Ninfa flechera petándolo con Sylvia de Delibes
Entre bastidores

Sylvia, ou La nymphe de Diane, ballet in three acts (1876)

Delibes cuenta lo que hay entre bastidores de Sylvia
¡Mira, tío, que soy Léo Delibes y esto es la movida de cómo nació mi Sylvia, tronco! Vas a flipar con lo que pasó en el estreno de 1876 en la Ópera de París, que la peña se lo tomó regulera y con opiniones pa' to' los gustos, ¡de locos! Pa' postre, mis colegas de profesión y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras piezas nada más sonar, así que lánzate y  échale un tiro al entrenamiento , ¡venga!
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Ni ópera ni leches, es un ballet

¡Mazo de gente me lo suelta, tronco, que si mi Sylvia es una ópera, y qué va, anda ya! Es un ballet de tres actos, o sea, aquí nadie canta ni pa' dar los buenos días, solo piruetas y orquesta, ¿sabes? Se llama Sylvia, ou La nymphe de Diane, que suena a nombre de perfume chungo de duty free, pero tú no te rayes. Pues nada, que esto va de una ninfa cazadora con muy mala leche y un lío de flechas que ya te iré soltando a cuentagotas, ¡no te me pires!

Mi currículum, que no es moco de pavo

Yo nací el 21 de febrero de 1836 y me piré de este mundo el 16 de enero de 1891, flipa con las fechas, colega. De chaval me eduqué en el Conservatorio de París con Adolphe Adam, el crack que escribió Giselle, ¡casi ná! O sea, que tuve profe de los gordos, tío, de los que te dan collejas con partitura y todo. Imagínate el rollo: tú aprendiendo con el máquina de Giselle, y yo con los nervios a tope, ¡de locos!

De pinche de coros a rey del tutú

Antes de petarlo yo curraba de maestro de coro en la Ópera de París, que es ser el que manda callar a la peña cantarina, ¡menudo marrón! En 1870 estrené Coppélia, otro ballet mío, y la movida salió guay, ¿eh?, que no todo iba a ser sudar tinta. Luego, ya en 1881, me hicieron profesor de composición en el Conservatorio, pa' que veas cómo cambia la peña de opinión, ¡brutal! Y fíjate que en 1883 todavía me dio por sacar la ópera Lakmé en la Opéra-Comique, porque yo no paraba quieto ni pa' un bocata, tronco.

La noche del estreno, con nervios de punta

¡Madre mía, el 14 de junio de 1876, colega!, en la Ópera de París, en el Palais Garnier, que es un teatro tan chulo que flipas en colores. La coreografía era de Louis Mérante, un tío que además bailaba de Aminta, o sea, currando doble, ¡qué fiera! A Sylvia la bailó Rita Sangalli, y ojo, que la tía tenía que hacer de ninfa implacable sin despeinarse, ¡mazo de presión! Yo, mientras, hecho un flan entre bambalinas, mordiéndome las uñas, pensando: «¿esto va a molar o me tiran tomates?».

La historia viene de un librote antiguo

El libreto lo firmaron Jules Barbier y el barón de Reinach, que sonaba a bufete de abogados de peli, pero qué va, eran los de las ideas. Se inspiraron en Aminta, una obra pastoril de Torquato Tasso, un fulano de mucho antes, ¿sabes?, de los que escribían con pluma y mala baba. O sea, que Sylvia no salió de la nada, tiene su pedigrí de buena familia, tipo apellido compuesto, ¡qué fino! Eso sí, lo que hace la gente en ese bosque es de rayarse bien, pero yo ahí me callo, que no te quiero chafar el final, ¡venga ya!

El reparto de personajes, un cotarro

Tienes a Sylvia, una ninfa cazadora que va a muerte con la diosa Diana, y vamos, no se anda con tonterías, ¡qué carácter, hostia! Luego a Aminta, un pastor majete que se mete donde no lo llaman, pues nada, el típico que pilla el marrón por curioso. Aparece también Orión, un cazador de muy mal rollo que se lleva a Sylvia a rastras, ¡chungo total, tronco! Y por si fuera poco, Eros, el dios del amor, que anda por ahí con ganas de bronca y su carcaj, ¡se va a liar parda, te lo juro!

El público: ni fú ni fa

Y ahora la mala noticia, colega: Sylvia no petó de golpe, qué va, la cosa fue de más o menos, tirando a tibia. La reacción fue mixta, o sea, unos aplaudían y otros ponían cara de «pues vale», mazo de dudas en el patio de butacas. Los críticos, pues nada, depende de a quién le preguntes: unos la ven fría y otros la ven cálida, y nadie lo tiene claro, ¿eh? Pero ya ves, con el tiempo la movida se enderezó, que lo bueno a veces tarda en cuajar, ¡anda que no!

Tchaikovsky me echa un piropazo

En 1877 llegó Tchaikovsky, sí, el de los ballets, y soltó que era el primer ballet donde la música no es solo lo principal, sino lo único interesante, ¡flipa con el piropo! Ojo, que eso suena a «los bailarines que se vayan a tomar viento», pero tú tranquilo, que era buen rollo, tío. Dicen por ahí que añadió que no habría escrito El lago de los cisnes de haber conocido mi Sylvia, pero eso nadie lo sabe seguro, se cuenta de mil maneras. Así que si es leyenda o no, me da igual, yo me quedo con la parte guay y me la tatúo, ¡de locos!

La orquesta, un montón de trastos

La partitura pide orquesta completa, con maderas, metales, percusión, arpa y cuerdas, o sea, el pack completo, colega, ¡a lo grande! La editó Heugel en París, que suena a marca de queso pero es de los que imprimían partituras, ¿sabes? En 1880 saqué una suite de cuatro números pa' tocarla en concierto sin bailarines, porque no todo el mundo tiene un escenario de ballet en el salón. Y esos cuatro números son Prélude - Les chasseresses, Intermezzo et Valse lente, Pizzicati y Cortège de Bacchus, ¡un cuarteto de lujo, brutal!

Una Sylvia de postín en Londres

Casi ochenta años después, el 3 de septiembre de 1952, Frederick Ashton montó una Sylvia nueva pa' el Royal Ballet en la Royal Opera House, ¡la leche! Bailaron Margot Fonteyn y Michael Somes, dos máquinas del baile, o sea, imagínate el nivelazo. Mi ballet, que arrancó con pasito tímido, acabó volviendo a lo grande, tipo gato que cae de pie, ¿no te mola? ¿Y cómo termina la cosa entre una ninfa terca, un pastor flechado y un cazador cabreao? Ni de coña te lo cuento, tronco, ¡a escuchar toca!
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¡Hostia, qué pasada de viaje, peña! ¿Te ha molao descubrir el trasfondo de mi Sylvia o qué, tronco? Un ballet de tres actos con ninfa flechera, pastor con la pupa y un cazador de mala uva, ¡menudo culebrón, illo! Y ojo, que al principio la cosa fue tirando a regulera, ni pelotazo ni nada, pero mira cómo la tenemos hoy, ¡de locos! Hasta Tchaikovsky, en 1877, soltó que era el primer ballet donde la música lo era to', ¡flipa, colega! Pues nada, que esto no se acaba aquí, quillo, que de mi Sylvia aún queda mazo de rollo por destripar. Hay más movidas por pillar, más truquis pa' que el oído se te afine y más piezas pa' dejarte flipao. Así que venga, dale clic a los enlaces de por aquí y sigue cotilleando, ¡no te me quedes empanao! Yo te espero al otro lado con la orquesta calentita, ¡y a ver quién se raya primero, crack!