Llamando al destino con la Symphony No 5 de Beethoven
III. Allegro

Symphony No. 5 in C minor, Op. 67

Beethoven presenta una guía de escucha de III. Allegro, de Symphony No 5
Soy Beethoven, y ahora te explico el tercer movimiento de mi Symphony No 5, el III. Allegro. Vas a notar cómo el ritmo de las cuatro notas vuelve al primer plano y cómo, sobre un timbal insistente, un largo puente te lleva sin pausa hasta el final. Si quieres comprobar si sabes reconocer nuestras piezas nada más escucharlas,  haz una prueba en el entrenamiento : en esta web, mis colegas compositores y yo te enseñamos a conseguirlo.
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Tres cosas que cazar al vuelo

Te propongo que escuches este movimiento atento a tres cosas: el ritmo de cuatro notas, las cuerdas y el timbal. El ritmo de cuatro notas es el mismo del comienzo de la sinfonía y aquí vuelve a primer plano, así que reconocerlo es como encontrarte a un conocido en una sala llena de gente. Las cuerdas llevan buena parte de la conversación, y en un momento verás que dejan el arco y pellizcan las cuerdas con los dedos, lo que se llama pizzicato. El timbal queda para el final, cuando insiste y insiste mientras todo lo demás se prepara para dar el salto.

Un título con prisa

Este movimiento se llama simplemente Allegro porque esa es la indicación de tempo que escribí: ágil y con ganas de avanzar. En la partitura aparece además como Scherzo: Allegro, y con eso le aviso a la orquesta de que aquí no hay tiempo para arrastrar los pies. No quise buscarle un nombre poético, porque el propio ritmo ya cuenta lo que hace falta. Tiene su gracia que el último movimiento también se llame Allegro, como dos hermanos que se pasan el relevo sin parar a saludarse.

Una forma con sorpresa al final

Para este movimiento me decidí por un scherzo con su trío. Primero suena el scherzo, después el trío, y luego el scherzo regresa, pero esta vez tocado en pizzicato. Y lo que viene a continuación ya no es una sección más: es un puente largo sobre el timbal que te lleva, sin ninguna pausa, hasta el movimiento final. Voy a detenerme en cada una de estas partes, una por una, en los párrafos que siguen.

Sección 1: El scherzo, o cómo volver con la idea fija

Empiezo en do menor, en un compás de tres tiempos y con el tempo Allegro, y el ambiente es misterioso, como de alguien que anda con cuidado por una casa a oscuras. Enseguida regresa el ritmo de cuatro notas, el mismo que ya te sonaba del primer movimiento, pero ahora en medio de un movimiento ligero. Lo curioso es que ya no abre la sinfonía con un golpe seco, sino que ronda por aquí con otra personalidad. Si lo reconoces, ya has pillado la idea que une todo lo que viene después.

Sección 2: El trío, o el respiro con letra pequeña

Después llega el trío, la parte central del movimiento, y el ambiente cambia: se nota que he abierto otra puerta. Funciona como contraste con lo anterior, de modo que el oído se despeja un poco antes de volver al terreno de antes. Fíjate en que el carácter de la música se vuelve otro. Escúchalo como la parte del medio de un bocadillo: sin ella no habría nada que sujetar, pero lo que más recuerdas son las rebanadas.

Sección 3: El scherzo vuelve de puntillas

Cuando el scherzo regresa, ya no suena como al principio, porque las cuerdas lo tocan en pizzicato. Todo se vuelve más ligero, casi como si la orquesta contuviera la respiración para no despertar a nadie. Es el momento de mayor suspense del movimiento, porque el tema te suena de sobra pero lo oyes en un traje distinto. Aprovecha para escuchar cuánto cambia una melodía solo por la forma de tocarla.

Sección 4: Un pasillo largo con el timbal de guardia

Aquí empieza la transición hacia el final, y la hago sobre el timbal, que insiste una y otra vez mientras el resto de la orquesta se va despertando. No hay ninguna pausa que te permita respirar: el movimiento desemboca directamente en el siguiente. Es una tensión que va creciendo, como cuando oyes que se acerca algo grande pero todavía no sabes qué. Y entonces llega el IV. Allegro en do mayor, y de pronto la tormenta de do menor se convierte en una luz que lo inunda todo.

Ahora te toca a ti

Ahora te invito a que vivas el III. Allegro por ti mismo: dale al play y déjate llevar por la música. Mientras suena, quizá te ayude recordar lo que hemos comentado: el ritmo de cuatro notas, el pizzicato y el timbal que te lleva hasta el final. No hace falta que lo entiendas todo, basta con que te dejes sorprender. ¡Ojalá disfrutes de este viaje por mi III. Allegro tanto como disfruté yo cuando lo escribí!
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Y hasta aquí llega mi explicación del III. Allegro, ese scherzo en el que el ritmo de las cuatro notas vuelve al primer plano y que acaba lanzándote al final sin dejarte respirar. ¿Te ha gustado conocer la guía de escucha del III. Allegro de la Symphony No 5? Fíjate en cómo ese paso largo sobre el timbal, sin pausa alguna, te deja con la sensación de estar a punto de salir de la oscuridad. Yo lo pensé así: que el oyente cruzara de la tensión del do menor a la luz del do mayor sin tener tiempo de soltarse. Y todavía te quedan muchos otros aspectos de la Symphony No 5 por descubrir. Puedes explorar cómo nació la obra, cómo fue su estreno o qué hace tan especial cada uno de sus movimientos. Haz clic en los enlaces que tienes en esta página para seguir explorando la Symphony No 5 a tu ritmo. Después, vuelve a escuchar este movimiento con calma, porque seguro que te descubre algo que antes se te había escapado.