Sables y bailarines en Gayane de Khachaturian
Lezginka

Gayane, ballet in four acts (1942)

Khachaturian presenta una guía de escucha de Lezginka, de Gayane
Soy Aram Khachaturian, y ahora voy a explicarte la Lezginka, la danza que cierra mi ballet Gayane. Vas a oír una danza del Cáucaso Norte en un compás de 6/8 muy rápido, y descubrirás cómo ese ritmo de baile con sable te empuja hacia delante sin darte tregua. Cuando acabes,  métete en el entrenamiento , donde mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras en cuanto suenan.
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Prepara los oídos, que esto no es un minueto

Te propongo escuchar la Lezginka de mi Gayane sin prisa por entenderlo todo, porque lo primero que vas a notar es el pulso. Es un balanceo rápido, de seis por ocho, y si lo sigues con el pie enseguida sentirás que la música te lleva de la mano. Después fíjate en la percusión, porque en la partitura de Gayane hay tambores armenios como el doli y la daira, y ese espíritu de tambor de fiesta es el que quise que se oyera. Por último, quédate con la melodía que vuelve una y otra vez y cuenta cuántas veces aparece, que es la mejor manera de empezar a escuchar como un músico.

Un nombre con acento del Cáucaso

La lezginka no la inventé yo, porque es una danza popular del Cáucaso Norte que debe su nombre al pueblo lezguino. Allí la baila un hombre solo, a menudo con una espada, y también la bailan las parejas, siempre con ese ritmo veloz de seis por ocho. Yo la adapté para Gayane en 1942 y le conservé el título de la danza original, como quien deja la etiqueta de siempre en un buen frasco de especias. Además, en las suites funciona como cierre, así que el nombre ya te avisa de que estás llegando a la despedida de la fiesta.

Una fiesta por tramos

Pensé la danza como una fiesta que avanza por tramos, y yo la oigo en tres: el arranque, una parte más cantada y el regreso con el empujón final. Ahora te los cuento uno a uno, sin tecnicismos y solo con lo que se oye. Ahora te los cuento uno a uno, sin tecnicismos y solo con lo que se oye. Tampoco te asustes por la duración, porque en una versión para banda de viento son unos dos minutos y tres cuartos, lo que tarda en enfriarse un café.

Sección 1: Se abre la puerta y entra el bailarín

La pieza arranca rápida y con el ritmo muy marcado, como si alguien entrara en la plaza decidido a que todos lo miren. Aquí el ánimo es desafiante y lleno de orgullo, y el pulso de seis por ocho no te da ni un segundo para dudar. Escucha cómo las frases son cortas y se repiten con insistencia, porque así se dibuja el carácter del hombre que baila en solitario. Quédate con esta energía, porque es la que luego vas a ver cambiar de color.

Sección 2: Un respiro con melodía

Después de ese arranque, la música deja de golpear y empieza a cantar, y para mí es el momento en que la danza se vuelve más cálida. El color de la música cambia y la melodía se estira un poco más, aunque por debajo el pulso de baile no se detiene. Es como si el bailarín mirara a su pareja, y por eso el ánimo pasa del desafío a algo más cercano. No te confíes demasiado, porque ese descanso es en realidad una manera de coger impulso.

Sección 3: Todos al centro y a cerrar

Cuando regresan las ideas del principio, lo hacen con más fuerza, como si ahora bailara la plaza entera. La energía se acumula poco a poco y la música te empuja hacia delante sin permitirte mirar atrás. Así llegas al final, que cierra la danza con firmeza y deja la sensación de que la fiesta ha estado a punto de desbordarse. Si la sección uno era una entrada y la dos una conversación, esta es la despedida de todos juntos, y ahí se ve cómo las tres partes cuentan una sola historia.

Ahora te toca a ti

Ya solo falta que pulses el botón de reproducir y te dejes llevar por la música. Mientras suena, recuerda lo que hemos hablado: el pulso, la melodía que vuelve y esos tres tramos que se van encadenando. No hace falta que lo captes todo a la primera, porque esta danza se disfruta igual la segunda vez y aún más la tercera. Ojalá recorrer mi Lezginka te emocione tanto como me emocionó a mí escribirla.
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Y hasta aquí llega esta guía de escucha de la Lezginka de mi ballet Gayane. ¿Has disfrutado descubriendo cómo suena esta danza del Cáucaso, con su ritmo rápido de 6/8 que no se deja atrapar? Yo la adapté para el ballet en 1942, y me alegra pensar que sigue poniendo a la gente en pie con tanta energía como entonces. Si vuelves a escucharla, quizá notes detalles que se te escaparon la primera vez, porque una buena danza siempre guarda algo para la segunda vuelta. Pero Gayane tiene mucho más que contarte. Hay otras danzas con un carácter muy distinto, hay una historia ambientada en una granja colectiva y hay un estreno en tiempos difíciles que merece la pena conocer. Por eso te invito a pulsar en los enlaces que tienes a tu alrededor y a seguir explorando Gayane a tu ritmo. Cada página te enseñará una manera nueva de escuchar esta música, y yo me alegraré de que la recorras.