lo alto.Toda la artillería para un cumpleaños
No escatimé en gastos con los instrumentos y reuní a las cuerdas con flautín, flautas, oboes, corno inglés, clarinetes y fagotes. En la fila de los metales puse cuatro trompas, cornetas, trompetas, trombones y una tuba capaz de despertar a toda la corte de un buen soplido. Para darle aún más chispa al baile, sumé timbales, triángulo, pandereta, tambor, platillos, bombo y hasta un glockenspiel. Con semejante despliegue en el foso, era imposible quedarse sentado en un rincón mirando el techo durante el cumpleaños de la princesa.Un emperador de pocas palabras
Un día antes del estreno, el 14 de enero de 1890, celebramos el ensayo general de gala con la presencia del mismísimo zar Alexander III. Al terminar, el emperador me hizo llamar a su palco y me soltó simplemente que el ballet era muy bonito, como quien comenta que hace buena tarde para pasear. Te confieso que salí de allí bastante desinflado por una respuesta tan tibia después de tantos meses de trabajo. Hoy en día todavía no se sabe si es que mi estilo tan sinfónico lo dejaba frío o si no le hacía ninguna gracia ver en escena tanta fiesta dedicada a la corte francesa de Louis XIV.El público sí que sabía aplaudir
Por suerte para mi humor, el estreno oficial al día siguiente en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo fue un triunfo de los que hacen época. La orquesta sonó de maravilla bajo la batuta de Riccardo Drigo, mientras Carlotta Brianza daba vida a la princesa Aurora siguiendo los pasos de Marius Petipa. Aunque algún crítico gruñón se quejó de que mi música parecía más una sinfonía que un acompañamiento de baile, el público llenó el teatro desde la primera noche. A diferencia de lo que me había pasado años atrás con Swan Lake, esta obra se convirtió enseguida en un éxito rotundo de taquilla y en una pieza fija del repertorio.Cuatro manos son mejor que dos
Para que la gente pudiera tocar esta música en el salón de su casa sin necesidad de meter ochenta músicos en la alfombra, había que preparar versiones para piano. Mi editor en Moscú, Pyotr Jurgenson, ya había publicado en 1889 una reducción para piano hecha por Aleksandr Ziloti justo antes del estreno. Poco después, entre 1890 y 1891, un jovencísimo Sergei Rachmaninoff preparó un arreglo del vals para piano a cuatro manos bajo la supervisión del propio Ziloti. No me digas que no tiene mérito sentarse con un amigo en la misma banqueta e intentar sonar como toda una orquesta imperial sin darse codazos.Una mudanza a las salas de conciertos
En febrero de 1890 le propuse a mi editor reunir los números más vistosos del ballet para formar una suite de concierto que pudiera tocarse sin bailarines. Hablé de encargarle la tarea a Aleksandr Ziloti, pero entre unas cosas y otras nunca llegué a dejar cerrada la selección antes de morirme. Al final, Pyotr Jurgenson publicó en diciembre de 1899 tanto la partitura completa de orquesta como aquella suite póstuma, aunque nadie sabe con certeza quién eligió las piezas definitivas. Lo que sí está claro es que colocaron mi Sleeping Beauty Waltz en el quinto y último lugar para cerrar el concierto con el mejor sabor de boca posible.De San Petersburgo al cine
Mi melodía tenía tanta cuerda que siguió dando vueltas por el mundo mucho después de que yo dejara la batuta para siempre. En 1959, la película de animación Sleeping Beauty de Walt Disney tomó prestada la música de este mismo vals para su tema principal. George Bruns adaptó mis compases y Sammy Fain junto con Jack Lawrence le pusieron letra en inglés para crear la famosa canción Once Upon a Dream. A veces la gente cree que esa melodía nació en un estudio de cine, pero ya ves que empezó a sonar muchos años antes en el frío invierno de San Petersburgo.---
¿Qué te ha parecido conocer la historia que hay detrás de mi Sleeping Beauty Waltz? Aún me quedan unos cuantos rincones de mi Sleeping Beauty Waltz que me encantaría enseñarte con más calma. Si te apetece seguir descubriendo cómo funciona por dentro mi Sleeping Beauty Waltz, solo tienes que pinchar en los enlaces que tienes aquí mismo.
