Ninfas y flechazos en Sylvia de Delibes
Entre bastidores
Sylvia, ou La nymphe de Diane, ballet in three acts (1876)

Me llamo Léo Delibes y te abro la puerta a la historia que hay detrás de mi ballet Sylvia. Vas a saber por qué una ninfa cazadora se atreve a burlarse de Eros, el dios del amor, y cómo le sale el tiro, algo que da sentido a toda la música. En esta página, además, mis colegas de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras nada más oírlas, así que anímate a hacer una prueba cuando quieras.
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Una ópera que no es ópera
Antes que nada aclaro un malentendido: Sylvia no es una ópera, aunque a veces la etiqueten así. Es un ballet en tres actos, o sea, una historia contada solo con baile y música, sin que nadie se ponga a cantar. Su título completo es Sylvia, ou La nymphe de Diane, que suena a perfume caro y en realidad anuncia un cuento de bosque. Lo estrené en 1876, y ahora te cuento cómo se llegó hasta ahí.Un alumno de quien escribió Giselle
Nací en 1836 y de joven estudié en el Conservatorio de París con Adolphe Adam. Adam es el autor de Giselle, así que se puede decir que el ballet me llegó como herencia de mi maestro. De él aprendí que la música de danza tiene que invitar a mover los pies antes de que uno se dé cuenta. Esa lección me acompañó toda la vida, que terminó en 1891.Entre bastidores del Opéra
Antes de firmar partituras grandes trabajé como maestro de coro en la Ópera de París. Es un puesto que no sale en el cartel, pero enseña cómo respira un teatro por dentro. En 1870 estrené Coppélia, otro ballet, de modo que cuando llegó Sylvia yo ya sabía qué se siente al ver bailar mi música. Años después, en 1881, me nombraron profesor de composición del Conservatorio, y pasé a corregir los ejercicios de otros.Un argumento con pedigrí
El libreto lo escribieron Jules Barbier y el barón de Reinach. Se inspiraron en Aminta, una obra pastoral de Torquato Tasso, que es como decir una historia de pastores y ninfas de las de toda la vida. En el género pastoral todo ocurre entre campos y bosques, y la gente parece tener muchísimo tiempo libre. Yo me limité a ponerle música a ese mundo, y del argumento no te cuento más por ahora.Cuatro personajes y una intriga
Tengo a Sylvia, una ninfa cazadora que vive entregada a la diosa Diana. Tengo también a Aminta, un pastor, y a Orion, un cazador con intenciones poco recomendables. Y por encima de todos anda Eros, el dios del amor, que rara vez se queda con los brazos cruzados. Con esos cuatro reunidos ya puedes sospechar que habrá lío, pero cómo se resuelve te lo dejo en suspenso.La noche del Palais Garnier
El estreno fue el 14 de junio de 1876 en la Ópera de París, en el Palais Garnier. La coreografía era de Louis Mérante, que además bailó el papel de Aminta. Rita Sangalli fue la primera Sylvia y Louise Marquet interpretó a Diana. Yo viví aquella noche con los nervios de cualquier compositor, y creo que no hace falta que te explique más.Un aplauso con matices
Te lo digo con franqueza: al principio el éxito fue moderado, y no la lluvia de ovaciones que alguien podría imaginar. Las fuentes no se ponen de acuerdo sobre si los críticos se mostraron fríos o entusiastas, así que prefiero no jurar nada. Es lo que tienen los estrenos: el público decide esa noche y el tiempo se encarga de revisar la sentencia. En el caso de Sylvia, la revisión me fue bastante favorable.Un admirador llegado de Rusia
En 1877 Tchaikovsky dijo que era el primer ballet en el que la música no solo es lo principal, sino lo único interesante. Dicho así parece un piropo con espinas para los coreógrafos, y yo prefiero quedarme con la parte que me toca. Cuenta la historia que añadió que no habría escrito Swan Lake de haber conocido antes mi ballet. Nadie sabe con certeza si lo dijo con esas palabras, pero me gusta que la anécdota siga circulando.Una orquesta con todos los colores
Escribí la partitura para orquesta completa, con maderas, metales, percusión, arpa y cuerdas. El arpa aporta un brillo que me parecía imprescindible en una historia llena de ninfas. La partitura la publicó Heugel en París. En 1880 se extrajo de ella una suite orquestal de cuatro números, y gracias a ella esta música se escucha también lejos del escenario.Una Sylvia para otro siglo
El tiempo me trató bien: el 3 de septiembre de 1952 Frederick Ashton presentó en la Royal Opera House una nueva Sylvia para el Royal Ballet. La bailaron Margot Fonteyn y Michael Somes, lo cual demuestra que a mi ninfa nunca le faltaron buenos pies. Así que aquel ballet de reacciones tibias acabó teniendo una vida larga y muy bien acompañada. Si te ha picado la curiosidad por saber cómo termina todo, escucha la música, que cuenta lo que pasa mejor que yo.---
Y con esto cierro la historia de cómo nació mi Sylvia. ¿Te ha gustado conocer lo que hay detrás de esta música? Cuando la estrené en 1876, las opiniones estuvieron bastante divididas, y a mí me consuela pensar que una obra no siempre encuentra su sitio el primer día. Un año después, en 1877, Tchaikovsky dijo que era el primer ballet en el que la música lo era todo, y para mí aquellas palabras valieron más que cualquier aplauso. Con el tiempo otros artistas han vuelto a esta historia de la ninfa de Diana, y en 1952 Frederick Ashton creó una nueva Sylvia para el Royal Ballet. Eso me hace pensar que el cuento del bosque, del amor y de la diosa que se acuerda de su propio pasado sigue teniendo algo que decir. Todavía quedan muchos rincones de Sylvia por explorar, desde los personajes hasta las otras páginas de la partitura que no hemos escuchado juntos. Si te ha quedado curiosidad, haz clic en los enlaces que tienes a continuación y sigue descubriendo mi Sylvia a tu ritmo. Yo me quedo contento si, al terminar, te llevas contigo aunque sea una de esas melodías.
