Jarana zíngara y mangazo con la Hungarian Dance No 5 de Brahms
Entre bastidores
Hungarian Dance No. 5 in F-sharp minor, WoO 1, No. 5

¡Oye, chaval, que soy Brahms al aparato y vengo a soltarte to' el salseo detrás de mi Hungarian Dance No 5 sin cortarme ni un pelo, ¿sabes?! ¡Te vas a enterar de cómo una melodía que pillé de gira con un colega violinista acabó forrándome de pasta por toa Europa, una movida súper bruta que te va a dejar loco! ¡Y ojo, tronco, que en esta web puedes probar el entrenamiento donde mis compis compositores y yo te curtimos pa' que logres reconocer nuestras obras al segundo, venga ya!
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¡De gira loca con el violín a cuestas, chaval!
¡Qué pasa, fiera, agárrate los machos que allá por los primeros años de 1850 yo me piré de bolo acompañando al piano a Ede Reményi, un violinista húngaro con un arte que te dejaba to' torcío, ¿sabes?! Aquel nota tocaba unos temazos con un duende tan flipante que yo, ni corto ni perezoso, me puse a pillar apuntes de to' ese repertorio callejero como quien guarda oro en paño, tronco. La peña por ahí bailaba con un desfase brutal y a mí me moló tantísimo el rollo que me quedé prendao de esas melodías pa' los restos, en plan obsesión máxima, bro. Así que entre 1858 y 1868 me encerré a currar en mis dos primeros libros de danzas, metiendo de la uno a la diez pa' que aquel vacile no se perdiera ni de coña, ¡venga ya!¡Cuatro manos danzando en el salón de casa, illo!
Mira, colega, que a mí no me soltó pasta ningún marqués estirado por encargo, qué va, yo armé este tinglao a cuatro manos en plan casero pa' echar las risas con mi cuadrilla de amigos. Imagínate el percal, tía: dos personas pegadas codo con codo frente a un solo piano, metiendo codazos y sudando la gota gorda pa' clavar mi Hungarian Dance No 5 sin sacarse un ojo, ¡de locos! Era el planazo dabuten pa' montar la jarana en cualquier salón aburrido, porque cuando empezábamos a darle cera a las teclas aquello parecía una taberna a las tantas de la madrugada, o sea, brutal. Y como veía que el invento petaba mazo, en 1872 me saqué de la manga la versión pa' un solo pianista, aunque el que se atrevía a tocarla acababa con los dedos echaos polvo, te lo juro.¡El patinazo épico con el temazo de Kéler, bro!
A ver, te suelto el salseo más tocho de to' este pastel: yo juraba por mis barbas que la melodía principal de mi número cinco era una copla popular anónima de toda la vida, ¿me pillas? ¡Pues menudo gambazo, chaval, porque resulta que aquel csárdás tan guay lo había parido un director y compositor húngaro vivito y coleando que se llamaba Béla Kéler, toma jeroma! El hombre lo había bautizado como Bártfai emlék, que viene a ser recuerdos de Bártfa, y yo ahí, to' feliz de la vida, fusilando su creación pensando que era folclore libre de impuestos, ¡qué patinazo! Cuando me enteré de la movida me quedé a cuadros, en plan tierra trágame, pero el ritmo tenía tanto veneno que ya cualquiera lo paraba, ¿sabes lo que te digo, máquina?¡Acusaciones de robo y salseo del bueno, tronco!
¡Buah, no veas la que se lió, quillo, porque tanto mi antiguo compi Ede Reményi como el propio Béla Kéler se pusieron flamencos en público acusándome de haberles mangao las notas por toda la cara! Todavía hoy la basca se raya discutiendo si yo sabía de antemano que esos temas tenían dueño vivo o si fui un pardillo total, ¡el culebrón de la época, vamos, pa' pillar palomitas! Menos mal que mi editor N. Simrock y yo salimos al paso rapidito pa' dejar cristalino que mis veintiuna danzas salían solo como arreglos, sin número de opus ni na', catalogadas como WoO 1. Con ese capote legal les cerramos el pico a los haters, dejando claro que yo solo había tuneao la música con mi propio flow, sin dármelas de autor original, ¡faltaría más, tío!¡Estreno a fuego lento con mi amiga Clara, tía!
Antes de que se armara to' ese barullo en los papeles, el uno de noviembre de 1868 me planté en la Haus Beaulieu de Oldenburg pa' soltar la bomba por primera vez ante el público, ¡qué nervios, chaval! Y no me subí al escenario con un mindundi cualquiera, ni de broma: me llevé de pareja al piano a cuatro manos a la grandísima Clara Schumann, que era una crack absoluta de las teclas, o sea, nivel dios. Nos marcamos del tirón de la danza uno a la diez y dejamos el garito patas arriba, con la peña dando palmas hasta quedarse sin pellejo en los dedos del subidón tan bestia. Aquella noche fue la leche en bote, tronco, porque entre la química que teníamos Clara y yo y el ritmazo gitano, aquello echaba más chispas que una fragua a to' meter.¡A forrarse de billetes en Berlín y Viena, máquina!
Pues nada, viendo el exitazo, en marzo de 1869 mi colega N. Simrock sacó a la calle en Berlín el primer libro de las Ungarische Tänze, cerrando con mi Hungarian Dance No 5 como broche de oro. ¡Flipas en colores con lo que pasó después, bro: las partituras volaban de las tiendas por toda Europa como churros calentitos y aquello se convirtió en mi curro más rentable con diferencia! Justo por esos años finales de los sesenta yo me estaba mudando de forma definitiva a Viena, después de haberlo petao a lo grande en 1868 con el estreno de mi Ein deutsches Requiem, ¿sabes? Así que imagínate el cambio de tercio, illo: pasé de andar mirando cada moneda a nadar en pasta gansa gracias a este pelotazo, ¡me solucionó el alquiler y las cañas pa' siempre!¡El cambiazo de la orquesta que yo ni toqué, colega!
Oye, que te veo venir y seguro que tú has escuchao esta pieza sonando con cien violines y trompetas a tope, pero que te entre en la mollera que esa orquestación no la hice yo, ¡anda ya! De mis veintiuna danzas yo solo pasé a orquesta la uno, la tres y la diez, así que de la cinco me lavé las manos en plan vago total porque ya tenía bastante lío en el chiringuito. Los que se curraron las versiones orquestales que flipan a todo el mundo fueron Albert Parlow y Martin Schmeling, dos notas que pillaron mi partitura de piano y la vistieron de gala, tío. Además, como mi tono original de fa sostenido menor era un marrón muy chungo pa' los violines de la banda, estos fieras lo cambiaron a sol menor pa' que sonara limpio y sin chirridos, ¡qué listos!¡Montaña rusa de ritmos pa' volverse majara, quillo!
A ver cómo te explico yo la estructura sin darte la chapa académica: esto va en tres cachos, un esquema ABA en compás de dos por cuatro que te mete un meneo en el cuerpo que no es ni medio normal. Arrancas hundido en el barro del modo menor con una pasión que corta el hipo, luego te vas de jarana luminosa al modo mayor en el centro y al final vuelves al dramón del principio pa' rematar la faena, bro. Encima le planté indicaciones de poco più largo seguidas de in tempo cada dos por tres, pa' que el intérprete afloje y acelere cuando le dé la real gana, en plan conductor temerario total. Si intentas llevar el compás dando golpecitos con el pie te vas a hacer un esguince de tobillo fijo, chaval, porque este vaivén está pensao pa' marear a cualquiera y dejarte con el corazón a mil.¡De mis barbas al bigotito de Chaplin en el cine, tío!
Y agárrate, que décadas después de que yo criara malvas, en 1940 vino el genio de Charlie Chaplin y metió la versión de orquesta en su película The Great Dictator, ¡menudo puntazo más random, tronco! El tío se grabó una escena entera del tirón, sin cortes ni trampas, afeitando a un cliente en una barbería al ritmo exacto de mis tirones musicales, ¡jugándose el pescuezo del nota con la navaja! Cuando mi música se pone en modo Vivace, el colega le pasa la brocha y el acero a toda mecha, y cuando frena en seco, él se queda clavao en el sitio como una estatua, ¡me parto de la risa, te lo juro! Si a mí me cuentan en el siglo diecinueve que mi arreglo iba a servir pa' apurarle las patillas a un señor en la gran pantalla, me habría caído de espaldas al suelo del shock, ¡qué barbaridad!¡Una última ronda por las tres únicas mías de verdad, fiera!
Para ir cerrando el garito, que sepas que de toda mi colección de veintiún temazos húngaros, las únicas melodías que salieron cien por cien de mi propia cocorota fueron la once, la catorce y la dieciséis, ¿cómo te quedas? Pero me importa un pimiento que la cinco viniera del repertorio de otro, colega, porque el aliño picante, los acordes salvajes y la mala leche que le inyecté llevan mi sello personal de arriba abajo. Al final del día, este arreglo sin número de opus acabó comiéndose con patatas a obras mías mucho más sesudas, demostrando que a la basca lo que le mola de verdad es un buen desfase rítmico. Así que la próxima vez que escuches esos violines arrancando como alma que lleva el diablo, acuérdate de este barbudo echando chispas al piano con sus colegas y tómate algo a mi salud, ¡nos vemos, crack!---
¡Bueno, qué me dices, titán, ¿te ha molao mazo pillar to' el salseo y las movidas que hay detrás de mi Hungarian Dance No 5 o te has quedao to' muñeco con el culebrón, eh?! ¡Pues ni se te ocurra pirarte todavía, tronco, que este temazo esconde aún un buen puñao de secretos brutales y detalles de locos pa' seguir bicheando a fuego, ¿sabes?! ¡Venga, no te me duermas en los laureles, quillo, y dale caña pinchando en los enlaces que tienes por aquí pa' petarlo del to' con mi Hungarian Dance No 5, que está dabuten!
