Llamando al destino con la Symphony No 5 de Beethoven
Los mejores momentos

Symphony No. 5 in C minor, Op. 67

Beethoven presenta los mejores momentos de Symphony No 5
Soy Beethoven, y esto que vas a escuchar son los mejores momentos de mi Symphony No 5. Te llevo de la tormenta en do menor al final en do mayor, donde suenan juntos por primera vez en una sinfonía el flautín, tres trombones y el contrafagot, y vale cada minuto. Si quieres aprender a reconocer una obra en cuanto suena,  prueba el entrenamiento : en esta web mis compañeros compositores y yo te enseñamos a hacerlo.
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Cuatro notas y ningún saludo

Yo empiezo la sinfonía sin presentaciones: cuatro notas, tres cortas y una larga, con calderones que las dejan colgadas en el aire como quien se queda callado justo antes de contar el final de un chiste. Y, aun así, este es el primer movimiento más breve de todas mis sinfonías, así que te dejo con la intriga y me voy casi sin darte tiempo a pestañear.

Dos vecinos que no se soportan

Yo reparto el segundo movimiento entre dos temas que no se parecen en nada, y por eso hago variaciones de los dos: uno es una melodía cantada con calma por las violas y los violonchelos, en la bemol mayor. El otro es una marcha con mucho aire de fanfarrón, con trompetas y timbales, que aparece en mitad de tanta calma como el vecino que llama a la puerta con una banda entera detrás.

El estribillo que no se va

Yo vuelvo a poner en primer plano, en el tercer movimiento, ese ritmo de cuatro notas que ya conoces, y esta vez se queda rondando en la oscuridad de do menor. Cuando el scherzo regresa en pizzicato, los músicos casi van de puntillas, y después un pasaje larguísimo sobre los timbales te lleva al final sin una sola pausa para respirar, y mucho menos para aplaudir.

Llegan los invitados de última hora

Yo abro el último movimiento en do mayor y, por primera vez en una sinfonía, meto a la vez el flautín, tres trombones y el contrafagot, como si hubieran llegado juntos a una fiesta que ya estaba llena. El scherzo se cuela un momento por si alguien lo echaba de menos, y luego la coda en Presto no te suelta hasta el último acorde.
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Hasta aquí llega mi recorrido por los mejores momentos de la Symphony No 5, y me gustaría quedarme un instante contigo antes de despedirme. Cuando miro atrás, me sorprende que todo naciera de algo tan pequeño como cuatro notas, y que con ellas yo pudiera ir desde una tormenta en do menor hasta la luz del do mayor del final. Esa es, creo, la razón por la que esta música sigue sonando tan viva: no te explica nada, simplemente te lleva de un sitio a otro y te deja distinto al llegar. ¿Te ha gustado conocer los mejores momentos de la Symphony No 5? Si es así, te cuento que aún quedan muchas cosas por descubrir en ella. Todavía puedes fijarte en cómo el scherzo se desliza sin pausa hacia el final, en cómo cambia el aire cuando entran por primera vez el flautín, los tres trombones y el contrafagot, o en la historia de aquel estreno de 1808, que no fue nada fácil. Incluso la famosa frase del destino llamando a la puerta tiene un trasfondo dudoso, y merece la pena que lo investigues por tu cuenta. Te invito a que hagas clic en los enlaces que tienes a continuación y sigas explorando la Symphony No 5 a tu ritmo. Y cuando vuelvas a escucharla, haz la prueba de prestar atención a esas cuatro notas del principio: seguro que ahora las oyes de otra manera.