Sables y bailarines en Gayane de Khachaturian
Sabre Dance

Gayane, ballet in four acts (1942)

Khachaturian presenta una guía de escucha de Sabre Dance, de Gayane
Te habla Aram Khachaturian, y voy a explicarte la Sabre Dance, una de las danzas más conocidas de mi ballet Gayane. Vas a descubrir que esta danza de unos tres minutos suena en la boda final del ballet, donde los bailarines lucen su destreza con los sables, y por eso se llama así. Si te apetece comprobar cuánto has aprendido,  ponte a prueba en el entrenamiento , donde mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan.
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Cómo escuchar sin perder el aliento

Te aconsejo que empieces por el xilófono, porque es el que lleva la voz cantante con sus notas secas y martilleadas. Por debajo, la percusión y los timbales sostienen un pulso que no suelta ni un segundo, y ahí tienes el motor de toda la pieza. Cuando el ritmo te dé un respiro, fíjate en el saxofón, que canta con una voz más sinuosa, y en el arpa y la celesta, que echan unas gotas de brillo por encima. Si te parece demasiado que seguir, quédate solo con el xilófono y deja que lo demás te empuje, como una cinta de equipajes que nunca se detiene.

Por qué le puse sables a la fiesta

El título no viene de que la música suene a una pelea de espadas, sino de que es una danza en la que los bailarines muestran su destreza con los sables. La coloqué en la celebración final de Gayane, una boda con bailes populares de distintos pueblos. Según cuenta la historia, la escribí en once horas, cuando el director del Kirov me pidió un baile más. En 1963 llegué a decir que era el hijo travieso y alborotador de mi familia musical, y que no la habría escrito de haber sabido lo popular que iba a ser.

Una forma sin laberintos

El resultado es más sencillo de lo que parece: tres partes en esquema ABA, con un puente y una coda. Aquí solo te enseño el mapa, porque en los próximos párrafos voy a recorrer cada sección una por una. Todo ocurre en el tempo Presto y dura entre dos minutos y medio y tres, así que no hay tiempo para aburrirse. Piensa en un bocadillo: un pan de entrada, un relleno distinto en el centro, otra vez el pan y, para terminar, un último bocado que se come de golpe.

Sección 1: El xilófono pisa el acelerador

Esta es la parte A, y desde el primer compás el movimiento es furioso y no admite dudas. El xilófono repite sus notas cortas sobre un ritmo de percusión muy insistente, y esa repetición es la que te hace sentir los sables girando. No hay una melodía larga que seguir, sino un dibujo breve que vuelve una y otra vez, cada vez con la misma energía. Lo que quiero es que desde el principio sepas de qué va esto: aquí se baila rápido y con los músculos tensos.

Sección 2: Un puente con prisa

El puente es el momento en que la música cambia de ánimo, y casi no te das cuenta de que lo ha hecho. La insistencia de la primera parte se afloja un poco y el color de la orquesta empieza a moverse hacia otro lado. Yo lo escribí como una puerta que se abre sin avisar, para que la sorpresa llegue antes de que tengas tiempo de esperarla. Por eso te recomiendo escucharlo con atención, aunque sea breve, porque es la bisagra de toda la pieza.

Sección 3: El saxofón se pone sentimental

Esta es la parte B, y aquí se nota el contraste más claro de toda la danza. El saxofón sale al frente con una melodía larga y ondulante, mucho más cantada que los golpes secos del principio. Debajo, el pulso no desaparece, pero se queda en segundo plano, como un corazón que sigue latiendo deprisa aunque el rostro intente aparentar calma. Es el único momento en que la danza parece mirar hacia dentro, y precisamente por eso lo que viene después suena todavía más fuerte.

Sección 4: Vuelve el torbellino

La parte A regresa tal como la conoces, y tu oído la reconoce en cuanto aparece el xilófono. Pero la escuchas distinta, porque ahora llegas con el recuerdo de la melodía del saxofón y la vuelta al frenesí se siente más intensa. El ritmo vuelve a apretar y la orquesta se lanza otra vez a esa velocidad que no deja pensar en otra cosa. Ese regreso es una de las alegrías más sencillas de la música: oír algo conocido y descubrir que te emociona más la segunda vez.

Sección 5: La coda y el portazo

La coda es el cierre, y yo quise que fuera rápido y rotundo, sin despedidas largas. La orquesta sube la tensión hasta el máximo y, cuando parece que ya no puede dar más, termina de golpe. Si estás atento, notarás que el final llega antes de que tu cuerpo termine de acompañar el movimiento, y eso forma parte de la gracia. Es la manera de decirte que la fiesta ha acabado y que ahora, si quieres, puedes volver a empezarla.

Ahora te toca a ti

Ha llegado el momento de que la escuches por tu cuenta: pulsa el play y déjate llevar por la música. Mientras suena, ten presente lo que hemos hablado: el xilófono que no frena, el saxofón que respira en el centro y ese regreso del torbellino. No hace falta que entiendas nada de música clásica, solo que te dejes arrastrar por el ritmo. Ojalá disfrutes recorriendo mi Sabre Dance tanto como yo disfruté cuando la compuse.
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Y hasta aquí llega mi guía de escucha de la Sabre Dance, esa pieza que escribí para Gayane y que acabó siendo mucho más famosa que el ballet entero. ¿Te ha gustado descubrir cómo se escucha la Sabre Dance? Si ahora la oyes con otros oídos, con el xilófono al frente y el pulso de la percusión empujando sin descanso, me doy por contento. Con los años aprendí a mirarla con cariño, aunque en 1963 la llamé un hijo revoltoso y alborotador de mi familia musical. Y es que Gayane guarda muchas más cosas por descubrir, desde danzas más suaves hasta una historia ambientada en una granja colectiva. Te invito a pulsar en los enlaces que tienes a tu alcance para seguir explorando Gayane, porque estoy seguro de que todavía te quedan muchas sorpresas por oír.