Cinco golpes de timbal con el Violin Concerto in D Major de Beethoven
I. Allegro ma non troppo
Violin Concerto in D major, Op. 61

Soy Beethoven, y voy a explicarte el primer movimiento de mi Concierto para violín en re mayor, el Allegro ma non troppo. Vas a oír cómo cinco golpes suaves de timbal, apenas susurrados al principio, vuelven una y otra vez y mantienen unidas las melodías de todo el movimiento. Mis compañeros compositores y yo también te enseñamos aquí a reconocer nuestras obras cuando suenan, así que anímate a ponerte a prueba en el entrenamiento .
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Tres pistas para no perderte
Para escuchar este primer movimiento no necesitas saber nada de música, solo prestar atención a tres cosas: el timbal, la orquesta y el violín solista. El timbal es el que marca el latido del movimiento, y la orquesta la forman una flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y las cuerdas. El violín es el protagonista, pero yo lo hago esperar y lo trato más como un personaje de novela que como una estrella que sale en cada escena. Si te fijas en quién habla en cada momento y en quién responde, sigues la historia sin necesitar ningún mapa.Alegre, sí, pero sin pasarse
Puse a este movimiento la indicación Allegro ma non troppo, que viene a decir «vivo, pero no demasiado». Quería que tuviera energía y que a la vez le sobrara espacio para respirar, porque es un movimiento largo, más largo de lo que se solía escribir para un concierto en mi época. Con un tempo más acelerado, esas melodías amplias se habrían atropellado unas a otras, y el solista no habría tenido tiempo de cantar. Así que esa pequeña advertencia del «no demasiado» es, en el fondo, un consejo de paciencia que te doy a ti y al intérprete.Un mapa clásico
Traté la forma de este movimiento como un gran paseo con paradas bien marcadas. Es el molde clásico del primer movimiento de un concierto: la orquesta presenta el material, el solista entra, todo se transforma y al final se regresa a casa. En los próximos apartados te cuento cada una de esas paradas, una por una, para que sepas dónde estás en cada momento. Todo ello sucede en re mayor, la tonalidad que da su luz a la obra entera, aunque por el camino el movimiento se asome a otros paisajes.Sección 1: Cinco golpes y una promesa
Todo empieza con cinco toques suaves de timbal, y ese ritmo de notas repetidas es el hilo que va a cruzar todo el movimiento. Luego entra la orquesta sola, sin violín, y expone los temas con calma, con un carácter sencillo y amable. Aquí el ambiente es tranquilo y luminoso, y yo quiero que te acostumbres a ese latido antes de que pase nada más. Piensa en esta sección como en el prólogo de un libro, en el que te presentan a los personajes antes de que empiece la acción.Sección 2: Por fin llega el solista
Después de tanta espera aparece el violín solista, y el ánimo cambia de golpe, porque la música pasa de ser un asunto de todos a tener una voz que habla en primera persona. El violín retoma los temas que ya conocías, pero los canta más alto y los adorna. Escucha cómo el solista y la orquesta se pasan la palabra, a veces con delicadeza y otras con más empuje. Aquí está el corazón del concierto: dos fuerzas distintas que conversan sin pisarse.Sección 3: El latido vuelve del revés
En la parte central tomo esos temas y los pongo a prueba, los muevo de sitio y les cambio el color, de modo que el ánimo se hace algo más inquieto. El motivo de notas repetidas que abrió el movimiento reaparece una y otra vez, y es lo que une todo lo que oyes aunque las melodías cambien. Si logras reconocerlo en medio de tanta transformación, habrás entendido de verdad cómo está construido el movimiento. Es la zona más aventurera, así que no te preocupes si te sientes un poco perdido, porque ese latido siempre te devuelve al camino.Sección 4: Volver a casa con otros ojos
Después de la aventura regresan los temas del principio, y el movimiento recupera la calma y la claridad de la tonalidad de re mayor. Ahora los reconoces, pero ya no suenan igual, porque el solista y la orquesta han vivido todo lo anterior y vuelven un poco cambiados. El ánimo es más seguro y más cálido, como el de quien llega a su casa después de un viaje largo. Fíjate en que el timbal sigue ahí, discreto, recordándote que la historia es la misma desde el primer golpe.Sección 5: El hueco del solista y el final
Antes del cierre, la orquesta se detiene y deja un espacio libre para la cadencia, un pasaje en el que el violín toca solo y se luce a su manera. Yo no escribí ninguna cadencia para la versión de violín, así que cada solista elige o compone la suya, y las más tocadas son las de Joachim y las de Fritz Kreisler. En cambio, en la versión para piano que preparé yo mismo sí escribí una cadencia larga, y en ella el timbal se une un momento al piano. Después de ese momento íntimo, la orquesta regresa y cierra el movimiento con firmeza, con el ánimo de quien termina bien lo que empezó con cinco golpes suaves.Ahora te toca a ti
Ahora te invito a que vivas este Allegro ma non troppo por tu cuenta: pulsa el botón de reproducir y déjate llevar por la música. Mientras suena, recuerda lo que hemos hablado: el latido del timbal, la conversación entre el violín y la orquesta, y ese regreso a casa del final. No hace falta que lo entiendas todo a la primera, porque lo importante es que el movimiento te atrape poco a poco. Ojalá disfrutes de este viaje por mi primer movimiento tanto como yo disfruté al escribirlo.---
Hemos llegado al final de esta guía de escucha del primer movimiento, Allegro ma non troppo, y me quedo con una idea sencilla: cinco golpecitos de timbal bastan para que empiece a ocurrir algo grande. Cuando vuelvas a oírlo, seguro que te fijas en cosas que ahora se te han pasado, porque una música así no se agota en una sola escucha. ¿Te ha gustado conocer a fondo este Allegro ma non troppo de mi Concierto para violín en re mayor? Espero que sí, y que ahora lo escuches con otros oídos. Todavía queda mucho por explorar en este concierto, desde el Larghetto, con sus cuerdas con sordina, hasta el Rondo final, tan lleno de energía. También puedes descubrir cómo se estrenó en Viena, cómo estuvo olvidado durante años y cómo volvió a sonar en 1844 gracias al joven Joseph Joachim. Si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que tienes aquí mismo y sigue explorando mi Concierto para violín en re mayor a tu ritmo. Yo estaré encantado de seguir acompañándote.
